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Perdámonos – Lawrence Block

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Resumen y Sinopsis De 

Es curioso, las cosas que uno recuerda y las que no. Recuerdo que Thurman Munson acababa de batear un gran faul que no fue un jonrón por menos de unos treinta
centímetros, pero no me acuerdo contra quién jugaban o cómo les había ido en la temporada de ese año.
Recuerdo que el bourbon era un J.W. Dant y que lo estaba tomando en las rocas, pero claro que yo recordaría ese detalle. Siempre me acordaba de lo que estaba
bebiendo, sin embargo, no siempre sabía por qué.
Mis hijos se habían quedado levantados para ver las entradas iniciales conmigo, pero al día siguiente tenían que ir a la escuela, por lo que Anita los llevó arriba y los
metió en la cama mientras que yo refrescaba mi copa y me volvía a sentar. El hielo ya casi se había derretido por completo cuando Munson bateó su gran faul y yo aún
estaba sacudiendo la cabeza por eso cuando sonó el teléfono. Lo dejé sonar y Anita contestó y vino a decirme que era para mí.
La secretaria de alguien dijo.
Tomé el auricular y una voz de mujer, tersamente profesional dijo: Sr. Scudder, llamo de parte del Sr. Alan Herdig, de Herdig y Crowell.
Ya veo dije, mientras que escuchaba cómo ella elaboraba y estimaba cuánto tiempo me tomaría el llegar a sus oficinas. Colgué con cara de disgusto.
¿Tienes que ir?
Asentí. Es hora de pararle, además de que no espero dormir mucho esta noche y tengo una cita en la corte mañana por la mañana.
Te traeré una camisa limpia, siéntate. Tienes tiempo de terminarte tu copa, ¿no es así?
Siempre tenía tiempo para ello.
Hace años de esto. Nixon era presidente, llevaba unos dos años de su primer mandato. Yo era detective del Departamento de Policía de Nueva York, adscrito a la Sexta
Comisaría en Greenwich Village. Tenía una casa en Long Island, con dos coches en la cochera, una camioneta Ford para Anita y un PlymouthValiant un tanto
traqueteado para mí.
El tráfico era escaso en la autopista y no puse demasiada atención al límite de velocidad; en realidad, no conocía a muchos policías que lo hicieran. Nunca nadie
infraccionaba a un compañero oficial. Hice buen tiempo, y debe haber sido como cuarto para las diez cuando dejé el coche estacionado en una parada de autobús en la
Primera Avenida. Tenía una tarjeta en el tablero que me protegía de infracciones y grúas.
Lo mejor de hacer cumplir las leyes es que no tienes que prestarles mucha atención tú mismo.
El portero llamó a su departamento para anunciarme y ella me recibió a la puerta con una copa en la mano. No recuerdo qué traía puesto, pero estoy seguro de que se
veía bien con ello. Siempre se veía bien.
Dijo: Nunca te llamaría a tu casa, pero se trata de un negocio.
¿Tuyo o mío?
De los dos, probablemente. Recibí un llamado de un cliente. Un tipo de Madison Avenue, tal vez un vicepresidente de alguna agencia. Trajes de Tripler, boletos
para la temporada de los Rangers, casa en Connecticut.
¿Y?
¿Y no dije algo sobre conocer a un policía? Porque él y unos amigos estaban jugando cartas amistosamente cuando algo le sucedió a uno de ellos.
¿Algo le sucedió? Si algo le pasa a uno de tus amigos, lo llevas a un hospital. ¿O era demasiado tarde para ello?
No me dijo, pero es lo que escuché. Suena como que alguien tuvo un accidente y necesitan a alguien que lo haga desaparecer.
Y pensaste en mí.
Bueno me dijo.
Ella ya me había considerado antes para un asunto semejante. Una tarde, otro cliente suyo, un guerrero de Wall Street, había sufrido un ataque al corazón en la cama
de ella. Casi todos los hombres dirán que esa sería su mejor forma de morir y tal vez esa sea una manera tan buena como cualquier otra para hacerlo, pero no resulta
muy conveniente para aquellos que tienen que limpiar el cochinero, en especial cuando la cama en cuestión es la de alguna mujer que sólo está cumpliendo con su
trabajo.
Cuando sucede algo equivalente en el negocio de la heroína, se convierte en buena publicidad. Un drogadicto se muere de una sobredosis y lo primero que sus amigos
quieren saber es de dónde sacó la droga y cómo pueden conseguirla ellos. Porque, ey, debe ser buena, ¿no? Por otro lado, una prostituta obtiene menos ventajas al ser
señalada como la causa de muerte. Supongo que sintió la responsabilidad de carácter profesional, si es que se le quiere llamar así, de ahorrarle la vergüenza al fulano y a
su familia. Así que lo hice desaparecer dejándolo completamente vestido en un callejón del distrito financiero. Hice un llamado anónimo y volví al departamento de ella a
cobrar mi recompensa.
Tengo la dirección dijo ella ahora. ¿Quieres echar un vistazo? ¿O les digo que no te pude localizar?
La besé y estuvimos abrazados durante un largo momento. Cuando salí a respirar

Orden de autor: Block, Lawrence
Orden de título: Perdámonos (Los cuentos sobre Matthew Scudder nº 7) (Spanish Edition)
Fecha: 21 ago 2016
uuid: 5123e49e-4c85-45aa-91fe-44c66a01d1a2
id: 156
Modificado: 21 ago 2016
Tamaño: 0.58MB

Novela kindle  Comprimido: no

kindle Formato – Contenido – tipo : True 

Temáticas: Novela romántica, Comedia romántica , romance

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