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Revista Muy Historia – Mayo 2016

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PÁG. 44
DOSSIER
10 líderes oscuros
De Pitágoras a Von Sebottendorf, pasando
por Hasan-Sabbah, Hugo de Payns,
Saint Germain, Aleister Crowley, etc.
PÁG. 53
Francmasones y rosacruces
PÁG. 64
En lucha contra lo establecido
PÁG. 70
Crimen organizado y secreto
PÁG. 76
Ocultismo en el Tercer Reich
PÁG. 82
Conspiradores en la sombra
PÁG. 86 Honoré de Balzac dijo ya en el siglo XIX: “Hay dos historias, la oficial, embustera
(…), y la secreta, en la que se encuentran las verdaderas causas de los acontecimientos.”
Y lo sabía de buena tinta, ya que el autor de La comedia humana
pertenecía a la orden Rosacruz, como muchas otras figuras ilustres de la ciencia y la
cultura (Beethoven, Newton, Descartes…).
De los sacerdotes egipcios a los constructores de catedrales, en toda época y lugar
han existido grupos de personas que compartían conocimientos secretos con fines
políticos (los Carbonarios en Italia, la Mano Negra en Serbia…) o religiosos (esenios,
primeros cristianos o cátaros). Su existencia depende de una ley del silencio que obliga
a sus miembros a guardar el misterio de sus ritos, prácticas, identidades o fines, lo que
a veces ha favorecido que se sustenten en estructuras
organizativas criminales, como el Ku Klux Klan en
EE UU o los Mau Mau en Kenia, además de alimentar la
fiebre conspiranoica.
Walter Rathenau, canciller alemán durante la República
de Weimar, se atrevió a decir: “Sólo 300 hombres,
cada uno de los cuales conoce perfectamente a los
otros, gobiernan de hecho a Europa”. Poco después fue
asesinado en una conspiración ultranacionalista.
Una realidad inquietante
Palma Lagunilla
Directora
(plagunilla@gyj.es)
En Twitter: @_plagunilla
NINES MÍNGUEZ
ILUSTRACIÓN DE PORTADA: JOSÉ ANTONIO PEÑAS.
mayo 2016
EN ESTE NÚMERO:
En civilizaciones antiguas
como la egipcia,
la griega o la romana
se practicaban ritos
secretos que provenían
de diversos cultos
mistéricos. A la izquierda,
En honor a
Baco, óleo romántico
de Alma-Tadema
(1889). Pág. 12
En el Dossier, diez figuras
muy carismáticas
y representativas
de distintas épocas
históricas que
crearon sus propios
círculos de influencia,
sociedades fundadas
en torno a lo esotérico
y lo oculto. Pág. 53

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Durante la Edad Media y después, la Iglesia católica
persiguió por herejía a grupos y sectas como los templarios,
los cátaros o los valdenses (arriba, matanza
de niños valdenses, grabado del siglo XVII). Pág. 24
SECCIONES
Entrevista:
Daniel Tubau
PÁG. 8
Curiosidades PÁG. 30
Guía de lugares PÁG. 92
Panorama PÁG. 94
Próximo número PÁG. 98
ALBUM AGE
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LAS SOCIEDADES SECRETAS EN LA HISTORIA
Agentes de un
poder invisible
¿ESTÁ EL MUNDO GOBERNADO ENTRE BASTIDORES POR GRUPOS DE LOS QUE
LO DESCONOCEMOS CASI TODO? ES UNA TEORÍA CON ADEPTOS Y
DETRACTORES, PERO LO CIERTO ES QUE, DESDE TIEMPOS REMOTOS, HA HABIDO
ORGANIZACIONES OPACAS QUE HAN BUSCADO SU CUOTA DE INFLUENCIA.
Por Jesús Callejo Cabo, investigador y escritor
AMPARADOS EN LAS
SOMBRAS. Así imaginamos
a los que realmente
manejan y mueven los hilos
de la Historia: ese “gobierno
oculto” que el canciller
alemán Rathenau cifró en
300 personas y que –ya
sea bajo la apariencia de
think tanks, lobbies, sectas
u otros grupos superpoderosos–
llena las páginas de
muchos best sellers.
