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Nunca hubo otra opción – Mi única opción eres tú 2 – Chris M. Navarro

Nunca hubo otra opción - Mi única opción eres tú 2  – Chris M. Navarro

Nunca hubo otra opción – Mi única opción eres tú 2 – Chris M. Navarro

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Resumen y Sinopsis De 

y solo veo un número, lo que quiere decir que si no lo tengo guardado en mi agenda es porque no es importante, así que…
Intento seguir durmiendo pero el móvil vuelve a sonar y me doy cuenta de que quienquiera que sea va a seguir insistiendo hasta que lo coja.
Diga –contesto con la voz seca pues es lo primero que pronuncio en la mañana.
¿Bruno Montalvo? –Escucho una voz masculina al otro lado del aparato y me siento en la cama, restregándome las legañas de los ojos.
Sí, ¿quién es?
Hola, me llamo Juan Marco y me gustaría contratar sus servicios. He visto su anuncio en Internet y me gustaría que me ayudase con un problemilla que tengo
con mi mujer.
Ajá –Bien, se trata de trabajo. Habrá que ir despertándose.
¿Cuándo podríamos quedar? –pregunta el tal Juan.
Ummm, espere que mire mi agenda… miento, no tengo trabajo desde hace casi dos meses, y la verdad es que se me está empezando a acabar el dinero que
gané con mi último juicio –Creo que podría hacerle un huecooo, a eso de las… ¿doce y media? ¿Le viene bien?
Sí, me viene perfecto. ¿Acudo a su bufete?
Mmm, ¿en serio sabe este tío quién soy? Seguramente me esté confundiendo con mi hermano, pero me ha llamado a mí y no voy a dejar escapar la oportunidad.
Mejor si le parece quedamos en Urban Café, cerca de los juzgados. Estoy de juicio toda la mañana y me apetece salir de aquí y cambiar de ambiente. Ha tenido
suerte ya que me ha pillado en uno de los descansos, si no ni le habría podido coger el móvil –miento como un bellaco, lo sé.
Lo siento, supongo que por eso ha tardado en cogerlo.
Claro Juan, lo tenía en silencio. Entonces, ¿nos vemos a las doce y media?
Sí, sí. Nos vemos luego. Muchas gracias por atender mi llamada, y suerte en el juicio.
Gracias, hasta luego.
Al colgar veo que son casi las once y decido dormir un rato más. Vivo cerca de los juzgados y para darme una ducha rápida y vestirme con media hora me sobra, así
que dejo el teléfono sobre la mesilla y me echo en la cama, resacoso porque anoche me acosté a las tantas. Todavía recuerdo la cara de Amanda cuando vio que me iba de
su casa.
¡No puedes irte! –gritó.
Claro que puedo, ¿por qué no?
Recapacitó. Le había salido la vena posesiva que suele mostrar cada vez que me acuesto con ella y cree que lo nuestro va a pasar de eso, y me dijo que había bebido
y que no debía conducir.
Gracias por preocuparte, cielo, pero estoy perfectamente –le dije acariciando su barbilla. Que no quiera nada serio con ella no significa que en un momento
determinado tenga un calentón y me pueda hacer falta recurrir a su evidente interés por mí.
Y ahí se quedó, en la puerta de su casa viendo cómo esperaba al ascensor y desaparecía ante sus ojos. Sé que hasta el último momento mantuvo la esperanza de que
me lo pensaría mejor y me quedaría a dormir con ella pero, ¿qué supondría eso? Despertar juntos, tener que forzar un desayuno con alguien con quien no me apetece
estar más que en momentos puntuales… Vamos que no, que por más que le diga que lo nuestro no puede pasar de encuentros ocasionales ella sigue convencida de que
algún día me daré cuenta de lo mucho que me gusta y tendremos una relación seria y yo, ¿qué más puedo hacer? Luego dicen que soy cabrón, pero no suelo mentir a las
mujeres. Si ellas creen que me harán cambiar, no es mi culpa.
Me quedo dormido y no me despierto hasta que vuelve a sonar mi móvil, y cuando reconozco el número, el mismo que me despertó hace casi dos horas, me siento
en la cama de un brinco e intento que no se me note en la voz lo que estaba haciendo.
¡Juan, me pillas de camino! –digo antes que él, para que sepa que he reconocido su número –El juicio se ha retrasado más de lo que creía –Al tiempo que hablo
me voy vistiendo rápidamente, cojo la cartera, la meto en el bolsillo del pantalón, me echo perfume, ya que la ducha va a tener que esperar, y salgo de casa.
No se preocupe, le espero.
Miro el reloj y veo que es casi la una del mediodía, el pobre lleva casi media hora esperándome. ¡Cuándo cambiaré!
Cuando llego al Urban Café, encuentro a un hombre rubio con gafas de pasta apoyado sobre la pared, cabizbajo y con un cigarro en la mano. Debe de ser él, así que
me pongo firme, disimulo lo mejor que puedo que he ido corriendo, y me presento.
Media hora después, tras pedirle que nos tuteemos, me ha contado que su mujer quiere un convenio regulador porque aunque no están casados, tienen una hija, y
que él no piensa consentir que se quede con la casa.
¿Qué hay de la custodia de la niña? ¿Vas a querer la compartida? –le pregunto.
No puedo hacerme cargo de mi hija, mi horario de trabajo es incompatible con el de una niña pequeña.
Entonces, tendremos difícil que tu mujer no se quede en la casa, por lo menos hasta que vuestra hija sea mayor de edad.
Para eso quedan casi dieciséis años, ¿dónde voy a vivir yo mientras?
Me dan ganas de preguntarle dónde piensa que vivirá su mujer en el caso de que él se quede en la vivienda pero es mi cliente, y prefiero abstenerme de hacer
preguntas que le puedan incomodar.
Al final, tras discutir sobre un posible acuerdo que le resulte beneficioso, en el cual él le pagaría la parte proporcional a lo que queda de hipoteca a su ex mujer para
quedarse con el piso y fijaría un régimen de visitas a la niña en el cual la vería fines de semana alternos y la mitad de las vacaciones escolares, me despido de Juan con la
promesa de que en unos días tendré redactado el convenio. Le digo que llame a su ex mujer para que su abogado se ponga en contacto conmigo y fijemos una reunión y
así exponer cada uno nuestras condiciones. Además, hemos de pactar la pensión alimenticia que tendrá que pasarle a su hija en función de lo que gana y los gastos que
tiene, pero como no lo veo muy por la labor le digo que me haga llegar una nómina y que lo hablaremos por teléfono.
Aunque ya te digo de antemano que luchar por la vivienda sin tener la custodia de tu hija va a ser difícil –le aviso, cosa que no le hace ninguna gracia, por la
expresión de su rostro.
No me parece justo. Si no fuera por mi nómina Rocío jamás se habría podido comprar un piso como el que tenemos, si lo conseguimos fue gracias a que soy
funcionario de un grupo A, no como ella que solo lo es de un B.
Lo miro y empiezo a entender por qué quiere su mujer separarse

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4 Comments

  1. Es imposible descargar nada, pero es que ya ni tan siquiera se puede leer on-line. Seguro han tenido denuncias y ya no se puede descargar ni leer, por mucho que digan que si se puede, ES IMPOSIBLE.

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