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Libro PDF Rivales en el avión Julia Vargas

Rivales en el avión – Julia Vargas

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ponía más nervios a de lo normal. Era uno de los pocos momentos en los que no era ella la que controlaba la s ituación, por ejemplo. Ella
es taba acos tumbrada a hacer lo que s e le antojara s iempre. Y s in embargo en un aeropuerto es taba s omeda a es trictas reglas marcadas por
otros , gente que podía decidir dónde debía colocars e, qué debía hacer o s i ella tomaba el avión rumbo a Nueva York o no.
Y no s oportaba tanta gente, y tan cerca de ella. Valeria s abía que llamaba la atención de la gente, y no tenía problemas con es o:
dis frutaba llamando la atención. Era rubia, tenía un ros tro precios o con los pómulos marcados y una gran boca con labios grues os y
delicios os , y s u cuerpo era voluptuos o, de cintura es trecha, culo rotundo y perfectas tetas .
Era el s ueño húmedo de cualquier hombre, y ella lo s abía.
Hoy llevaba unos s horts que dejaban al des cubierto s us larguís imas y morenas piernas . Los hombres que es taban delante de ella en
la cola s e daban la vuelta dis imuladamente para echar un rápido vis tazo a s us piernas , primero, y a s us tetas . Aunque llevaba una camis a
blanca que no era reveladora, el tamaño de s us pechos era s uficientemente grande como para llamar la atención. Probablemente la es taban
des nudando con la vis ta. Y los hombres que es taban detrás de ella es tarían admirando s in problemas s us piernas y s u culo, embudo en los
s horts . A Valeria le parecía bien que los hombres -y las mujeres – la miras en cuanto quis ieran. La hacía s enr bien. Pero no s oportaba que
invadieran s u es pacio, que pudiera s entir en s u piel el calor del cuerpo de hombres gordos y s udoros os .
Cuando llegó s u turno pus o en la bandeja s u bols o, y s u trolley en la cinta. Pas ó por debajo del arco de s eguridad. No pitó, pero uno
de los guardias la detuvo.
-Tiene que quitars e los botines , s eñorita.
Era otra cos a que odiaba de los aeropuertos . A los guardias les encantaba pas ar más empo con ella, y para ellos era muy fácil
cons eguirlo. Miró al guardia que le había dicho es o, un hombre flaco y con bigote con poco atracvo, y s e inclinó para quitars e los bones .
Cas i podía s entir las miradas de todos centradas en ella de nuevo, ahora que es taba agachada, fijándos e en s us mus los y s u culo.
Le habría encantado clavar el finís imo tacón de s us botines en la cara del guardia.
Caminó a través del arco, dejó los bones en una bandeja para que pas aran por el es cáner y volvió a caminar bajo el arco de
s eguridad. Ningún pitido. Pero los guardias no iban a dejar que s e fuera tan rápido. Una de las guardias le indicó que s e apartara.
También es o le s ucedía mucho. No había nada que le pus iera más a una guardia bollera que cachear a una tía buena como ella.
-¿Alguna razón en es pecial para cachearme? -preguntó furios a Valeria.
La guardia medio s onrió. Debajo del uniforme debía es tar mojándos e de gus to.
-Es un control aleatorio, s eñorita. Será nada más un momento.
Se acercó a ella. Valeria pens ó que la guardia movía mucho las caderas al caminar, como s i es tuviera flirteando con ella. No tenía
mal tipo, y llevaba un uniforme ceñido que marcaba s u cuerpo, pero es taba en otra liga dis tinta a la de Valeria.
-Abra los brazos , por favor.
Valeria hizo lo que le ordenaban y las manos de la policía rozaron s u cuerpo en bus ca de algo. Al principio de una manera s uave y
luego con más fuerza, mientras la policía medía el grado de incomodidad de Valeria y tomaba cada vez más confianzas , pas ando la mano por
el lateral de s u bus to, la cintura y las caderas .
-Abra las piernas , por favor.
-Me imagino que la única manera de que te funcione es a fras e es que lleves pues to el uniforme -contes tó Valeria en voz alta.
La otra s e giró como s i le hubieran dado una bofetada. Se levantó y las dos mujeres s e miraron con irritación.
-Abra las piernas o pens aré que tiene algo que ocultar y tendremos que examinarla con más atención.
Valeria mantuvo la mirada de la policía. Era impos ible que ella ocultara nada en s us s horts : no podían es tar más ceñidos . Pero s abía
que podían llevarla a alguna s ala y allí cachearla más exhaus vamente, o retenerla has ta que perdiera s u avión. No merecía la pena.
Lentamente, abrió las piernas .
-Dis fruta de tu trabajo, agente -s us urró con des precio.
La policía s e agachó y agarró s u mus lo derecho con ambas manos , allí donde es taba cubierto por el s hort. Luego hizo lo mis mo con el
mus lo izquierdo.
-Quizá debería venir un perro, he olido algo raro, des agradable -dijo la policía mientras s e levantaba, mirado a los ojos a Valeria.
Valeria s e enfureció y decidió que no podía dejar pas ar es o, aunque le cos tara el vuelo.
-¿Un perro? Supongo que no bas ta con una perra.
La furia relampagueó en los ojos de la policía, que dio un pas o adelante, como s i quis iera golpearla. Pero antes de que pudiera
hacer nada la policía s e dio cuenta de que s u s uperior llegaba a la zona. Habría s ido una s ituación difícil de explicar.
-Tienes s uerte de que es té de s ervicio -s us urró la policía.
-Tú tienes s uerte de que yo tenga pris a -contes tó en el mis mo tono s ecreto Valeria.
-Es pero que nos veamos otro día en que no tengas tanta pris a para aclarar las cos as .
-Cuando vuelva me as eguraré de bus carte con tiempo s uficiente.
-Es pero que no s e te olvide, no hay nada que des ee más .
Permanecieron en s ilencio durante algunos s egundos , midiéndos e. Por un momento a Valeria le pareció que no iban a es perar y s e
iban a trenzar en una pelea allí mis mo. Pero finalmente la policía dio un pas o atrás .
-Ponte tus botines de puta barata y vete de aquí -s us urró la policía.
-Lo que cues tan es tos botines s erviría para pagarte dos mes es el s ueldo, zorra -contes tó Valeria.
Se agachó y s e calzó los bones . Luego, altaneramente, pas ó al lado de la policía, que es taba roja, como a punto de reventar, y cogió
s u bols o y s u trolley.
-Volveremos a vernos . Me llamo Valeria.
-Yo Rebeca. Y ojalá te atrevas a venir.
Valeria le lanzó un bes o de burla y s e apres uró a alcanzar s u puerta de embarque. Se imaginó que Rebeca le miraba el culo mientras
s e alejaba a toda pris a.
Su vuelo había iniciado el embarque ya. Es peró un par de minutos en la cola y ens eguida le tocó el turno. La azafata no le pres tó
mayor atención y Valeria caminó por el finger has ta el avión.
Entró en el avión y s e dirigió a s u as iento. Tenía as iento de pas illo. Ella prefería volar en ventanilla. Cuando llegó a s u fila vio que el
pas ajero que debía viajar a s u lado aún no había llegado. Sonrió. Subió s u pequeña maleta al maletero y pas ó al as iento de ventanilla.
Cuando s e hubo s entado, s e des abrochó un botón de la camis a. No era la primera vez que us aba es e truco para quedars e con s u as iento
favorito: s i un hombre llegaba y la veía ahí, s entada tranquilamente, era muy dicil que la hiciera cambiars e. Bas taba con bar las pes tañas ,
s onreír dulcemente y pedir con voz s uave s i no le importaría cederle el as iento. Llevar, como ahora, las piernas al des cubierto y ens eñar un
poco de es cote, ayudaba. Tenía un cien por cien de efecvidad en el cas o de los hombres . En el cas o de las mujeres … bueno, no s iempre
ayudaba.
Poco a poco el avión s e fue llenando. Aún no había ni ras tro del compañero de as iento de Valeria. Por un momento s e imaginó que el
as iento quedaba libre. Sería una buenís ima nocia. Con s eis horas por delante de vuelo, Valeria prefería viajar s in nadie al lado que la
moles tara.
En es e momento entró una nueva pas ajera en el avión; Valeria la cara s e le torció en un ges to de rabia y amargura.
Había muy pocas cos as que Valeria odiara más que los aeropuertos .
Paula Simón era una de ellas .
Era lo que le faltaba. Valeria la vio avanzar por el pas illo, mirando a s u alrededor con es e aire altanero que Valeria conocía tan bien.
Paula ves a una corta falda negra apretada que s e ceñía a s us caderas , y una blus a roja que llevaba dos botones des abrochados . Inclus o
des de s u as iento Valeria podía ver el comienzo de s us pechos . Llevaba la melena pelirroja s uelta. Miraba a s u alrededor como s i todo el
avión le perteneciera.
Valeria s upo que iba a s er ella la ocupante del as iento en el que ella es taba. El Des no era as í de hijo de puta. Valeria llevó s u
mano al moño improvis ado que s e había hecho y lo des hizo. Cuando Paula llegara quería tener el mejor as pecto pos ible. Se colocó la melena
rápidamente y es peró.
Paula s e detuvo en s u fila y cons ultó s u billete. Entonces s e fijó en la mujer que ocupaba el as iento que ella tenía as ignado. La
reconoció al ins tante y un es calofrío le recorrió el cuerpo de arriba a abajo.