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Uno de los argumentos clásicos de los
amigos de las conspiraciones es que los
gobiernos de todo el mundo nos ocultan
verdades inquietantes o que son títeres
de grupos secretos (think tanks o lobbies,
los llaman algunos), esos que realmente
manejan y mueven los hilos del poder, una especie de
“gobierno invisible”. Lo dijo Benjamin Disraeli cuando
era primer ministro de Gran Bretaña: “El mundo
está gobernado por personajes muy diferentes de lo
que se imaginan aquellos que no están entre bastidores”.
En definitiva, un mundo vedado a los que
no ven más allá de sus ojos. Y en ese meollo están las
denominadas sociedades secretas, dos palabras que
generan cierta curiosidad y expectación.
Las definiciones no son clarificadoras al cien por
cien. En el Diccionario Oxford se define una sociedad
secreta como aquella “que realiza actividades de
forma oculta, generalmente al margen de la ley y para
beneficio propio, y cuyos miembros esconden su
pertenencia a ella”. Es insuficiente como tantas otras,
pues nos movemos en un terreno resbaladizo y oscuro,
entre lo que dice la Historia oficial y las ansias de
algunos de ocultarse a esa misma Historia.
LOS MOTIVOS DEL SECRETISMO. El novelista
Balzac ya lo dijo con claridad en el siglo XIX: “Hay
dos Historias: la oficial, embustera que se enseña ad
usum delphini, y la secreta, en la que se encuentran
las verdaderas causas de los acontecimientos: una
Historia vergonzosa”. Y él sabía muy bien cómo eran
la sociedad francesa y la comedia humana. Siempre
que leemos la palabra “secreto” nuestros sentidos se
ponen alerta, pues indica que lo misterioso y lo siniestro
están rondado. La mayoría de las veces, tras
esa palabra se esconden grupos de personas que, bajo
determinados poderes y regímenes políticos, intentan
conseguir ciertos fines para una comunidad o una
parte de la misma. O bien surgen de la necesidad de ir
contra el poder dominante para reclamar libertades
sociales, políticas o religiosas que de otra manera, sin
el amparo de ese secretismo, podrían acarrear el castigo
inmediato para sus solicitantes.
Uno de los problemas está en distinguir entre secta
y sociedad secreta, si bien la primera suele tener un
carácter más religioso y esotérico y la segunda persigue
cuotas de poder y de influencia política. No hay
latitud geográfica ni periodo histórico en los que no
haya existido alguna sociedad de estas características.
Ramiro Calle, en su Historia de las sociedades secretas
(2010), se explaya en explicar lo que significan y
su importancia en el devenir mundial según sus fines.
Unas son “para custodiar el conocimiento esotérico y
perpetuarlo; otras para purificar al ser humano y extender
a toda la humanidad la fraternidad y el amor;
otras para llevar a cabo el desarrollo superior del
hombre y activar sus facultades superiores; otras para
imponer la justicia y contrarrestar las arbitrariedades
de los poderosos y otras, en fin, para cometer en
la oscuridad toda clase de crímenes”. Y las clasifica,
siempre según su criterio, en iniciáticas o espirituales,
políticas, justicieras y criminales.
Los fines más materiales, mediáticos y recurrentes
siempre han sido los políticos, con la intención
de cambiar radicalmente la situación de un país (los
Carbonarios en Italia o la Mano Negra en España y
Serbia, en el contexto histórico de los movimientos
revolucionarios liberales de los siglos XIX y XX);
otras sociedades estarían dentro del marco de fines
religiosos con sus ritos iniciáticos (la masonería).
Y las ha habido compuestas por escritores y artistas
de renombre (como la Sociedad de La Niebla o la
Golden Dawn), sin olvidar aquellas constituidas por
motivos gremiales, económicos, científicos, raciales
o patrióticos. Por no hablar de las bandas de malhechores
(como la hipotética Garduña española, el Ku-
Klux-Klan estadounidense, los Mau-Mau keniatas, la
Yakuza japonesa o la Camorra napolitana), con una
estructura organizativa familiar y unas férreas reglas
a la hora de seleccionar sus atentados.
