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Otros cien cafés contigo – Pilar Parralejo

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Resumen y Sinopsis De 

Capítulo 1
Llegaban las ocho de la tarde y estaba realmente agotada. Aquel había sido un día terriblemente largo y lo peor era que aún no se había acabado. Todavía quedaban cinco
minutos más para terminar su turno en la cafetería, y luego todavía tenía que ir a limpiar a las oficinas del Tokyo Garden, el mayor jardín japonés de toda América y
donde no por nada estaban ubicadas las oficinas de la embajada nipona.
April era una chica normal pero con pocos recursos y muchos problemas que la habían obligado a mantenerse lejos de sus sueños. Estudió en la universidad terminando
la carrera de gestión empresarial con mucho esfuerzo y ahora tenía tres trabajos que nada tenían que ver con lo que había estudiado. Uno de teleoperadora por la
mañana, no le gustaba, pero le aportaba una buena suma para el mínimo esfuerzo que tenía que hacer; otro por la tarde en una cafetería que adoraba, y el de las oficinas
por la noche. Probablemente una chica corriente tendría suficiente con un solo sueldo para sustentarse, pero a ella la suma de los tres aun se le que quedaba corto.
En su casa solo eran su madre y ella, pero Emily no podía trabajar. Hacía unos meses que padecía de cáncer.
Cuando se lo descubrieron tenía la enfermedad muy avanzada y, después de someterse a dos costosas operaciones para reducirlo, debía tratarse con quimioterapia,
cuyas sesiones la dejan muy débil y cansada, así que debía reposar, y ello le llevó a perder su trabajo. Luego nadie quiso contratarla al enterarse de lo que tenía.
Pese a la insistencia de Emily de buscar empleo de lo que fuera, su hija no se lo permitió. Cuando Jordan, su padre, las abandonó, ella aún estaba en el instituto, así que
su madre trabajaba por dos para colmarla de caprichos y ayudarla a cumplir su sueño de ir a la universidad. Ahora era ella la que debía trabajar duro para que su madre
enferma descansase y se recuperase.
Ya había terminado su turno y estaba quitándose el delantal cuando escuchó la campanilla de la puerta. Pensaba que ese día Roger no iría, pero se equivocaba.
April, atiende la mesa dos, por favor. Pidió Louk, su jefe, mirándola como si fuera un favor lo que estaba pidiéndole.
Otra vez no… ¿Por qué no le pides a Lydia o a Silvie que vayan ellas?
Sabes perfectamente que es por ti por quien viene. Y que solo quiere que le atiendas tú.
Lo sé. Eso es lo que me frustra dijo de mala gana. Fingió una sonrisa y caminó a desgana hasta la mesa dos, en la que ese hombre esperaba.
Hacía seis meses que iba a la cafetería, y lo hacía cada día. Siempre entre las cinco y las seis. Siempre se sentaba en la mesa dos de la zona que servía April, y siempre
pedía lo mismo: un mokaccino descafeinado con extra de chocolate y leche vegetal.
Buenas tardes. ¿Va a tomar lo mismo de siempre? preguntó amablemente pero con un tono cortante.
Buenas tardes, April. ¿Cómo estás?
Muy bien, gracias. ¿Lo de siempre? Preguntó nuevamente la camarera.
¿Cómo está tu madre? inquirió con un tono suave.
Señor Dewan, le recuerdo que estoy trabajando. No tengo permitido usar mis horas laborales para sentarme a charlar con los clientes. Además, mi madre no es
asunto suyo. Ahora, si es tan amable, dígame qué va a tomar. Él suspiró y acto seguido se levantó.
April lo miró hacia arriba. Nunca antes había se había puesto de pie frente a ella, ni tan cerca. Era alto e imponente, incluso daba miedo por la forma seria con la que le
miraba, con esas facciones duras y esos ojos azul oscuro.
Hoy no tomaré nada aclaró. Tu turno acaba de terminar…
¿Disculpe? Preguntó ella confundida.
Tu turno. Acaba de terminarse. No voy a tomar nada porque necesito hablar contigo, y como estás libre puedes sentarte y hablar.
Puso las manos sobre los hombros de la camarera, la guió lentamente hasta la silla frente a la que él había estado ocupando y le indicó que se sentase.
Quizás mi turno aquí haya terminado, pero tengo otro trabajo y no quiero llegar tarde.
Tu otro trabajo no tiene un horario fijo. Puedes limpiar las oficinas del Tokyo Garden después de hablar conmigo. Insistió.
¿Cuánto más va a insistir conmigo, señor Dewan?
Roger. Llámame sólo Roger. ¿Cuántas veces te lo he dicho? Soltó en un suspiro.
¿Y cuántas veces le he pedido yo que no me acose más? Viene a mi trabajo todos los días. Siempre exige que le atienda yo. Sabe todo lo que hago… enumeró ella
. Señor Dewan, puede que de donde venga, esto sea lo más normal del mundo, pero permítame decirle que esto es acoso.
Mi intención no es acosarte. Hoy estoy aquí para proponerte algo, un negocio diferente… April rió con sorna.
Un negocio diferente… Lo siento mucho, pero yo no estoy en venta. Si necesita pagar para tener sexo puede ir a un club.
De todos los clientes que hubieran pasado por las mesas que ella atendía, nunca, jamás, había tenido que lidiar con alguien como él. La había investigado, le preguntaba
por la salud de su madre continuamente, sabía dónde trabajaba y sus horarios, y además tenía el aspecto pulcro y cuidado que tendría un mafioso. Se apartó de la mesa
dirigiéndole una mirada envenenada y caminó hacia el vestuario dejándolo con la palabra en la boca.
¿Por qué no me das diez minutos? Solo diez. Si no te gusta lo que tengo que decirte entonces no volveré a molestarte insistió, levantando la voz y llamando la
atención del resto de clientes, que se habían girado para mirarles.
Lo siento mucho, señor Dewan. Pero no necesita explicarme más. Creo que he oído suficiente, y puedo asegurarle, que no me interesa nada de lo que tenga que
decir. Si me disculpa, tengo cosas que hacer. Antes de que retomase la marcha Roger se puso en pie, acortó la distancia de dos zancadas y la sujetó para detenerla.
April no pudo evitar estremecerse con su toque, suave y gentil pero cargado de fuerza.
Espera… dijo serio. Se llevó la mano libre al bolsillo interno de la americana y sacó una tarjeta. Toma. Si cambias de opinión y quieres escuchar mi propuesta,
solo llámame. Por mi parte no volveré a molestarte. Sé que no te gusta mi presencia.
April pensó en dejarlo con la mano extendida, pero Roger pareció saber sus intenciones, de modo que llevó la mano a la parte trasera de su pantalón y, sin tocar, metió
la tarjeta en el bolsillo. Ella le dedicó una sonrisa forzada y caminó hacia el vestuario, dejándolo en medio de la cafetería.
¿Qué quería? Preguntó

Título: Otros cien cafés contigo
Autores: Pilar Parralejo
Formatos: PDF
Orden de autor: Parralejo, Pilar
Orden de título: Otros cien cafés contigo
Fecha: 10 sep 2016
uuid: 10894019-fc95-4f50-8dd9-cdd4a3dc6d9e
id: 341
Modificado: 10 sep 2016
Tamaño: 0.85MB

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