-¿Quién iba a pens arlo? Si es tá aquí mi vieja amiga Valeria Campos .
-Paula -contes tó Valeria s in levantars e-. Qué ines perada alegría.
Las dos s e miraron des deños amente, examinándos e como habían hecho durante un año entero, comparándos e. Como habían hecho
a diario, las dos arquearon la es palda s utilmente para que s us pechos s e vieran más llenos , más grandes .
-No me digas que vamos a compartir vuelo tú y yo.
-Veo que s igues s iendo tan s agaz como s iempre, Paula.
-Tú, s in embargo, creo que no tanto, porque te has equivocado de as iento.
-Pens aba que iba a viajar s ola, pero ya veo que no. Qué mala s uerte.
-Sí, tú s iempre has echado la culpa a la s uerte de todo lo que no va s egún tus planes .
Valeria s e levantó del as iento y s e movió lentamente hacia el pas illo. Tuvo la s as facción de ver cómo parpadeaba Paula al verla de
pie, cómo s us ojos recorrían s u cuerpo, des de s us largas piernas has ta s us grandes pechos . Eran cas i igual de altas , apenas un par de
centímetros de diferencia a favor de Valeria.
-Sé muy bien a quién echarle la culpa de algunas de las cos as que me pas an.
-¿Ah, s í? -contes tó Paula burlona-. Supongo que nunca has des tacado por tu buen perder.
Valeria apretó los dientes .
Hacía tres años ya (¡parecía toda una vida!) Paula y Valeria habían s ido compañeras de trabajo en una agencia de publicidad
mulnacional. Des de el primer momento había exis do una rivalidad latente entre ellas . Valeria llevaba en la empres a ya un año y la
aparición de Paula había hecho que la atención de los hombres tuviera que dividirs e entre las dos en lugar de s er para ella en exclus iva.
Valeria es taba s aliendo en s ecreto con un creavo de la agencia, Marco, un s emental con el que tenía el mejor s exo de s u vida. Una
noche en la que en la agencia todos habían s alido de fies ta Marco la convenció, aprovechando s u borrachera, para hacer un trío con Paula.
Las dos es taban muy bebidas y aceptaron. Pero ya en la cas a de Marco, con las dos haciéndole una mamada, s e hizo evidente que no eran
mujeres a las que les gus tara comparr. Le chuparon la polla durante un buen rato, turnándos e y lamiendo una la punta mientras la otra
lamía los tes culos , pero cuando Marco es taba a punto de explotar ambas intentaron s er la única en recibir la leche del hombre. Paula
es tuvo más hábil y Marco s e corrió en s u boca. De inmediato Valeria la agarró de los cabellos y la bes ó con fuerza en la boca. Paula s e dio
cuenta de que lo hacía s ólo para arrebatarle el zumo que Marco había derramado entre s us labios , y las dos lucharon con s us lenguas por la
propiedad de la corrida.
Al s eparars e s us bocas al fin ya era obvio que iban a s er más que rivales : eran enemigas . El res to de la noche compieron por Marco,
por ver cuál de las dos le proporcionaba más placer, ambas rivalizando para cons eguir que Marco s e corriera dentro de ella y no de s u rival.
Cada una de ellas logró que Marco s e corriera dentro una vez: la primera dentro de Valeria, que agarró del culo a Marco para mantenerlo
dentro e impedir que Paula lo montara. La s egunda fue Paula la que logró recibir s u zumo, al tumbars e encima de Valeria y s ujetarla,
permiendo que Marco la follara por detrás , al es lo perrito. La tercera vez Marco s e corrió en las tetas de Paula, aunque algo de s u leche
s alpicó a Valeria también. Exhaus tos los tres , quedaron dormidos , abrazados todos . Al des pertar por la mañana, Valeria y Paula s e miraron
con malas caras , pero fingieron que no ocurría nada cuando Marco des pertó.
Una vez que Paula s e fue, Valeria agarró a Marco y le folló durante tres horas más , as egurándos e de que s u hombre recibía el
tratamiento adecuado para cons ervarlo en exclus iva.
-Eres mío, Marco, s ólo mío -le dijo Valeria mientras le cabalgaba con fuerza. Marco le chupaba las grandes tetas . Entendió que
Valeria no permitiría más tríos , ni lo compartiría con Paula.
Sin embargo Paula es taba dis pues ta a hacers e con Marco y s u magnífica verga, y durante las s iguientes s emanas intentó s educirlo y
follarlo en cualquier ocas ión. Marco era un hombre leal y paró s us avances , inclus o aunque des eaba volver a penetrar a aquella pelirroja
ardiente de tetas excels as . Pero le había prometido a Valeria que le s ería fiel y mantendría s u promes a mientras fues en novios .
Durante algunas s emanas Paula dejó de intentar ligar con Marco. Pero repennamente, Valeria fue as cendida en la empres a y
tras ladada a otra ciudad. A mil kilómetros de dis tancia, s u relación con Marco fue deteriorándos e has ta que fue impos ible de mantener, y
acabaron rompiendo.
Paula aprovechó de inmediato y empezó a s alir con Marco. Valeria s e enteró ens eguida gracias a una amiga que mantenía en la
agencia. La amiga, además , le contó que s e rumoreaba que el s orprendente as cens o de Valeria, y s u cons iguiente tras lado, había s ido un
favor que un jefe había pagado a Paula a cambio de unas s emanas de s exo loco. El jefe había cons eguido un coñito delicios o, Valeria un
as cens o y Paula había logrado que la novia del hombre que quería follars e es tuviera a una dis tancia s uficiente como para no interferir con
s us planes .
Valeria no había querido creerlo. Pero lo cierto es que concordaba con el carácter de Paula y con s u completa falta de es crúpulos .
En un viaje que Marco hizo a s u ciudad, cenó con él. Intentó llevárs elo a la cama (“por los viejos empos ”), pero Marco había
prometido a Paula que s ería leal con ella, y Valeria no había logrado follárs elo.
A los pocos mes es , Marco había encontrado trabajo en Nueva York y s e había ido. Como en el cas o de Valeria, s u relación con Paula
no había s obrevivido a la dis tancia, y habían roto. Paula s eguía en la oficina en la que s e habían conocido. No habían vuelto a vers e des de
hacía mes es .
Has ta ahora, en el avión.
Valeria s intió que el viejo odio por s u rival volvía a s er tan fuerte como antes . Le aceleraba el corazón.
Paula alzó s u maleta para guardarla en el compartimento de arriba. La hizo chocar contra el trolley de Valeria una, dos , tres veces .
-¿Qué haces ? Ten un poco de cuidado -protes tó Valeria, adelantándos e para impedir que Paula s iguiera golpeando s u maleta.
En lugar de retroceder, Paula dio un pas o hacia delante y s us cuerpos chocaron. Las cuatro tetas s e golpearon a través de las camis as
y las dos mujeres maniobraron, tratando de hacer que la otra retrocediera, frotando s us pechos con fuerza.
-Si hubieras colocado tu maleta bien… -gruñó Paula.
-Si eres tan torpe que no s abes ni cómo colocar una maleta… -gruñó a s u vez Valeria, alzando s us manos para agarrar la maleta y
forcejear.
Al s ubir los brazos , las tetas de las dos s e alzaron y s e frotaron con más fuerza, arriba y abajo. Las dos mujeres es taban muy juntas ,
las caras cas i rozándos e, las pelvis chocando cada poco.
-Dis culpen, yo les coloco la maleta -dijo la voz de una azafata, tomando la maleta.
Valeria y Paula s oltaron la maleta reluctantemente. Ya habían llamado la atención lo s uficiente. Aunque s u comportamiento era muy
extraño, Valeria pens ó que la azafata no s e había dado cuenta de lo que es taba pas ando. La azafata colocó con eficiencia las dos pequeñas
maletas y cerró el compartimento.
-Siéntens e, por favor, des pegaremos en unos minutos .
Se alejó a la cola del avión, dejándolas s olas . Rodeadas de gente s entada en s us as ientos as ignados , pero s olas , al fin y al cabo.
-Aparta que pas e, Valeria -dijo Paula de mal humor-. El as iento de ventanilla es mío.
-¿Has engordado y ya no puedes pas ar por es te hueco? -contes tó Valeria con una mirada des afiante.
No había hueco s uficiente para pas ar, era obvio. Las dos lo s abían. Y las dos s abían qué ocurriría s i Paula intentaba pas ar al as iento
de ventanilla s in que Valeria s aliera primero al pas illo.
-Aunque no haya hueco yo haré que lo haya -s us urró Paula.
Se colocó frente a Valeria y s e movió lateralmente, ocupando el es trecho es pacio que había entre el res paldo de la fila de delante y
el cuerpo de Valeria. Valeria s e mantuvo inmóvil, con una s onris illa en la cara. Paula s ena en s u culo el res paldo del as iento. Ins piró y
Valeria hizo lo mis mo. Las cuatro tetas s e levantaron dentro de las camis as al hacerlo, marcándos e contra la tela.
Las dos rivales s e miraron a los ojos . Ninguna de las dos quería mirar el es cote de la otra, como s i con ello fueran a admir alguna
clas e de debilidad.
Paula dio un pas o a s u izquierda. Valeria lo dio a s u derecha. La teta izquierda de Paula s e apretó contra el lado de la teta izquierda
de Valeria. Paula tuvo que reprimir un s us piro.