Muchas sociedades secretas pasaron a convertirse
en discretas con el paso del tiempo: por ejemplo, la
francmasonería o los rosacruces, que han sufrido varias
escisiones y en las que uno se puede incorporar a una
logia o un grupo sin necesidad de someterse a complicados
rituales o provenir de familias ya iniciadas.
ESTRUCTURA PIRAMIDAL Y LÍDERES CARISMÁTICOS.

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Los esenios en Palestina, los grupos
clandestinos de primeros cristianos en Roma, los
cátaros en Francia o los hashashin del Viejo de la
Montaña en Irán serían ejemplos de sociedades secretas
con un cariz religioso; no así lo que se dice del
Priorato de Sión o de algún grupúsculo oculto dentro
de la Orden del Temple (los llamados Hijos del Valle),
que más forman parte de la imaginación de ciertos
escritores que de la propia realidad histórica.
En Oriente en general, y en China y Japón en particular,
las sociedades secretas han tenido una larga

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tradición. La Orden del Loto Blanco formó el núcleo
central de oposición al imperialismo occidental en
China, que tomó forma durante la rebelión de los bóxers.
En Japón, en el siglo XIX surgieron sociedades
nacionalistas en oposición a la dinastía Tokugawa.
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5
En todas rigen la “ley del secreto”, sea éste político,
religioso, sexual o místico, y el “voto de silencio”,
bajo severas penas en caso de ser infringido. Desde este
punto de vista, se creaban sociedades compuestas por
unos elegidos para guardar el secreto de una conspiración,
una revelación, un compromiso o un profundo
conocimiento en la búsqueda de la verdad y la luz. La
mayoría de las veces, bajo una estructura piramidal con
el influjo o atracción de un líder carismático.
Para ser considerada secreta, una sociedad tiene que
exigir a sus miembros guardar el secreto de sus ritos, sus
prácticas, sus integrantes o sus fines, con o sin juramento
previo, y usar insignias, símbolos, emblemas, contraseñas
u otros signos externos e internos de reconocimiento.
En algunos casos el secreto es consustancial por razón de
sus acciones, como en las iniciáticas (la masonería o la sociedad
teosófica, por ejemplo), al menos en cuanto a que
el adepto sólo puede y debe conocer la realidad total de la
sociedad a la que pertenece en la medida que va subiendo
los distintos grados, niveles o iniciaciones.
DE AHORA Y DE SIEMPRE. ¿Y cuándo surgen? Es
difícil establecer una cronología exacta, puesto que para
algunos investigadores nacen de la necesidad que tenían
chamanes, brujos, magos y hechiceros prehistóricos de
mantener en secreto sus prácticas, sus rituales mistéricos,
y al mismo tiempo compartirlos con sus alumnos
o sucesores. Männerbunde es el término germano que
se utiliza para referirse a cierto tipo de organización secreta,
una especie de hermandad compuesta tan sólo de
hombres (guerreros y cazadores) que ha existido desde
los orígenes de la humanidad y que se mantuvo viva, con
ligeras variantes, hasta la época del nazismo.
Otro de los problemas radica en la diferenciación entre
sectas, escuelas y grupos iniciáticos que proliferan
desde hace siglos. Por ejemplo, está de moda hablar de
los Illuminati, popularizados por la trilogía de Robert
Anton Wilson y Robert Shea y también por Dan Brown
en su novela Ángeles y demonios. Su historia es interesante,
pues se puede advertir cómo fueron evolucionando
desde 1776, cuando se llamaban Los Iluminados de
Baviera, adulterándose con el tiempo su nombre hasta el
punto de que hoy en día se relaciona a sus miembros con
el Nuevo Orden Mundial e incluso con los alienígenas.
Visto lo visto, ¿son sociedades secretas la Trilateral,
el Club 300, el Opus Dei, Skull and Bones o el Club Bilderberg?
Muchos estudiosos dirían que sí y otros dirían
que por el solo hecho de tener un nombre público
y reunirse en lugares conocidos por la prensa dejan de
serlo. El mero hecho de que a un grupo u organización
se lo llame sociedad secreta no quiere decir que lo sea.
