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Libro PDF Reyes De La Noche – Mariah Evans

 Reyes De La Noche - Mariah Evans

Libro PDF Reyes De La Noche – Mariah Evans


Quiero aprovechar esta ocasión para agradecer
a todas las personas que han hecho posible la
publicación de esta segunda parte.
A la editorial, por seguir confiando en mí.
A las chicas RNR, por darme esta maravillosa
oportunidad.
Y ante todo, a todas las lectoras y a ese
maravilloso grupo que hemos formado donde
reímos y lo pasamos genial.
Gracias por darme tan buenos momentos y por
compartir esta ilusión conmigo.
1
Brad volvió a mirar a la pequeña niña a través
de las ventanas que rodeaban la consulta del
médico. Había logrado sacarla con vida de un
refugio para vampiros. Era un milagro que aquella
niña hubiese sobrevivido. Volvió a observarla
mientras una enfermera le limpiaba la herida de su
brazo. Al menos, no le habían mordido. Había
examinado su pequeño cuerpecito junto al resto de
sus compañeros en su casa. Cuando se habían
asegurado de que no tenía ninguna mordedura, la
había llevado al hospital para confirmar que se
encontraba bien y pudiesen buscar a su familia.
En aquel refugio para vampiros habían
encontrado más cadáveres. Concretamente diez,
entre los que se encontraba la madre de aquella
niña. Se le seguía encogiendo el corazón cuando
recordaba cómo la había abrazado mientras la
pequeña señalaba una mujer que mantenía los
brazos por encima de su rostro, sujetos por
cadenas y pronunciaba la palabra «mami».
No le habían encontrado el pulso. Aquella niña,
con tan solo seis años, había vivido una de las
experiencias más traumáticas de su vida, por no
decir la que más. La habían mantenido en una
oscuridad prácticamente absoluta durante días
mientras los vampiros se alimentaban del resto de
humanos. Los había visto morir a todos, incluso a
su madre.
Brad se había encargado de sacar a la pequeña
de aquel lugar mientras el resto de sus compañeros
luchaban e intentaban rescatar a Sarah, la novia de
Josh, su jefe de división cazavampiros. Tras dejar
a la niña en el todoterreno y extremar todas las
precauciones, echó los pestillos del coche,
conectó en el interior del todoterreno las luces
solares y volvió al refugio de vampiros para
ayudar a sus compañeros. Qué suerte la suya
cuando llegó a una de las habitaciones donde se
mantenía una encarnizada batalla contra el jefe de
los vampiros y este se colocó frente a la puerta,
justo por donde él iba a entrar. No dudó al
disparar una bala de plata en ese oscuro corazón.
Todos se habían dirigido rápidamente a casa
donde Sarah había necesitado una transfusión de
sangre. No había esperado a que ella despertase,
sus constantes se habían normalizado y no tardaría
en recuperar el conocimiento. Sarah estaba fuera
de peligro, pero aquella pequeña y tierna niña
necesitaba urgentemente que la visitara un médico
y encontrar al resto de su familia.
El grupo había sacado los cadáveres y los
había dejado en un descampado cercano. Josh, su
jefe, se encargaría de avisar a la policía para que
fuesen a buscar los cadáveres y procediesen a su
reconocimiento.
Se pasó la mano por los ojos mientras
observaba aquella dulce niña de melena castaña y
ojos azules. Lo contemplaba extasiada, sin apartar
la mirada de él ni un segundo. No había
pronunciado palabra alguna, aunque Brad no había
dejado de hablarle en todo el trayecto desde su
vivienda al hospital intentando calmarla.
Solo había pronunciado su nombre, Katy.
Observó cómo la enfermera abandonaba la sala
y se dirigió hacia él.
—La niña está en estado de shock. Me temo que
deberá quedarse unos días ingresada hasta que se
le realicen unas pruebas.
Era lo único que le había dicho aquella
enfermera antes de dirigirse a otra sala.
Brad entró de nuevo donde Katy permanecía
tumbada en una camilla. Le habían colocado unos
cuantos cables con ventosas en su pecho y le
habían suministrado unos calmantes para ayudarla
a dormir. Katy lo observó mientras sus pequeños
labios temblaban y hacía un puchero.
—Shhh… Tranquila —le calmó mientras le
cogía la manita—. Ha acabado todo, ahora estás a
salvo. Ya no te van a molestar más.
Sabía que eso no era del todo cierto. Todos los
vampiros que habían encontrado en aquel refugio
habían muerto a manos de su división, pero no
sabían si podía haber algún vampiro más que
hubiese absorbido su aroma y que no se encontrase
en el refugio en el momento del ataque. Los
vampiros, aunque no mordiesen a sus víctimas, si
captaban el olor corporal de una de ellas podían
encontrarla prácticamente en cualquier parte del
mundo.
Lo único que tenía claro era que esa niña
despertaba una parte tierna y dulce de él que hacía
mucho tiempo que no sentía.
Le acarició la manita mientras con la otra mano
le apartaba unos mechones castaños de su
flequillo.
—Katy, tienes que prometerme que no dirás
nada de lo que has visto, ¿de acuerdo?
La niña volvió a llorar.
Brad se mordió el labio conmovido, pero sabía
que debía hacer aquello. ¿Qué pasaría si ella
explicase lo que realmente había ocurrido? ¿Si
contase que había sido atrapada por unos vampiros
y encadenada a una pared durante días?
Suspiró y contempló cómo una lágrima
resbalaba por su pequeña mejilla. La protegería
ante cualquier cosa. Aquella niña se había
convertido en una prioridad para él desde que la
había alzado en sus brazos sacándola de allí.
Notó cómo el móvil vibraba en su bolsillo. Le
pellizcó cariñosamente la nariz y miró la pantalla
de su móvil. Josh, su jefe.
—En seguida vengo —le susurró a la pequeña.
Salió de la habitación y cerró la puerta con