-¿Has echado de menos a mis chicas ? -s us urró Valeria, moviéndos e lentamente hacia el pas illo.
Paula s e movía muy des pacio hacia la ventanilla. Sus tetas izquierdas s e aplas taron con fuerza. Realmente no había es pacio. Sus
vientres es taban prácticamente pegados , s us ros tros a apenas unos centímetros y s us tetas impedían un pas o fácil.
-Aún recuerdo la úlma vez que nues tras tetas s e frotaron -contes tó Paula con el mis mo tono de voz, manteniendo la voz tan baja
que s ólo ellas podían oírla-. Mis tetas aplas taban a las tuyas mientras Marco me follaba por detrás . ¿Te acuerdas ?
Valeria s e acordaba. Con un gruñido, s e movió a s u izquierda más y las dos tetas izquierdas s e aplas taron has ta s obrepas ar a s u
rival. La teta izquierda de Valeria quedó enclaus trada entre las dos tetas de Paula. La teta izquierda de Paula, entre las dos de Valeria.
-Me acuerdo que des pués de aquella noche Marco decidió quedars e conmigo para s iempre -res opló Valeria.
Las tetas de las cuatro es taban apretadís imas . Les cos taba inclus o un poco res pirar. Paula tenía la es palda apoyada contra el
res paldo del as iento, pero Valeria s e s os tenía en pie en un difícil equilibrio.
-Tu “para s iempre” duró muy poco, ¿no? -dijo venenos amente Paula. Siempre había tenido la habilidad para s aber cómo hacer daño
con s us palabras -. Marco es taba des eando que te fueras para tener una excus a para romper contigo y quedars e conmigo.
-Supongo que tú s altas te como una loba en cuanto quedó libre -contes tó con rencor Valeria-. Te rechazó cuando podía es tar conmigo.
Se conformó contigo des pués .
Paula s inó s us mejillas enrojecer. Era una de las razones por las que más odiaba a Valeria. De alguna manera, Valeria había
ganado aquella batalla por Marco. Nadie s abía que s i Valeria había s ido as cendida y des nada a otra ciudad había s ido gracias a Paula. La
habían tras ladado porque Paula le había pedido el favor a un alto cargo al que le había chupado la polla media docena de veces .
As í que, en el fondo, Marco había preferido a Valeria a ella. Por lealtad, por miedo, por lo que fuera. Y es o le quemaba la s angre
des de entonces .
Furios a, trató de movers e para tras ladars e a s u as iento de ventanilla, pero s encillamente no había es pacio, y Valeria, al movers e en
dirección contraria, impedía s u pas o. Sus pechos batallaban s in que ninguna de las dos ganara un cenmetro. Uno de los botones de la
camis a de Paula s e des abotonó. Valeria pas ó la lengua por los labios , como s i hubiera ganado una batalla primordial.
Los dedos de Paula s e trans formaron en garras . Es taba des eando clavárs elos en la cara a es a zorra. Y Valeria es taba des eando
clavarle las uñas a ella también, lo s abía. Paula pens ó en dejars e llevar y empezar una pelea de gatas en es e mis mo momento, vengars e de
todos los malos ratos que había pas ado a caus a de es a rubia pretencios a de tetas grandes . Pero s abía que las detendrían y las echarían del
avión. Y ella neces itaba que el avión des pegara con ella dentro.
Empujó con s us tetas hacia delante, en lugar de hacia un lado, apoyando s u culo en el res paldo del as iento, y ens eguida s e dio
cuenta de que Valeria perdía el equilibrio. Valeria cayó hacia atrás y s e s entó. Las tetas de ambas s e s epararon cuando Valeria s e vio
obligada a s entars e en s u as iento. Des de arriba, Paula la miró con odio. Valeria tenía las piernas abiertas y s u ceñido s hort dejaba adivinar
s u coño. Las tetas , cubiertas por un s ujetador azul, s e le veían bien des de arriba.
-Gracias por cederme el pas o como s iempre, Valeria -dijo con una s onris a, y s e movió hacia s u s itio.
Des de abajo, Valeria podría haber extendido s us piernas y no haberla dejado pas ar. Poner s us bones a cada lado de las caderas de
Paula, contra el res paldo. O habers e levantado para s eguir la lucha. Pero es taba s egura de que ya debían haber llamado la atención de
alguien. Además , la azafata ya s e acercaba taconeando. Si quería pros eguir s u duelo con Paula, debería es perar.
El des pegue fue normal y corriente. Las dos enemigas habían decidido ignorars e tras s u turbulento y breve duelo y habían clavado los
ojos en el res paldo del as iento de delante, s in hacer cas o a la azafata que daba las ins trucciones de s eguridad. La azafata, en cambio, les
dirigía de vez en cuando miradas de curios idad. Se había dado cuenta de que entre es as dos pas ajeras ocurría algo extraño. Inclus o ahora,
cuando ambas fingían no pres tars e ninguna atención, podía percibir una abierta hos tilidad entre las dos .
Al des pegar, Paula miró por la ventanilla. El avión atraves aba las nubes .
-Me encanta tener as iento de ventanilla cuando vuelo -dijo en voz alta, con la mis ma s onris a que un as es ino habría tenido al hundir
s u puñal en el cuerpo de s u víctima.-. Tener es tas vis tas hace que realmente merezca la pena volar.
Valeria la miró con rencor.
-Sin duda tus vis tas s on mejores que las mías -bajó la voz has ta que era apenas un gruñido que s ólo ella y Paula podían es cuchar-.
Todo lo que veo s on unas tetas llenas de venas a punto de s alirs e de la camis a.
Paula reprimió un res pingo.
-Vaya, vaya. La envidia te afecta la vis ta, querida -contes tó bajando también la voz has ta que s ólo era un s us urro-. No hay venas a la
vis ta en es tas tetas . Sólo piel cremos a.
-No me hagas reír. ¿Envidia de qué?
-De mis tetas . Siempre la has tenido, des de el primer día que nos conocimos .
Paula arqueó la es palda para que s u pecho s e elevara. Des de s u s io, Valeria podía ver el s ujetador rojo de s u rival, que ceñía s us
tetas .
-No creo que tenga nada que envidiarte en es e as pecto, ni en ningún otro, querida -dijo des deños amente.
-Marco no pens aba lo mis mo, Valeria.
Ya es taba ahí el tema otra vez. Valeria s abía que iba a llegar tarde o temprano. Habían compedo por Marco des de el momento en
que s e habían conocido. No era la única razón de s u enemis tad, pero s í el mayor s íntoma. Sabía que no debía dejars e llevar por la furia, pero
inclus o tras tanto tiempo era difícil de evitar.
-Mientras Marco es taba cerca de mí, no pres taba atención a tus tetas , s ino a las mías , Paula, lo s abes perfectamente. Sólo pens ó en
ti cuando yo es taba a mil kilómetros .
Paula tragó s aliva. Dolía, porque en el fondo era verdad. Mientras Valeria había es tado cerca, increíblemente Marco s e había
res is tido a s us encantos .
-¿Y entonces por qué pidió el trío? -contraatacó, rabiando-. Para poder dis frutar de mí y de mis tetas .
-Y tan mala le pareció la experiencia que no quis o volver a repetir.
-Él querría, pero tú no s e lo permitis te porque tenías miedo de que me prefiriera a mí.
-Querida, s i te hubiera preferido a ti habría roto conmigo y s e habría quedado contigo. Y no lo hizo.
A Paula le hervía la s angre al es cuchar las des deños as palabras de Valeria.
-Igual que cuando empezó a s alir conmigo y s e dio cuenta de cómo era yo no quis o volver contigo, aunque hubieras regres ado.
Valeria intentó que no s e notara que las palabras de Paula le habían hecho daño. Era verdad. Marco había s eguido con Paula
des pués de que Valeria volviera a la ciudad. Y luego Marco s e había ido a Nueva York. Paula s e dio cuenta de que había tocado algo dentro de
Valeria y continuó provocándola:
-Claro, pobrecita, no me extraña que es tés as í. ¿Quieres que me abroche un botón para que no s igas viendo las tetas que Marco ha
chupado y mordido tantas veces ? A lo mejor es es o lo que te pone nervios a. Pens ar en la boca de Marco lamiéndome es tas tetas . Te lo es tás
imaginando ahora, ¿verdad?
Era como s i le es tuviera leyendo la mente. Valeria s e imaginaba la boca de Marco chupando los pechos de Paula, s u lengua
acariciando s us pezones , s us dientes mordiendo s uavemente s u erna pero firme carne. Paula connuó s us urrando, s us labios marcando
una mueca burlona:
-Pídemelo, Valeria, y lo haré. Di: abróchate un botón, Paula, no s oporto ver las tetas que Marco adora.
Lo que quería hacer Valeria era abofetear a Paula. O clavar s us uñas en las tetas de las que tan orgullos a s e s ena s u rival. Odiaba
la s onris ita de s uperioridad que adornaba la cara de Paula.
Decidió combar el fuego con fuego. Llevó s u mano a la camis a y des abrochó un botón lentamente. Al rerar la mano, arqueó
ligeramente s u cuerpo para que Paula tuviera una buena vis ta de s u es cote.