Si lo nombras, es que existe y deja de estar en la sombra.
Como dijo en cierta ocasión Manuel Azaña: «En España
la mejor manera de guardar un secreto es escribir un
libro». Y libros hay a raudales que hablan de las actividades
de estas sociedades secretas, reales o imaginarias.
Muchas novelas consideradas best sellers se hacen eco
de estas temáticas, y es raro que en ellas no haya un
grupo superpoderoso y maligno haciendo de las suyas,
incluidas las novelas de James Bond. Por eso Katherine
Neville, en El círculo mágico, recurre a ellas, como
Matilde Asensi en El último Catón, Umberto Eco en El
péndulo de Foucault o Julia Navarro en La Hermandad
de la Sábana Santa. Quizá todo se reduzca a lo que Jean
Ferry cuenta en el inicio de uno de sus relatos: “Joseph
K… tendría veinte años cuando descubrió la existencia
de una sociedad secreta, secretísima. En realidad, no
se parece a ninguna asociación de esta clase. Para algunos
es muy difícil entrar en ella. Muchos lo desean
ardientemente pero nunca lo conseguirán. Otros, por
el contrario, forman parte de ella sin siquiera saberlo”
(El maquinista y otros cuentos, 2016).
ENTRE RUMORES Y REVELACIONES. Hay
agencias de inteligencia, partidos políticos y clubes de
fútbol que lo parecen (y no hablaré aquí de los supuestos
orígenes masónicos del Barça). Sea como fuere, las
organizaciones, alianzas y sociedades secretas nunca
dejarán de existir, pues forman parte del entramado
social de cualquier pueblo. Personas que piensan diferente,
que tienen una concepción distinta de la realidad
y del mundo que las rodea y quieren cambiar las cosas,
las ha habido y las habrá. Y su existencia siempre estará
alimentada por rumores, falsas noticias o revelaciones
de personajes prominentes, como fue el caso de Walter
Rathenau, canciller alemán durante la República de
Weimar, quien escribió un artículo, publicado el 24 de
diciembre de 1921 en el Wiener Press, en el que realizaba
un sorprendente e indiscreto comentario que terminaría
costándole la vida seis meses más tarde: “Solamente
300 hombres, cada uno de los cuales conoce
personalmente a los otros, gobiernan de hecho Europa.
Ellos eligen a sus sucesores entre los miembros de su
propio entorno. Esos hombres tienen en sus manos el
poder para impedir o terminar con cualquier estado de
cosas que consideren contrario a sus intereses.”
En definitiva, una auténtica sociedad secreta
puede serlo por dos razones: porque lleva a cabo actividades
secretas (llámense rituales, ceremonias o
iniciaciones) o porque mantiene su existencia en riguroso
secreto, algo cada vez más difícil. Muchas ya
no lo son. Otras están por venir. MH
LAS SECTAS SUELEN TENER UN CARÁCTER MÁS
ESOTÉRICO, MIENTRAS QUE LAS SOCIEDADES
SECRETAS PERSIGUEN LA INFLUENCIA POLÍTICA
EL TEMPLO PROFANADO.
Bajo estas
líneas, el templo de la
sociedad secreta
conocida como Skull
and Bones (Calavera y
Huesos), fundada en
la Universidad de Yale
en 1832 y a la que han
pertenecido varios
presidentes de EE UU.
El lugar fue asaltado
en 1876 por estudiantes
deseosos de conocer
sus misterios.
ASC
Los planes del Club
Bilderberg para España,
Cristina Martín
Jiménez. Temas de
Hoy, 2015. Tercer best
seller que la periodista
sevillana dedica al
funcionamiento y los
entresijos de esta
misteriosa y poderosa
sociedad secreta.
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• Infancia y adolescencia • El sueño de Alejandro • Asia contra Europa • El despertar
de Macedonia • Un ejército invencible • El enemigo persa • Filipo, un espejo paterno
• Las batallas decisivas • Inspiración de Roma • Las mujeres de su vida
Alejandro Magno
El superhombre y su época
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quiosco
A lo largo de la Historia han surgido
innumerables sociedades ocultas,
como los masones, los rosacruces o
los sicarios, entre otras muchas. ¿A
qué se debe esa proliferación de entidades
mistéricas o secretas?
