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Revista PDF Muy Historia Abril 2016

Muy Historia – Abril 2016

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SUMARIO
En /a vivienda y en el vestir, los excesos de /a no-bleza del siglo XVI contrastaban con la precaria situación de las clases más humildes. Pág. 86

EDITORIAL “No ames lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser”, Miguel de Cervantes Saavedra A1 parecer, Cervantes no apuntaba maneras de genio. De orígenes humildes y escasa formación, ejerció muchos oficios antes de aceptar que dedicarse a escribir constituía su única salida económica. Su trayectoria vital fue larga y variada: trató de emigrar a las Américas, fue soldado y ‘resultó herido al partici-par en una hazaña bélica española de renombre (Lepanto), donde sin embargo no quedó en los anales corno un héroe, vivió cinco años secuestrado por piratas ber-beriscos, recaudó impuestos y estuvo dos veces preso por presuntas corruptelas…, ¡hasta dicen que ejerció de espía para Felipe II/ Pero cuando por fin logró algo extraordinario, no se conformó con poca cosa: escribió la obra más excelsa publicada en lengua española. Y la mejor carta de pre-sentación de nuestro país en todo el mundo. Ahora que andamos a vueltas con la marca España, la primera y mejor pica en Flandes la pusimos hace ya más de 400 años en aquel lugar de La Mancha de cuyo nombre ni podemos ni queremos acordarnos. Porque eso es lo de menos. Lo más importante es que Cervantes supo describir los afanes, los ocios y los vicios de la vida en aquella nación en la que no se ponía el Sol, pero tampoco revertía en el pueblo ni uno solo de los maravedíes que producía el oro de ultramar. Esa nación tan nuestra y tan reconocible.
Aunque las rivalidades li-terarias fueron muy co-munes entre los autores de/ Siglo de Oro, su ta-lento encendería la luz de una época dorada en la literatura española. A la izq., recreación del despacho de Lope de Vega. Pág. 74
Felipe II fundó el mo-nasterio de San Loren-zo de El Escorial (aba-jo)para conmemorar la victoria contra su eter-no enemigo, Francia, en la batalla de San Quinten (1557). Pág. 51
Pahna Laginda Directora ogiagtinifia@g)rfes) En rwitter: Ipiagunifia
ABRIL 2016 EN ESTE NÚMERO:
Presentación: Cervantes, el hombre y su tiempo PÁG.4
Cuando Shakespeare encontró a Don Miguel PÁG.12
Los tercios invencibles PÁG.18
Vida cotidiana en la Villa y Corte
PÁG. 26
La aventura americana PÁG. 34
Visual: En un lugar de La Mancha PÁG. 42
DOSSIER Un marco imperial para la vida de Cervantes De Carlos V a Felipe III (1547-1616) PÁG. 51
Inquisición y Leyenda Negra en la España cervantina PÁG. 68
La Edad de Oro de las letras
PÁG. 74
La gastronomía del Imperio PÁG. 80 Vivienda y vestimenta en tiempos de Cervantes PÁG. 86
SECCIONES
Entrevista: José Manuel Lucía
Curiosidades Guía de lugares Panorama Próximo número
PÁG. 8 PÁG. 24 PÁG. 92 PÁG. 94 PÁG. 98
FOTO DE DE PORTADA: ALBUM
MUY HISTORIA 3
HOY NADIE DUDA DE LA GENIALIDAD DE CER-VANTES; Y NO SÓLO POR SU LITERATURA SUPER-LATIVA, SINO TAMBIÉN PORQUE EL POSO QUE DEJA SU OBRA PROVIENE DE SU CAPACIDAD ARA CONTARNOS SUCESOS DE LOS QUE FUE – 4 CONTEMPORÁNEO. 1 ” Por José Calvo Poyato, doctor en Historia
como recaudador, Cervantes tuvo que re-
, correr a menudo el camino entre Andalu-, cía y Madrid, lo que facilitó que conociera bien los paisajes manchegos que sirvie-ron como escenario para su obra magna sk’N, 14. (en la foto, molinos de Consuegra con las 1. 1111101, figuras del Quijote y Sancho Panza).
ALAMWAGE