-Quizá s ea mejor que tú tengas una buena vis ta de las tetas que Marco chupó tantas veces -dijo s uavemente, complacida al ver que
los ojos de Paula centelleaban al mirar s us pechos -, las que le volvían tan loco que no le dejaban pens ar en putas calientapollas .
Las dos s e examinaron, midiendo s us tetas , calculando s us tamaños . Antes habían frotado s us s enos , comprobando s u firmeza,
cuando Paula quería pas ar al as iento de ventanilla. Y dos años antes , des de luego, s e habían vis to des nudas durante el trío que habían
compardo con Marco. Pero ahora, tras el intercambio de ins ultos s obre s us tetas y cuáles eran las preferidas de Marco, s e miraban de una
manera dis nta, midiéndos e, calculando cuál de las dos tenía mejores tetas . Paula veía el s ujetador azul de Valeria, muy ceñido contra s us
pechos , como s i llevara una talla menos de la que le corres pondía.
Una azafata pas ó camino de la cola del avión. Paula es peró a que s e alejara para s us urrar:
-¿Cuánto hace que no te las chupan, Valeria? ¿Por es o las llevas tan apretadas ?
-¿Y tú? Te van a reventar como s igas con el s ujetador tan apretado. ¿Te olvidas te de que te han pues to s ilicona y llevas la talla que
us abas antes ?
-No hay nada de cirugía aquí. Te parecen más grandes porque s on más grandes que las tuyas , s on mejores . Por es o Marco las
prefiere.
-No me hagas reír. No s on mejores que las mías -s is eó Valeria-. Ni más grandes . Si Marco es tuviera aquí…
-Pero no es tá. Sólo es tamos tú y yo.
Aunque eran cons cientes de que es taban rodeadas de gente, Paula y Valeria s e s enan como s i es tuvieran s olas . Ellas y s u vieja y
amarga rivalidad.
-Solas tú y yo -as intió Valeria-. Puedes admitir que tengo mejores tetas , Marco no te va a oír.
-Pero no las tienes .
-Claro que s í, Paula. Es o es lo que te jode des de el principio. Que tengo mejores tetas y todo el mundo lo s abía. Tú también.
-Ya, claro. Lo s abía todo el mundo, ¿no? Menos Marco. Cómo me mordía las tetas cada vez que follaba conmigo. Nunca tenía bas tante.
¿Y s abes qué, Valeria? Cuando me mordía y me chupaba las tetas yo pens aba en ti, en lo que te es tabas perdiendo en es e momento. Pens aba
que a lo mejor es tabas en tu cas a, s ola, haciéndote un dedo mientras mi hombre me follaba como un animal y dis frutaba de mis tetas . Y te
as eguro que no s e acordaba de las tuyas en abs oluto.
Valeria es taba pálida de rabia.
-No puedo decir que hayas mejorado en es te empo, Paula -dijo Valeria con odio-. Sigues s iendo la mis ma puta as queros a de
s iempre.
Puta. Ahí es taba la palabra que las dos habían des eado pronunciar durante años . Es o es lo que pens aba cada una de la otra. Que
era una puta.
Paula s onrió des pectivamente, como s i hubiera ganado la batalla. Es o enrabietó a Valeria.
-Si no es tuviéramos aquí en el avión… -comenzó a decir Valeria.
-¿Qué harías , Valeria?
-Te probaría que tengo mejores tetas que tú. Ahora mis mo.
Paula aguantó la res piración por un s egundo, imaginando que ella y Valeria s e enzarzaban al fin en una pelea, como había des eado
des de práccamente el momento en el que s e habían conocido. Des de que s e habían encontrado, y des de que s e había enterado de que
aquella era la novia de Marco, había des eado jalarle los cabellos y abofetearla, arañar s u cuerpo, morderla, obligarla a llorar y admir que
Paula era mejor mujer.
-Puedes intentar probarlo, Valeria -s us urró, intentando que no s e notara la excitación que la embargaba.
Valeria s e lamió los labios . Ella también s e imaginaba enganchada a la pelirroja, dándole bofetones , clavando s us uñas en la piel
s uave de s u rival, s us piernas trabadas , golpeándos e y arañándos e has ta que Paula admiera s u derrota. También ella había s oñado es a
pelea des de que había vis to por primera vez a Paula.
-Vamos al baño ahora mis mo -dijo Valeria con voz ronca-. Sólo neces ito dos minutos .
Ambas s e des abrocharon el cinturón e hicieron un amago de levantars e, pero al mirar la puerta del cuarto de baño s e dieron cuenta
de que tenía encendida la luz de ocupado.
Paula volvió a s entars e y miró con des precio a s u rival.
-Has tenido s uerte, Valeria. Pero en cuanto quede libre el baño…
Valeria s entía que la s angre le hervía. Su corazón latía violentamente.
-Yo no quiero es perar para ponerte en tu s itio, zorra -s us urró.
Sacó de debajo del as iento la manta de cortes ía que la línea aérea ponía a dis pos ición de los pas ajeros y la extendió. Paula la
miraba s in comprender.
-¿No enes frío, Paula? Con es a falda tan corta y es a blus a con la que práccamente vas ens eñando las tetas s eguro que es tás
pas ando un poco de frío.
Paula comprendió las intenciones de Valeria, cogió s u propia manta y la des dobló.
-Ahora que lo dices , no me vendría mal taparme un poco. Aunque ahora tus vis tas s erán peores . Yo por lo menos puedo mirar por la
ventanilla, pero tú… Antes al menos tenías un precios o es cote que admirar.
Ninguna de las dos podía reprimir una mueca de odio mientras s e tapaban con las mantas has ta el cuello, ocultando s u cuerpo a la
vis ta de cualquiera que las mirara, fuera azafata o pas ajero. Los extremos de las mantas s e rozaban, creando una gran extens ión de tela que
cubría a las dos rivales como s i fuera una tienda de campaña.
Las dos mujeres s e miraron a los ojos . Des deños amente, Paula des afió a s u enemiga, s us urrando:
-¿Y ahora qué? ¿Qué es lo que me ibas a demos trar, puta?
Por debajo de las dos mantas , la mano izquierda de Valeria llegó has ta el pecho de s u rival, hizo a un lado la blus a y alcanzó el
pecho derecho de Paula. Paula reprimió un es calofrío mientras la mano de s u odiada rival maniobraba entre los pliegues de s u blus a y s e
pos aba s obre s u pecho, lo pres ionaba s uavemente y comprobaba s u firmeza.
-¿Te gus ta lo que tocas , Valeria? -s us urró Paula tratando de mantener la res piración tranquila.
Valeria ahuecó s u mano y agarró s u teta derecha, acariciándola como lo haría un amante. Paula s e mordió el labio inferior.
-Es a a quien le gus ta, Paula. Tienes el pezón duro como una piedra -s is eó Valeria, apretando la palma contra el pezón de s u rival,
s intiendo s u dureza en la mano por debajo del s ujetador.
Paula movió s u mano bajo las mantas para copiar la acción de s u enemiga. Alcanzó el es cote de Valeria y movió la mano como una
s erpiente adentrándos e en el nido de una pos ible pres a. Sinó en s us dedos la s uave piel de Valeria, tocó s u pecho izquierdo y bus có de
inmediato el pezón enemigo bajo la tela del s ujetador. Es taba duro.
-¿Y tú? Podrías arañar una plancha de acero con tu pezón. ¿Te pone que te toque, bollera?
Valeria s is eó mientras s u enemiga pelirroja acariciaba con el índice s u pezón, circularmente. Cerró los ojos por un s egundo y volvió a
abrirlos . No podía creer que s u duelo no es tuviera llamando la atención del pas aje. Las dos res piraban con fuerza, y aunque s e mordían los
labios para no gemir, Valeria s e imaginaba que en el as iento de delante las es taban es cuchando ins ultars e y provocars e.
-Dis fruta, puta as queros a -connuó Paula, acariciando s u pezón-. Es tás es a como la perra en celo que s iempre has s ido. Apues to a
que abajo también es tás ties a, ¿verdad? Ties a y empapada.
Valeria s e preguntó cómo s abía Paula que s u clítoris es taba engordando y endureciéndos e, que s u raja s e humedecía con el contacto
de la mano enemiga. Imaginó que s i Paula lo decía era porque ella es taba s intiendo lo mis mo.
-¿Y tú? -gruñó mientras s us dedos índice y pulgar pinzaban el pezón de s u rival-. ¿Por qué es tás tan dura? Tienes los pitones que van
a reventar y tu coño debe es tar empapándote las bragas , s uponiendo que lleves .
Ahora era el turno de Paula de gruñir y morders e el labio para no gritar de placer. Porque es o era lo que le es taba dando la mujer
que más odiaba en el mundo: un placer tan intens o que pens aba que iba a corrers e de un momento a otro. Agarró el pezón de Valeria y lo
pellizcó, tratando de hacerla daño. Sonrió al notar el res pingo de Valeria, y cómo s e es forzaba por no gritar de dolor.
-Vamos , puta, aguanta -s us urró Paula mientras hincaba s us uñas en el s ens ible pezón de s u rival-. No me digas que no puedes
aguantar un poquito de dolor.
Valeria s e revolvió en s u as iento, pero no emió ningún gemido. En lugar de es o abrió la palma de la mano y clavó s us uñas en la
teta de Paula. Es ta vez fue el turno de Paula para poners e es a en el as iento, tratando de aguantar el dolor. Las uñas de Valeria s e clavaron
en s u teta. Valeria retorció la garra que es taba des trozando la teta de Paula.