Las razones son muy diversas,
pero hay que tener en cuenta, en
primer lugar, que la necesidad de
crear sociedades secretas ha obedecido
a menudo a la existencia de
censura y represión de cualquier
pensamiento que se alejase del establecido.
La imposibilidad de compartir
esas ideas de manera pública
obligó a menudo al secreto. Otro
factor importante ha sido el sentimiento
de pertenecer a una élite,
a un club de elegidos, o el de encontrar
una comunidad afín; o, sin
duda, en otros casos, se debió a la
consecución de objetivos de todo
tipo, desde los políticos y religiosos
a los criminales. El cristianismo
primitivo se ajusta a varias de estas
características: en ciertos períodos
se convirtió en sociedad secreta
debido a la persecución, fomentó
el sentimiento de comunidad entre
personas discriminadas y también
presumía de una verdad revelada
que cambiaría la sociedad.
En su libro La verdadera historia
de las sociedades secretas, usted
menciona organizaciones con un
fuerte componente racista como, por
ejemplo, la Sociedad Thule o el Ku
Klux Klan. ¿Cuál es el fin de estas
sociedades? ¿La primacía de la raza
blanca?
En los casos mencionados, sí. La
supremacía de la raza blanca en un
caso (el Ku Klux Klan) y, de manera
más específica, de la raza aria o la
germánica para la Sociedad Thule.
También ha habido grupos secretos
que han proclamado la superioridad
de pueblos o etnias no caucásicos,
como los bóxers de China,
que querían expulsar de su territorio
ancestral a los “demonios blancos”.
En otras destaca su intención conspirativa
y su deseo de alcanzar nuevas
cotas de poder. ¿Podría poner
algún ejemplo de estas últimas?
En el caso de las sociedades
conspirativas para alcanzar el poder
o provocar un cambio social se puede
mencionar a los Carbonarios de
Italia, que jugaron un papel importante
en la independencia italiana,
o a los Iluminados de Baviera, que
pretendían de manera declarada

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derrocar a todas las monarquías de
Europa y acabar con la Iglesia de Roma.
También ha habido sociedades
secretas que, sin ser masónicas, han
aprovechado las estructuras masonas
para la conspiración y la lucha
por el poder y la influencia política,
como la célebre logia Propaganda
Due (P2) del banquero Licio Gelli.
Pero no todas son secretas. Incluso
algunas de ellas reciben subvenciones.
En efecto, hoy en día en los países
democráticos que poseen un
Estado de derecho moderno, como
es el caso de España, las antiguas
sociedades secretas, como la de
los masones, están legalizadas y
deben figurar en el registro de sociedades.
Y como tales, legalmente
constituidas, pueden recibir subvenciones.
Por regla general, las sociedades
secretas existen sólo en
países no democráticos, o bien son
conspirativas o criminales.
¿Las teorías conspirativas son un fenómeno
contemporáneo o siempre
han existido en la Historia?
Las teorías conspirativas siempre
han existido, y a menudo con razón:
la muerte de Julio César fue producto
de una conjura y posiblemente
cambió la Historia; la de Alejandro
Magno probablemente también lo
fue. Pero en cuanto a la paranoia
o la obsesión por la conspiración
es probable que su mayor propagación
haya tenido lugar durante
la Edad Media, dirigida de manera
casi permanente contra los judíos,
pero también contra los cátaros
o albigenses, e incluso contra
los templarios. Probablemente,
la conspiración del rey de Francia
y sus aliados contra la Orden del
Temple superó en mucho cualquier
conspiración de los propios Caballeros
de la Cruz.
¿Por qué son tan atractivas estas
teorías?
Siempre resulta atractivo encontrar
causas a fenómenos que no tienen
una explicación fácil, o al menos
sencilla. Pensar que el mundo
está dirigido por un gobierno en
la sombra o por una asociación de
malvados conspiradores proporciona
a muchas personas la satisfacción
de creer que han dado con las
verdaderas causas de todos los males
del mundo y tal vez les produce

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