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Libro PDF No sonrías que me enamoro Blue Jeans

No sonrías que me enamoro - Blue Jeans

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y otros padres! ¡Adoptada!
Aquel comentario enfurece todavía
más a la chica. Marina resopla, se
impulsa y empuja la puerta con todas sus
fuerzas. El chico aparta el pie, pero no la
mano, que queda atrapada en medio. El
alarido de dolor es ensordecedor.
Asustada, la muchacha abre rápidamente.
—¿Qué pasa con vosotros?
Una mujer alta y morena acude,
sacudiéndose las manos en un delantal de
florecillas, alarmada por el alboroto y los
gritos. Carmen percibe en seguida la
hinchazón en la mano izquierda de Daniel,
que, muy dolorido, la sostiene como
puede. Le tiemblan los dedos.
—Lo… siento. Estaba…
molestándome.
—¡Me duele!
—Pero ¿vosotros queréis acabar
conmigo? —pregunta la mujer al tiempo
que agarra con cuidado la mano del chico
—. ¿Qué ha pasado? ¿Cómo te has hecho
esto?—
¡Me ha dado con la puerta!
—¿Qué?
—Ha… sido sin querer —señala
Marina, que se ha puesto blanca.
—¡Mentira! ¡Lo has hecho a
propósito!
—De verdad… ya no puedo con
vosotros.
—¡Yo no he hecho nada! ¡Ha sido la
adoptada!
—¡No llames así a tu hermana!
—¿Por qué? ¡Si lo es!
Carmen mueve la cabeza
negativamente. La tensión entre sus hijos
va creciendo conforme se hacen mayores.
Aunque nunca habría podido imaginar que
la situación llegaría hasta ese punto. No
se soportan. O, para ser exactos, Daniel
no soporta a Marina. Y desde hace un
tiempo, Marina tampoco aguanta ni a
Daniel ni sus constantes faltas de respeto.
—Tenemos que ir al médico a que te
miren esto.
—No pienso ir al médico.
—¡Claro que vas a ir! ¡Se te está
poniendo muy feo!
—¡Dios! ¡Todo por culpa de la
gilipollas esta!
—¡Daniel! ¡Basta ya! ¡No insultes a tu
hermana!
—¡No tendrías que haber nacido!
—¡Daniel!
A Marina aquello le duele en lo más
profundo del corazón. Sin embargo, no es
capaz de reaccionar. Se sienta en la cama
con los ojos rojos, llorosos, pero no dice
nada. Cruza los brazos y mira hacia abajo.
No puede más.
Los insultos de su hermano continúan,
y también los gritos de su madre para que
se calle. ¿Qué culpa tiene ella de que sus
verdaderos padres no la quisieran? Nadie
la quiere. Se siente una total
incomprendida.
Ha hecho todo lo posible por
sobrevivir. Por estar bien. Todo lo
posible. Todo. Pero…
—¡Estúpida adoptada! ¡Mira cómo
tengo la mano por tu culpa!
—¡O dejas de hablarle así a tu
hermana o…!
Sin poder soportarlo más, Marina se
levanta de la cama y se dirige corriendo
hacia el balcón de su habitación. Está
cerrado. Pero en esos instantes no le
importa. Se lanza contra él y hace añicos
el fino cristal que la separa del abismo.
La escena parece sacada de una película,
sin embargo está ocurriendo de verdad.
Su cuerpo vuela hasta aterrizar en la acera
de la calle en la que vive, bajo la mirada
aterrada de la mujer que un día aceptó que
aquella pequeña rubia de ojos verdes
fuera su hija.
JUEVES
Capítulo 1
—¿ME das un beso?
—¿Dónde?
—Sorpréndeme.
Raúl sonríe, le aparta el pelo y se
inclina sobre Valeria para acercar los
labios a su cuello. Suavemente, los posa
sobre su piel y le regala el deseado beso.
—¿Qué tal? —pregunta tras echarse
hacia atrás y mirándola a los ojos.
—Bueno. No ha estado mal. Pero…
—Pero ¿qué?
—Los he recibido mejores.
—¿Ah, sí?
—Sí.
—¿Mucho mejores?
—Mmm. Sí… definitivamente, sí.
El joven frunce el ceño y se pone
serio. Un reto. Le gustan los retos. Vuelve
a aproximarse a su novia y en esta ocasión
elige su boca. Sin rodeos. Mezcla lo dulce
y lo intenso. Valeria apenas respira,
cierra los ojos y se deja llevar. Durante
varios segundos, más de un minuto. Hasta
que, exhausta, se despega de su chico y
resopla.
—¿Y ahora? ¿Mejor?
—Guau.
—Eso significa que te ha gustado,
¿no?
—Has acertado.
—¿Top diez?
—Mmm. Top diez.
—¿Sí?
—Creo que sí.
—Vaya, tiene que haber sido muy
bueno para que lo reconozcas.