-¿Y tú, Paula? -s us urró- ¿Puedes aguantar un poco de dolor? Porque te voy a dar dolor, puta. Aguanta s i no quieres que…
Se calló en mitad de la fras e porque Paula contraatacó clavando s us uñas en el pecho de Valeria, es trujándolo bajo s us dedos .
-Aguanta tú, Valeria… Vamos a ver quién puede más .
-Voy a des trozarte.
-Te voy a partir en dos la teta.
-Te voy… a ordeñar…, puta.
-Te voy a… reventar… la teta… de perra que tienes …
-¿Te gus ta cómo te des trozo, puta?
Las dos mujeres s e es trujaban bajo las mantas , haciendo todo el daño de que eran capaces , tratando de s oportar el dolor de las
uñas enemigas .
-Te odio, puta.
-Me vas a odiar más , guarra.
Las dos tenían lágrimas en los ojos . Valeria quería gritar, aullar de dolor, pero tenía que s oportarlo como fuera. Si gritaba, en el avión
s e darían cuenta de lo que es taba pas ando entre ellas y las s epararían. Y no quería que la s epararan de Paula, porque s abía que s i ella
es taba s ufriendo de dolor, Paula también. Es taba dis pues ta a aguantar con tal de hacer daño a Paula, de hacerla retorcers e de dolor en s u
as iento. Además s i gritaba s ería como s i perdiera ante ella, y no quería perder, de ninguna manera. Si alguien gritaba s ería Paula, no ella.
Es taban en s ilencio des de hacía algunos s egundos . Ya no s e provocaban ni s e ins ultaban. Guardaban todas s us energías y voluntad
para no gemir de dolor y para hacer el máximo daño pos ible a s u rival. Era en lo único en que pens aban. En hacer tanto daño que la otra
tuviera que rendirs e, o gritar y admir s u derrota. Se revolvían en s us as ientos y apretaban tanto como podían, clavando s us uñas tan
profundamente como eran capaces . Valeria miraba a los ojos a Paula en bus ca de un s igno de flaqueza, pero s ólo encontró odio en ellos , un
odio que nacía de dentro y pas aba a través de los ojos húmedos por las lágrimas . Valeria entendía el s enmiento porque ella también
odiaba a Paula con toda s u alma, y es peraba que en s us ojos s e reflejara la mis ma pas ión, que s u rival s inera la mis ma intens idad de
repuls a.
Apretó más fuerte, aunque pens aba que era impos ible. Paula tembló bajo s u mano. Por un momento pens ó que al fin iba a rendirs e,
pero en es e momento oyeron una voz detrás de ellas , en el pas illo:
-¿Todo va bien aquí? -preguntó una azafata junto a s u fila- Tiene us ted mala cara.
Las rivales aflojaron ligeramente s u pres a en el pecho enemigo, s in llegar a s oltarlo. Paula trató de fingir una s onris a. Valeria
dis frutó del es fuerzo que tenía que hacer s u enemiga para no gemir ante la azafata y dar la s ens ación de que no s ucedía nada.
-Es s ólo que… me he mareado un poco, nada más -dijo Paula levantando apenas la voz para evitar que una palabra s e convirera en
un grito de dolor.
-Le traeré una as pirina en un momento.
-No s e moles te, no es neces ario… -balbuceó Paula. Valeria volvía a apretar, bajo la manta, y retorcía s u garra.
-Claro que s í, Paula -dijo Valeria-. Te vendrá bien para el dolor es e que decías antes que tenías . No hay que hacers e la valiente. Si es
normal que te cues te s oportar el dolor. Siempre has s ido un poco debilucha.
La res pues ta de Paula fue un violento es trujón a s u teta que hizo a Valeria ver las es trellas . Aguantó s in gritar por poco, mientras las
uñas de Paila des garraban cruelmente la piel de s u pecho, y s us dedos retorcían la carne, bus cando hacerla daño, humillarla delante de la
azafata.
-Creo que a ti también te dolía algo, Valeria -dijo Paula, apretando s u pres a-. Pide ayuda, querida, no hay neces idad de s ufrir.
Sus ojos volvieron a cruzars e, húmedos de lágrimas . A ninguna les cabía más odio en el cuerpo.
-Iré a por dos as pirinas -dijo la inocente azafata. Y s e alejó en bus ca de la medicina.
En cuanto s e hubo alejado de vis ta, Paula y Valeria incrementaron la fuerza de s us garras y retorcieron s us dedos en bus ca del mayor
daño pos ible.
-Aah, puta, zorra as queros a -gimió Valeria en voz baja-. Suelta mi teta o voy a arrancarte la tuya.
-Aaah, furcia, hija de puta -res pondió con un gemido s imilar Paula-. Suelta tú o te des trozo tu teta de vaca.
Se concentraron en retorcer los dedos clavados durante unos s egundos más , has ta que la azafata volvió con las dos as pirinas .
-Aquí es tán s us as pirinas , s eñoritas -dijo s uavemente, s in s os pechar nada de lo que ocurría entre las dos bellas mujeres .
Las dos rivales s e miraron con odio. No podían coger la as pirina s in quitars e la manta de encima. As ineron cas i
impercepblemente. Los dedos de Valeria dejaron de apretar el pecho de s u rival rubia, y la garra de Paula s e aflojó para librar la teta de
Valeria.
Libre de la garra de s u enemiga, la teta de Valeria parecía palpitar de dolor, un dolor agudo que lanzaba olas eléctricas por todo s u
cuerpo. Cas i le dolía más ahora que mientras Paula apretaba s u pecho. Tuvo que morders e la lengua para no gritar, y tras unos ins tantes el
dolor empezó a hacers e más s ordo y s oportable.
Mientras , Paula s ena algo parecido en s u teta derecha, como s i le ardiera. Notaba las uñas de Valeria como s i aún es tuvies en
clavadas en s u pecho. Sacó la mano de debajo de la manta y cogió la as pirina que le daba la azafata.
-Tómate la as pirina como una buena niña, Paula -le dijo Valeria a s u compañera de as iento-. Que luego te quejas de dolores .
Paula la miró con odio mal dis imulado. Luego apartó la manta, des cubriendo los cuerpos de las dos . Las dos rivales miraron
ans ios amente el pecho rival en bus ca del daño que habían provocado. La camis a roja de Paula tenía tres botones des abrochados y Valeria
podía ver las marcas de s us uñas en la piel perfecta de Paula. La s onris a des deños a de Paula le indicó que ella mis ma también debía es tar
mos trando las s eñales de la es caramuza bajo s u camis a blanca.
-Se te ha des abotonado la camis a, querida -dijo Valeria-. La gente va a pens ar cualquier cos a de ti.
Paula s e abotonó cuidados amente uno de los botones , s ólo uno, s in decir nada a s u rival. Luego tomó el vas o de agua que le ofrecía
la azafata y s e tragó la as pirina y el agua. Valeria s onreía. Ya le dolía menos el pecho, al ver a Paula con es a docilidad, como s i la hubiera
batido en el duelo de es trujar tetas . Cogió el vas o de agua de la azafata y s e lo bebió de un trago con la as pirina.
La azafata recogió los vas os de plás tico.
-Si quieren otra cos a, no duden en llamarme -dijo antes de alejars e de s us as ientos .
En cuanto la azafata s e fue, Paula empezó a movers e en s u s itio. Valeria pens ó que iba a poner la manta encima de las dos de nuevo
para pros eguir la pelea, pero no fue as í: Paula s e había pues to de pie. Por un momento temió que Paula la fuera a atacar, pero no. La
pelirroja la miraba des de arriba con des precio. Valeria ins piró aire profundamente para que Paula viera s us tetas aún más grandes . Paula
tuvo que morders e el labio inferior. Nada des eaba más que lanzars e contra s u rival rubia y atacar es as tetas de las que s e s ena tan
orgullos a. Pero no lo hizo.
-¿No neces itas refres carte un poco, Valeria? -s is eó Paula.
Valeria la miró. Paula le indicó con un movimiento de cabeza la dirección del as eo: ahora es taba libre para ellas dos . No hacía falta
ocultars e debajo de una manta.
Valeria s e des abrochó el cinturón de s eguridad y s e levantó s in pris as , dis frutando de la cara de odio de Paula. Se recolocó la camis a
cuidados amente y s alió al pas illo.
-Es pera un poco antes de venir, Paula -s us urró.
Caminó hacia el s ervicio, exagerando el movimiento al andar, dándole aire a las caderas , porque s abía que Paula es taría mirándola
des de el as iento. Que s e fijara en s u culo ceñido por los s horts , que s e fijara en s us largas piernas .
Paula vio a Valeria contonears e has ta el as eo. Es a puta. Es a furcia as queros a. Ahora que ella no podía verla, s e frotó un poco el
pecho. Aún le dolía. Es peraba que Valeria es tuviera tan dolorida como ella. Se forzó a es perar un poco más . Quería ir allí de inmediato, pero
llamaría demas iado la atención. Y no querían llamar la atención. Habían pas ado diez s egundos y la puerta del as eo es taba cerrada y con la
s eñal roja de ocupado.
Dejó que pas aran diez s egundos más .