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delicadeza mientras sonreía a la pequeña para
intentar infundirle algo de calma.
—Dime, jefe —pronunció sin ningún tono de
voz—. Sabía que no tardarías en llamar.
Hubo una especie de maldición por volver a
escuchar aquella palabra. Josh detestaba que lo
llamasen jefe, pero se contuvo de volver a
repetírselo.
—La niña, ¿cómo está?
Miró hacia dentro de la sala y contempló cómo
Katy lo observaba con ojos cargados de lágrimas,
prácticamente sin pestañear.
—Katy está bien físicamente, pero muy
asustada. —Suspiró y se pasó una mano por sus
cabellos negros—. Me ha dicho una enfermera que
la dejarán ingresada unos días para hacerle unas
pruebas, está en estado de shock. —Escuchó cómo
Josh chasqueaba su lengua—. ¿Y Sarah? ¿Está
bien? —Hizo referencia a su novia.
—Sí, se está recuperando rápidamente. —Hubo
un silencio—. Ya he dado el aviso a la policía.
Brad sabía qué significaba eso. Josh había
avisado a Frankie Griffith, el inspector de
homicidios de Brooklyn y tío de Sarah, alertándole
que habían encontrado unos cadáveres que
llevaban la misma marca que el asesino al que
estaban investigando.
—De acuerdo.
—Le he dicho que iba con un equipo del
Pentágono haciendo una ronda de vigilancia.
—Comprendo. —Luego suspiró pasándose de
nuevo la mano por los ojos en actitud cansada—.
Iré a hablar con él cuando pueda.
—Perfecto —contestó Josh.
—Así conoceré a tu futuro suegro —bromeó,
aunque notó cómo Josh carraspeaba a través del
móvil.
—¿Se sabe algo de la familia de la niña? ¿Su
padre? ¿Hermanos?
—No, aún nada, pero esperaré aquí hasta que
llegue algún familiar.
—Perfecto. Nos vemos entonces. Cualquier
cosa, llámame.
—Tranquilo. Dale un beso a Sarah de mi parte.
Colgó el teléfono y se giró directamente hacia
el final del pasillo escuchando que una persona se
dirigía hacia él corriendo. Una preciosa chica
castaña, con su pelo recogido en una alta cola
corría hacia él. Llevaba una bata blanca.
Seguramente una doctora del hospital.
Pasó por su lado sin siquiera mirarlo y se
quedó paralizada al lado del cristal, contemplando
a la niña mientras ascendía su mano hacia sus
labios y sus ojos se llenaban de lágrimas.
Brad se quedó extasiado contemplándola.
Jamás había visto algo más hermoso y dulce.
Contempló su perfil armonioso, aquellas pestaña
largas rodeando su iris celeste y estuvo a punto de
pasar su mano sobre la mejilla de aquella joven,
pero la muchacha entró directamente en la sala
mientras pronunciaba el nombre de la niña y se
sentaba a su lado.
—Katy —le susurró mientras la abrazaba. La
niña se incorporó y la abrazó rápidamente.
Lucy Thompsom cogió con unas pinzas el
algodón y lo pasó por la frente del doctor, secando
las gotas que comenzaban a brillar en su frente.
—Ya está casi, doctor —susurró mientras
acababa de extirpar el tumor de aquella mujer.
Un tumor en el pulmón, por suerte no era
cancerígeno, aunque lo mejor era extirparlo antes
de que destruyese algún alveolo.
Durante los últimos días le había sido difícil

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concentrarse. La desaparición de su madre y de su
hermanastra no le había dejado conciliar el sueño.
Aún temblaba cuando recordaba la última
llamada de su madre.
Había discutido con su pareja actual. Su madre
la había tenido con tan solo diecisiete años, se
había casado y la había criado junto a su padre.
Todo había funcionado perfectamente. Había sido
un matrimonio feliz hasta que su madre descubrió
que su marido le era infiel con otra mujer. Aún
recordaba cómo su madre había hecho las maletas
de las dos y había abandonado su casa
comenzando, ambas, una nueva vida en Brooklyn.
Habían sido años difíciles, hasta que dos años
después había iniciado una relación con un hombre
separado, William, un hombre cariñoso, aunque
cuatro años más joven que ella. Se había sentido
feliz, pues su madre había vuelto a recuperar su
sonrisa.
William también tenía una mala experiencia en
su matrimonio, su ex mujer lo había abandonado
dejándolo al cuidado de una niña, así que Lucy
comprendía el hecho de que ellos dos se hubiesen
unido. Ambos salían de experiencias traumáticas y
ambos se comprendían.
Su madre había asumido el papel de madre de
Katy sin ningún tipo de problema, al contrario, le
encantaba tenerla a su cargo, por lo tanto, cuando
William por motivos laborales debía abandonar el
hogar durante semanas ella asumía el papel de
madre encantada.
Pero aquella última llamada la había dejado
preocupada. William se encontraba en París
cuando había hablado con su madre, por lo visto,
la ex mujer de William no le estaba facilitando las
cosas para su divorcio y eso, a su madre, le ponía
de los nervios. Debía ser un hombre más seguro de
sí mismo, más decidido y no excusar tanto a su ex
mujer.
Así que su madre había cogido a Katy y se
había marchado para ir a ver a la tía Ellen

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