—¿Por qué dices eso?
—Por nada. Pero es que te cuesta
admitir que yo tengo razón.
—¡No es verdad!
—Sí que lo es.
—¿Me estás llamando cabezota?
—Todos lo somos, ¿no?
Valeria chasquea la lengua pero
termina sonriendo. Después, le da un
pequeño beso en los labios.
—Te mereces un premio por ese beso
top diez —afirma divertida.
Y con el dedo le golpea suavemente la
nariz. Se levanta del sofá en el que están
sentados y camina hacia la cocina. Raúl la
observa con curiosidad. ¿Qué se propone?
La quiere. Cada vez más. A pesar
de… Sí, la quiere mucho.
Durante los cuatro meses y pico que
llevan juntos han pasado momentos de
todo tipo. Altibajos, euforias, crisis…
Incluso han estado a punto de dejarlo un
par de veces. En cambio, la relación sigue
adelante y cada día supone un pasito más.
Una experiencia nueva. Sin embargo, no
todo es lo que parece.
—¿Qué haces con el delantal puesto?
—le pregunta extrañado cuando Valeria
aparece de nuevo—. ¿Y con ese cuenco?
—Te voy a preparar una tarta.
—Pero si tú no sabes hacer tartas.
—¿Cómo que no? Ja. Qué poquita
confianza tienes en mí.
—No es que no tenga confianza. Es
que…P ero Valeria ya no quiere continuar
escuchando. Se vuelve simulando que se
ha enfadado y regresa a la cocina a toda
velocidad, pisando con fuerza para
hacerse oír.
¿Cuántas veces la ha visto hacer lo
mismo? Le divierten esos prontos unas
veces más reales y otras más fingidos. Se
le enrojecen las mejillas, que le recuerdan
a aquella joven tímida que conoció hace
un tiempo, aquella pequeña de catorce
años que era incapaz de dirigirle la
palabra, que se retorcía incómoda cuando
la buscaba con la mirada. Cómo han
cambiado las cosas. Ahora es la chica que
lo hace sentir, la persona con quien
comparte sus risas y sus miedos. La que lo
saca de quicio, pero por quien lo daría
todo. Es la única con quien ha tenido sexo
y la que lo hace suspirar de día y de
noche. La musa que tanto añoraba y que
hasta aquel momento no había aparecido.
Raúl se levanta del sofá y se dirige
también a la cocina. Valeria sostiene un
libro de recetas entre las manos.
—¿Te apetece que sea de chocolate?
—le pregunta cuando lo ve—. Mi madre
tiene aquí el que utiliza para hacer
pasteles en la cafetería.
—Vale. Bien.
—No, dime, dime. ¿De qué la
quieres? Puedo hacértela de más cosas.
—De chocolate es perfecto.
—Genial —dice muy decidida—. A
ver… ¿Por dónde empiezo?
Raúl se acerca a ella y le pone su
BlackBerry en la mano.
—¿Y si llamas a la confitería?
—¡Tonto! —exclama, y le devuelve el
smartphone—. Voy a hacer una tarta de
chocolate casera. Yo sola. Y será… ¡la
mejor tarta de chocolate que hayas
probado jamás!
El joven se encoge de hombros y se
sienta sobre la pequeña encimera de la
cocina. Contempla a Valeria verter en el
cuenco leche, azúcar, chocolate y
mantequilla y mezclarlo con una cuchara
de madera. Luego, lo pone todo en una
cazuela a fuego lento y comienza a
removerlo.
—No lo haces nada mal.
—Claro que no. ¡Qué te pensabas!
—Bueno, sólo es el principio. No te
confíes. Aún te queda mucho para que eso
parezca una tarta.
—Paso a paso. Aquí dice que se tarda
una hora en hacerla.
—Una hora… Uff.
—Sí. Tú puedes irte a hacer otra cosa
mientras yo me ocupo de esto. ¿Hoy no
hay rodaje?
—Sí, pero a las siete.
—Puedes dar una vuelta y, cuando
vuelvas, tendrás preparado un riquísimo
pastel de chocolate.
—¿No quieres que te ayude?
—No —responde Valeria muy seria
—. Ya te he dicho que esto es cosa mía.
Vas a chuparte los dedos cuando esté
hecha.
—Ya lo veremos.
Y sonríe. Se baja de la encimera de un
saltito. La envuelve entre sus brazos
mientras la chica trata de controlar con la
cuchara la masa que se está formando. La
besa dulcemente en los labios, pero
Valeria no tarda en zafarse.
—¡Vete ya! ¡Si se estropea será por tu
culpa!—
Ya me voy, ya me voy.
El olor a chocolate empieza a
impregnar toda la cocina. Es una fragancia

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