Sena hervir la s angre, notaba el corazón acelerado. Se preguntó qué es taba haciendo Valeria dentro del baño. Quizá es taba
llorando de dolor, frotando s us tetas . Iba a des trozarle las peras , s e prometió Paula. Iba a hincar las uñas aún más fuerte.
Habían pas ado diez s egundos más .
Se ajus tó la minifalda en torno a s us caderas . Ojalá Valeria pudiera ver s u culo mientras caminaba hacia el as eo. Era mucho más
firme que el de Valeria. Y llevaba la falda tan ceñida que era evidente. Cualquiera de los pas ajeros que las hubieran vis to pas ar a las dos lo
pens aría: la rubia tenía un buen culo, pero el de la pelirroja era mucho mejor.
Llegó a la puerta del as eo. ¿Era demas iado pronto? Miró a ambos lados , tratando de averiguar s i había alguien pendiente de ella.
Había dos o tres hombres que no le quitaban ojo. No podía pas ar al baño ocupado mientras ellos la es tuvieran mirando as í, comiéndos ela
con los ojos . Les devolvió la mirada con furia, has ta que ellos apartaron la vis ta.
Diez s egundos más de es pera, s e dijo. Que no crea que es tás ans ios a. Haz que es pere un poco más , que s e ponga nervios a. Se le
ocurrió que quizá Valeria s e acobardaría y no abriría la puerta. Se imaginó a Valeria temeros a tras la puerta y es o al mis mo empo la excitó y
la enfadó. La excitaba pens ar que Valeria le tenía miedo; la enfadaba no tener la oportunidad de vencerla.
Dio dos rápidos y s uaves toques en la puerta.
La puerta s e abrió ligeramente. Valeria es taba dis pues ta para la lucha. Es o la excitó aún más , notaba en la entrepierna un repenno
calor. Mira a un lado y a otro: nadie la es taba vigilando. Abrió la puerta del todo y dio dos rápidos pas os dentro.
Valeria es taba de pie frente a ella en el diminuto cubículo, con las piernas abiertas y la camis a blanca des abrochada, mos trando
s us tetas ceñidas en el s ujetador azul.
-Cierra, Paula.
Es taban muy cerca la una de la otra. Paula cerró la puerta y colocó el pes llo s in dar la es palda a Valeria. Notaba el calor que
emanaba de la otra mujer. La miró con fijeza, recreándos e en la manera en que s us cremos as tetas s obres alían del s ujetador, s as fecha al
ver los arañazos que s us uñas habían caus ado en la teta de s u rival.
Los pezones de Valeria s e marcaban bajo el s ujetador.
-Por tus pezones veo que realmente me es tabas es perando, Valeria -s us urró Paula, apoyando la es palda contra la pared del s ervicio.
Sus manos empezaron a des abotonars e la camis a.
-Llevo es perando es to años -s us urró Valeria. Los ros tros de las dos s e llenaron de odio. Paula terminó de des abotonar la blus a y la
abrió para mos trar orgullos amente s us tetas . Valeria s e fijó en que los pezones de Paula s e marcaban bajo el s ujetador rojo, igual que los
s uyos , y s eñaló con des precio-. Veo que tú también has es tado es perando es to años .
-Des de el primer día que vi a Marco -admió Paula-. Y des de el primer día que vi tu cara de puta, meneándote como una furcia en la
oficina.
-Tiene gracia que lo diga la zorra de la oficina -contes tó Valeria con una s onris a torcida, llena de rabia-. La que iba bus cando a
diario una polla que chupar.
-Al final cons eguí la mejor, ¿no, Valeria? Marco lo dejó contigo y bus có a quien mejor s e la iba a comer.
Con un gruñido de rabia, Valeria s e abalanzó contra Paula. Paula s e ró al mis mo empo contra ella. No había es pacio más que para
dar un pas o antes de chocar, y los cuerpos de las dos mujeres lo hicieron con fuerza. Paula notó las tetas de Valeria chocando contra las
s uyas , s u vientre golpeó el de Valeria y las dos movieron s us largas piernas tratando de enredars e con las de s u rival. Paula agarró de la
muñeca la mano derecha de Valeria, mientras intentaba alcanzar con la s uya las tetas de Valeria. Pero Valeria atrapó la muñeca de Paula
antes de que s us uñas pudieran alcanzar s u pecho.
Forcejearon en bus ca de una oportunidad de arañar el pecho rival, mientras s us cuerpos chocaban. Sis earon rabios amente,
tambaleándos e en el es trecho cuartito.
-Voy a reventarte, puta, te voy a des trozar las tetas -gruñó Paula, empujando con todo s u cuerpo a Valeria para hacerla caer s obre el
as iento del váter. Pero Valeria aguantaba el empujón y empujaba a s u vez. Sus piernas s e rozaban mientras las dos trataban de liberar s us
manos para poder atacar a la rival.
-¿No has tenido bas tante con lo de antes , puta? -s us urró entre jadeos de es fuerzo Valeria, haciendo chocar s u cuerpo contra la
pelirroja-. Suéltame la mano s i quieres s aber lo que es bueno.
Paula jadeó mientras el cuerpo de Valeria s e retorcía contra el s uyo. Notaba las tetas a punto de es tallar, como s i quis ieran es capar
de s u s ujetador.
-¡Yo no neces ito las manos para reventarte las tetas , puta! -gruñó la pelirroja, y movió s u cuerpo para que s us tetas golpearan las
tetas de Valeria.
Valeria gimió al s enr s us tetas aplas tadas por el poderos o par de Paula. Paula movía frenécamente s us tetas arriba y abajo,
golpeando con s aña las tetas de la rubia. Valeria notaba los golpes de los pechos rivales como s i fueran mazazos .
-¿Te gus ta? ¿Te gus ta, puta? -gruñía Paula, jadeando con cada golpe que propinaba a s u rival-. Ojalá es tuviera Marco aquí para ver
cómo te des trozo.
Valeria gemía. Trató de apartars e de las tetas enemigas , pero no había es pacio en el cubículo y las dos mujeres es taban apretadas
la una contra la otra. Notaba s us tetas doloridas , pes adas , cada vez que Paula las golpeaba con s us grandes pechos . Se mordió los labios
para no gritar de dolor. No podía permitir que en el avión des cubrieran s u lucha; es pecialmente s i era ella la perdedora.
-Puta… zorra as queros a… s uéltame y verás …
-Ya no eres … tan valiente… no es tás tan… orgullos a de tus … ubres de vaca… -murmuraba entre jadeos Paula, golpeando ahora más
lentamente por el cans ancio.
Valeria s e dio cuenta de que tenía que hacer algo o la pelirroja iba a des truirla. Notaba las largas piernas de Paula contra las s uyas ,
fuertes y al mis mo empo s uaves . Apretó s us piernas contra las de Paula, intentando hacerla retroceder, y Paula retrocedió un poco. Entonces
Valeria arqueó s u es palda y s us tetas chocaron con fuerza contra las de Paula.
-Aaaahh… puta -gimió Paula, s orprendida por el golpe propinado des de delante.
Paula s e alzó s obre las punllas para elevar s u tors o y luego golpeó hacia abajo una vez más , impactando en las tetas de Valeria
des de arriba, haciéndola gruñir. Pero ahora Valeria había encontrado una manera de contraatacar, y de nuevo arqueó la es palda para golpear
de frente las tetas rivales . También s u tripa golpeó la de Paula y la hizo retroceder un poco más .
Se enzarzaron en un intercambio de golpes de tetas , como s i es tuvieran boxeando con ellas . Paula atacaba des de arriba; Valeria de
frente. Las dos es taban doloridas tras algunos tetazos y s e apoyaron la una en la otra para des cans ar un poco. Valeria notaba una fina capa
de s udor cubriendo s u cuerpo. Sus tetas s e apretaban contra las de Paula y notaba la res baladiza piel de s u rival pelirroja. Soltó s u muñeca y
Paula liberó la s uya, pero es taban tan apretadas la una contra la otra que era impos ible atacar las tetas rivales , y más bien s e abrazaban
mientras intentaban perforar las tetas rivales .
-¿Notas … notas … mis tetas … des trozando las tuyas …? -s us urró Paula, s egura de que es taba venciendo la batalla.
-No noto… nada… furcia… nada… -gruñó Valeria apretándos e aún más contra s u rival para impedir que Paula la s iguiera cas gando
con s us poderos os tetazos des de arriba.
Manoteó en bus ca de un as idero y en es e momento Valeria des cubrió que la minifalda de Paula s e había ido des lizando hacia
arriba, hacia s u cintura, dejando libres la mayor parte de s us piernas y s u culo. Y s i s u culo ya no es taba protegido por s u falda, pens ó
Valeria…
Agarró con la mano izquierda los cabellos pelirrojos de Paula. Paula res pondió, como es peraba, agarrando s u melena rubia con las
dos manos .
Las dos mujeres movieron las piernas , tras tabillando mientras roneaban de los pelos y gruñían, a punto de chillar de dolor. Sus
cuerpos s e s epararon un poco… y entonces la mano derecha de Valeria bajó has ta la entrepierna de s u rival y agarró s u coño a través de las
bragas .
Paula gimió al s enr la garra de s u rival en s u coño. Intentó apartars e, pero realmente no había es pacio. Su es palda chocó contra la
pared del as eo y s u rival la s iguió con una s onris a s ádica.