onocemos cuál era el aspecto físico de Miguel de Cervan-tes a avanzada edad gracias a la descripción que hace de su propia persona en el pró-logo de las Novelas Ejem-plares: “Este que veis aqui, de rostro aguile-ño, de cabello castaño, frente lisa y desem-barazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro; los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y esos mal acondicionados, y peor puestos porque no tienen correspon-dencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies”. Así se ve Cervantes a sí mismo en 1612, cuando tie-ne 65 años y se encuentra próximo al final. NO LLEGÓ A PERDER EL BRAZO. El retrato que se conserva en la Real Academia de la Historia, atribuido a Juan de Jáuregui -algo más joven que el autor del Quijote-, ofrece garantías de ser una imagen fiel del escritor. Lo retrató con gorguera, muy ple-gada y almidonada, al gusto de la época, con barba encanecida y puntiaguda, y rostro alargado, propio de un hidalgo. Sabemos también que, desde una fecha relativamente temprana en su vida -tenía 25 años cuando, a bordo de La Marquesa,peleó en Lepanto-, fue un tullido con el brazo izquierdo para-lizado a causa de las heridas que recibió en aquella memorable ocasión. El destrozo no fue tan grave comop ara impedirle seguir sirviendo como soldado durante los años siguientes en una compañía del tercio de Loe de Figueroa, hasta que la galera en la que regresaba a España fue apresada por los berberiscos y él conducido cautivo a Argel. El apodo de “manco de Lepanto” no respon-de estrictamente a la verdad porque nunca perdió el brazo izquierdo. Se ha especulado con la posibilidad de que su familia fuera conversa, aunque no se ha demostrado. upadre, Rodrigo de Cer-vantes, que ejerció de ci-rujano, era hijo de Juan de Cervantes, hombre de cier-ta relevancia en Córdoba, donde desempeñó diver sos oficiospúblicos, entre ellos el de alcalde mayor en algunas localidadesperte-necientes a los duques de Sessa. Esas raíces cordo-besas llevaron al padre del autor del Quijote a recalar en Córdoba cuando Mi-guel contaba pocos años de edad. Posiblemente acudió
al colegio que los jesuitas habían abierto en la ciudad y del que debió de conservar un grato recuerdo, según se deduce de la buena opi-nión que tiene de los padres de la Compañía reflejada en El coloquio de los perros, una de las Novelas Ejemplares, cuando Berganza afirma: “Luego recibí gusto de ver el amor, el término, la solicitud y la industria con que aquellos benditos padres y maestros enseña-ban a aquellos niños”. Su apresamiento en aguas mediterrá-neas y los cinco años que duró su cautive-rio en Argel, hasta que los frailes trinitarios lograron pagar los 500 escudos de oro -una cifra muy elevada- que pedían por su resca-te, nos ponen en contacto con una realidad frecuente en la época: las incursiones ber-beriscas por aguas próximas a la Península y sus desembarcos en las zonas costeras pa-ra pedir rescate por aquellos que lograban apresar. Las expediciones para conseguir cautivos, como un lucrativo negocio, tam-bién eran practicadas por los españoles en las costas de Berbería. El regreso de Cervantes a España, en 1580, abre una nueva etapa de su vida que lo llevará a publicar su primera obra de en-tidad: una novela pastoril titulada. La Ga-latea, siguiendo los principios establecidos por Jorge de Montemayor para este género, que no parecía a Cervantes el de más mérito literario porque los pastores no viven en la Arcadia feliz nip asan la vida holgando en los bosques, solazándose, cantando y tocando instrumentos musicales. Calificará a las no-velas pastoriles -la asna, Montemayor es una excepción- como “máquinas de en-redos” y en su rechazo llegará a mostrar sus preferencias por los caballeros andantes, de los que abominará en el Quia ote.
EL ENEMIGO INGLES. El escritor vio frustrado su deseo de pasar a las Indias, como intentaron muchos de sus contem-poráneos, para ocupar un cargo en la ad-ministración colonial. Lo que sí consiguió fue un puesto de comisario para recaudar recursos con destino a la Gran Armada. La lucha con los ingleses fue otra de las reali-dades que marcaron la vi-da de muchos de sus con-temporáneos. En otra de sus Novelas Ejemplares, La española inglesa, con, tará la historia de Isabela, raptada por los ingleses en el saqueo de Cádiz en 1596, y sus amores con un católico inglés que había de mantener ocultas sus creencias religiosas ante la persecución que sufrían los llamados papistas en la Inglaterra anglicana.
ENTRE LAS COSTAS DE BERBERÍA Y ES-PAÑA SE PRACTICA-BA UNA PIRATERÍA DE IDA Y VUELTA, COMO CERVANTES SUFRIÓ EN SUS PROPIAS CARNES
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