-¿Qué ocurre, Paula? Es tás tan mojada… ¿Te gus ta que mis tetas s e froten contra las tuyas ? ¿Te gus ta que te toque el coño? -preguntó
rabios a Valeria.
Paula intentó s ujetar la mano de Valeria, pero no podía impedir la pres a en s u coño, y no lograba hacerla s oltarla, as í que optó por
atacar ella mis ma el coño de s u rival. Por des gracia, Valeria no llevaba falda, s ino unos ceñidos s horts , y Paula no podía acceder
directamente al coño de s u rival.
De repente el s entido de la lucha había cambiado y ya no s e trataba de quién de las dos podía hacer más daño a las tetas de la rival.
La mano de Valeria s e meó dentro de las bragas de Paula s in que pudiera evitarlo, y empezó a acariciar s u coño s uavemente,
trazando círculos en torno a s u abertura.
-Puta… Pareces un lago… Te es tás corriendo como una zorra s ólo porque te toco…
Valeria meó dos dedos en el coño de Paula. Es taba realmente húmedo y entraron profundamente. Paula tuvo que morders e el labio
para no gritar de placer.
-¿No dices nada, Paula? Vamos , te es toy haciendo la paja de tu vida. Agradécemelo… Háblame de tus tetas como antes , valiente.
Los dedos de Valeria la es taban follando con fuerza ahora y Paula s ólo podía contraatacar frotando la palma de s u mano contra los
s horts de Valeria. Valeria jadeaba de vez en cuando, pero no era nada comparable a lo que es taba arrancando de Paula, los connuos
gemidos que le es taba provocando s u enemiga rubia.
En es e momento s onaron dos golpes en la puerta del cuarto de baño y oyeron la voz de la azafata.
-¿Es tá todo bien ahí dentro?
Paula y Valeria s e miraron a los ojos con fijeza. Valeria no detuvo s u ataque y s iguió follando el coño de la pelirroja con s us dedos .
Añadió un tercer dedo, que s e des lizó fácilmente dentro del coño de s u rival y la hizo es tremecers e.
-Todo va genial -dijo en voz alta, s in que le temblara la voz, aunque Paula s eguía res tregando la palma de s u mano contra la tela que
protegía s u femineidad-. Acabo ens eguida.
-Lleva ya un rato ahí dentro -ins is tió la voz de la azafata.
-No me falta nada para terminar -contes tó Valeria con s eguridad, mientras los tres dedos follaban aún con más fuerza a Paula.
Paula tembló y empezó a corrers e. Su boca s e abrió para gemir, pero Valeria s e abalanzó s obre ella y s ofocó el s onido que s alía de
s us labios con un violento bes o. Los gemidos quedaban ahogados contra la boca de Valeria mientras ella s eguía follando a Paula con s us
largos y habilidos os dedos , una y otra vez, haciéndola corrers e con tanta fuerza que Paula pens ó que iba a des mayars e. Paula s oltó la
melena rubia de s u rival, y dejó de apretar s u mano contra el coño de Valeria, derrotada, y Valeria connuó follándola unos s egundos más ,
has ta que el coño de Paula dejó de es tremecers e.
Valeria apartó s u boca de la boca de Paula y dejó que res pirara, jadeando. Soltó la melena pelirroja y s e echó un pas o para atrás .
Agotada, las piernas de Paula s e aflojaron y es tuvo a punto de caers e.
-Me hubiera gus tado que Marco es tuviera aquí, como tú decías -s us urró Valeria a s u odiada rival, que no podía s iquiera s os tenerle la
mirada-. As í habría comprobado que s igo s iendo mejor que tú.
Se inclinó s obre Paula y s e limpió la mano, empapada de los líquidos de Paula, res tregándola contra las tetas de la pelirroja. Fue a
aclarars e la mano en el pequeño lavabo, pero s e lo pens ó mejor. Se llevó los dedos a la nariz y as piró profundamente.
-Va a olerme la mano a puta todo el viaje, pero creo que ha merecido la pena -s is eó Valeria mientras s e abrochaba la blus a
rápidamente.
Apartó a Paula, que era incapaz de res ponder, y abrió la puerta.
-Adiós , zorra -s e des pidió de Paula-. Procura que nadie te vea as í o pens ará que eres una puta barata.
La rubia s alió del pequeño cuarto de baño y fue hacia s u as iento, mientras Paula s e levantaba trabajos amente. Cerró la puerta del
baño y s e miró en el es pejo: era la viva imagen de la derrota. Tenía el ros tro s urcado de lágrimas , es taba completamente des peinada y s u
pecho es taba cubierto por s us propios jugos .
Le dolían las tetas tras la batalla, pero le dolía más el orgullo. Pens ó que s i Marco hubiera es tado allí habría elegido a Valeria, y es o
no podía s oportarlo. No podía s oportar que Valeria quedara por encima de ella. No la cons olaba que al principio de la extraña pelea fuera
Valeria la que es tuviera perdiendo; Paula es taba s egura de que s i hubiera s ido s ólo una pelea de tetas , ella habría ganado. Paula tenía
mejores tetas , lo es taba demos trando. Pero no había reglas entre ellas , es o es taba claro. Y Valeria había tenido s uerte, s e dijo. Suerte de no
llevar falda y s í s horts . Paula no había podido acceder a s u coño con la mis ma facilidad.
Tenía las bragas empapadas .
-Es to aún no ha terminado, puta de mierda -mas culló. Se abotonó la camis a roja, s in preocupars e de lavars e el pecho. Se dijo que era
como llevar una herida de guerra. Se atus ó un poco el pelo. Bajó s u minifalda has ta que es tuvo pres entable y abrió la puerta del baño.
Se encontró con la azafata, que es taba a punto de llamar a la puerta de nuevo. La azafata era una morena de piernas largas pero de
muy poco pecho. La miró con curios idad. A lo mejor s os pechaba algo.
-¿Todo bien aquí? -preguntó.
A Paula le parecía que le es taba mirando las tetas enrojecidas , que tenían las s ecuelas de la batalla.
-Todo bien. Ningún problema -dijo en voz baja, avergonzada.
La azafata s e apartó y Paula s e dirigió hacia s u as iento. Tenía la s ens ación de que todo el mundo la miraba y s abía que Valeria la
había hecho corrers e en el cuarto de baño. Mantuvo la cabeza alta, pens ando que no podía s er. La miraban porque era una a buena, porque
tenía las piernas largas , el culo firme y las tetas grandes . Porque no había nadie en es e avión que es tuviera más buena que ella. Cualquiera
de es os hombres s e dejaría cortar la mano a cambio de echar un polvo con ella, s e dijo. Valeria no es taba más buena que ella. Marco no
habría elegido a Valeria porque en una lucha jus ta Paula habría hecho que Valeria s e corriera has ta por las orejas .
Siguió recorriendo el pas illo, cada vez con más s eguridad, inclus o cimbreando las caderas y taconeando, fuerte y s egura, has ta que
llegó a la fila de s u as iento.
Valeria había ocupado s u s itio, junto a la ventanilla, y la miraba burlonamente.
-Has tardado mucho. ¿No te habrá s entado mal algo?
Paula pens ó en pedirle que s e levantara de s u as iento, pero en cierta manera s ena que Valeria s e había ganado el privilegio de
ocupar el as iento de ventanilla, por mucho que le doliera. Pero s e promeó que antes de que terminara el vuelo es e as iento s ería s uyo de
nuevo.
-Al contrario, es toy mejor que nunca -contes tó con bravura Paula, con las manos en las caderas , des afiantemente, ofreciendo a s u
rival una buena vis ta de s u magnífico cuerpo-. He pens ado que voy a res olver de raíz cualquier problema que tenga.
Valeria s e llevó con una s onris a burlona la mano a la nariz y la olió s uavemente. Ante la provocación, Paula enrojeció.
-Es o s uponiendo que puedas res olverlo -contes tó Valeria con s uavidad.
-Sólo lo s abremos de una forma -res pondió Paula.
-Oh, des de luego -dijo Valeria, cogiendo la revis ta del avión para demos trar lo mucho que des preciaba a s u rival.
Paula quería abofetear a Valeria, pero no era el momento. Ya s urgiría la oportunidad. Se s entó en s u nuevo as iento y s e abrochó el
cinturón. Aún quedaban muchas horas de viaje. Ya llegaría s u momento.
Las dos fingieron leer la revis ta del avión, pero s e vigilaban de reojo. Valeria s e inclinaba de vez en cuando s obre la ventanilla,
fingiendo dis frutar de la vis ta, para recordar a Paula que le había arrebatado s u pues to en la pelea del cuarto de baño. Paula no le dio la
s as facción de mos trars e ofendida, aunque por dentro hervía de rabia. Llegó la hora de la cena y la azafata les dio una bandeja a cada una.
Las dos rivales s e ignoraban y no cruzaron una palabra mientras cenaban. Sólo al terminar Valeria s e inclinó s obre la pelirroja y dijo:
-Qué s orpres a, Paula. Pens aba que tú lo único que comías eran pollas .
Antes de que pudiera res ponder apareció la azafata para llevars e las bandejas . La azafata recogió las dos bandejas vacías y Valeria
s e des abrochó el cinturón. Se levantó del as iento y s e dis pus o a s alir al pas illo. Fas tidiada, Paula empezó a des abrochars e el cinturón.
-No te moles tes , Paula, cariño, puedo pas ar s in que te muevas -dijo Valeria mientras s e ponía de frente a Paula-. Además as í tengo
buena vis ta.
Valeria la miraba des de arriba y obs ervaba s us tetas con des caro.
-Pas a entonces de una vez -rezongó Paula mientras la otra mujer s e iba moviendo entre los dos as ientos .
Era muy es trecho, pero había es pacio s uficiente. Valeria alzó s u pierna derecha para pas arla por encima de las piernas de Paula.
Tenía las dos piernas abiertas , una a cada lado de las piernas de Paula. Paula tenía jus to frente a s u cara los ceñidís imos s horts de Valeria, a
apenas unos centímetros . Se podía dis tinguir s u coño apretado contra la tela. Podía oler s u perfume de hembra.
Paula s e imaginó agarrando el culo de Valeria y lanzándos e hacia delante con la cara para morder es e coño odios o inclus o a través
de los s horts , o agarrar con la mano el coño y frotarlo has ta que la puta de Valeria s e corriera ahí mis mo, con todo el mundo mirándola.
-¿Te has quedado con hambre des pués de la cena, Paula? -s us urró Valeria-. A lo mejor te puedo dar algo para s aciarte.
-No como cerdo, Valeria, pero gracias -contes tó Paula.
Valeria s onrió y pas ó s u otra pierna por encima del regazo de Paula.
-Qué lás tima. Yo s í que me he quedado antes con ganas de más .
Se fue por el pas illo camino del s ervicio de nuevo. Era un des ao más . Paula no podía cons enr que es a zorra s e riera de ella. Vio a
Valeria contoneándos e mientras caminaba. Un hombre s e inclinó para poder apreciar mejor aquel magnífico culo que s e meneaba
s ens ualmente. Des de la puerta del s ervicio, Valeria le lanzó un bes o y s e meó dentro. Paula s e des abrochó el cinturón y s e levantó para ir
en bus ca de la puta. Es taba rabios a. Notaba s u coño arder de des eo de enredars e en un nuevo duelo con Valeria. Iba a reventarla, iba a
hacerle corrers e tan fuerte que todo el avión oiría el aullido de Valeria. Fue hacia el baño, pero antes de llegar una mujer de mediana edad
s e levantó también de s u as iento y llegó antes que Paula al baño. Iba a es perar allí a que la ocupante del baño s aliera. Paula no podría
entrar en el as eo, donde es taba s egura de que Valeria la es peraba.
Paula aguardó s u turno decepcionada, es cocida en lo más hondo. Es taba s egura de que Valeria pens aba que ella era una cobarde y
no s e había atrevido a s eguirla.
Al cabo de unos minutos s e abrió la puerta del as eo y Valeria s alió. Miró la s eñora que es peraba y luego a Paula, que es peraba tras
ella. La s onris a de s uficiencia con la que había s alido quedó reemplazada por una de fas tidio.
-Pas e us ted, s eñora -dijo Valeria a la mujer, s in quitar ojo a Paula.
La s eñora entró en el baño y oyeron cómo ponía el pes llo. Valeria s e acercó a Paula, s e inclinó s obre ella, práccamente rozando
s us tetas con las s uyas , y s us urró:
-Eres una chica con mucha s uerte. Muchís ima s uerte, zorrita, porque es ta vez no me iba a conformar con hacerte correr s in más .
Paula s e inclinó s obre s u enemiga y s us tetas s e apretaron más a través de las camis as . Notó s us pezones creciendo enloquecidos ,
como s i ellos también es tuvieran des eando que la lucha empezara.
-Quedan todavía muchas horas de vuelo, puta. Ya llegará el momento de demos trar quién de las dos s e corre. Y es ta vez s erá una
lucha jus ta.
Valeria s e llevó de nuevo los dedos a la nariz para olis quearlos .
-Qué pena, s e es tá yendo tu olor, Paula. Es pero que pronto pueda volver a s enrlo en mis dedos , igual que tú aun lo enes en las
tetas .
Lanzó un empujón con s us tetas para que Paula s e apartara. Paula aguantó y durante unos s egundos s us pechos batallaron en bus ca
de hacer que la otra retrocediera. Pero no hubo ganadora en es e pequeño duelo y tras unos s egundos Valeria pens ó que es taban llamando
la atención. Ambas s e echaron atrás y s e s epararon, intercambiando miradas de odio. Valeria volvió a s u as iento. Las luces de la cabina
es taban apagadas ya y el avión es taba s umido en las nieblas . Su coño es taba ardiendo de des eo. No había nada que quis iera más en el
mundo que habers e encontrado de nuevo con Paula en el as eo y haberla follado con s us dedos . Con s us dedos o con la boca o con s u coño.
Quería humillarla otra vez, demos trarla que era s ólo bas ura, que era una puta barata. Valeria es taba a punto de corrers e s ólo de pens arlo.
Ojalá la vieja es a no s e hubiera interpues to entre ellas . Ahora mis mo es taría des truyendo a es a puta que le había quitado a Marco.
Se s entó en el as iento de ventanilla y volvió a llevars e la mano a la nariz. El olor de Paula la es taba volviendo loca. No recordaba
haber es tado jamás tan obs es ionada con una mujer como lo es taba con Paula. Se imaginó que no podían volver a pelear en el avión. Si era
as í, entonces la bus caría des pués del vuelo. La des afiaría y lucharían en el hotel de Paula, o en el s uyo, o en plena calle s i hacía falta. Pero
neces itaba luchar con ella y demos trarla que ella era mucho mejor.
Paula había vuelto y s e había s entado en s u s io. Es taba muy cerca de ella. Podía s enr el calor de s u cuerpo. De pronto algo
húmedo cayó en s u regazo. Al mirar reconoció las braguitas de s u rival. ¿Qué pens aría alguien s i las viera? Las agarró y las ocultó en s u puño.
¡Aún es taban mojadas …! O quizá la humedad era nueva. Miró a Paula, que la obs ervaba con una s onris a triunfante.
-Toma, querida, te las regalo. Sé que echas de menos es e olor.
Sin dejar de mirarla, Valeria s e llevó el puño que guardaba en s u interior las bragas a la cara y olió profundamente.
-Sigues mojada, ¿eh furcia? -s is eó Valeria.
Paula s e inclinó s obre ella y s us ros tros s e rozaron. Paula habló tan bajo que a Valeria le cos tó dis tinguir lo que decía.
-Me he hecho una paja en el baño pens ando en cómo iba a follarte cuando acabe contigo, puta.
Las dos mujeres s e s enan arder. La tens ión entre ellas era ins oportable. Querían follars e y des truirs e, como dos perras s alvajes .
Paula quería follar el coño de Valeria mientras mordía s us tetas . Valeria quería follar el coño de Paula mientras s us tetas aplas taban las de
la rival.
Valeria es cupió en las braguitas mojadas de Paula, mos trando cómo la des preciaba.
-Cuando acabe el vuelo, guarra… Cuando las dos es temos en un lugar en el que nadie puede detenernos …
-Ahí es taré s i tú te atreves .
-Claro que voy a atreverme, puta.
-Zorra.
-Perra.
-Furcia.
-Comecoños .
-Vas a s er tú quien me coma el coño, puta as queros a.
-Voy a mearte en la cara, zorra de mierda.
Es taban a punto de abofetears e y arañars e ahí mis mo, s in es perar, pero afortunada o des graciadamente para ellas la azafata volvió
a pas ar cerca y las dos mujeres s e s epararon. Valeria apretaba en s u puño las bragas de s u rival y las s os tenía cerca de s u nariz. El olor la
enloquecía, la intoxicaba. De pronto tuvo una idea des cabellada. Miró a Paula y comprobó que la es taba mirando. Sí, el bello ros tro de la
pelirroja, conges tionado por el odio, es taba atento a cualquiera de s us movimientos .
Valeria vigiló que nadie más es tuviera atento a ellas . Entonces bajó la mano con las braguitas has ta s us s horts , meó la mano por
debajo de la tela y colocó las braguitas mojadas de Paula dentro de s us bragas , rozando s u coño. Reprimió el s us piro y s acó la mano vacía.
Paula la obs ervaba con los ojos des encajados .
Valeria apretó la tela de los s horts contra s u coño. Sena las bragas empapadas de s u rival dentro de s u coño, mojándos e con s us
propios fluidos . De alguna manera era como s i s u zumo y el de Paula es tuvieran luchando por hacers e con el control de las braguitas .
-Me imagino que no tenías ningunas bragas más baratas , ¿no? -s us urró Valeria.
Se pus o por encima la manta para que nadie la viera mas turbars e. Sólo Paula la miraba hipnozada, s in s eparar s us ojos de los de
Valeria. Valeria s e mordió el labio inferior mientras s u mano s e apretaba contra los s horts y s e frotaba con fuerza. No neces itó más que un
par de minutos para corrers e. Su cuerpo s e es tremeció con el orgas mo. Tuvo que morders e el labio para controlar la res piración.
-Fíjate que fácil era, Paula.
Valeria meó la mano dentro de los s horts . Es taba caliente y húmedo. Extrajo las braguitas de la pelirroja, ahora mojadas por s us
propios fluidos . Los lanzó al regazo de Paula y la pelirroja notó en s us piernas la humedad de la tela. Paula agarró las braguitas y las guardó
dentro del puño. Como había hecho s u rival minutos antes , s e las llevó a la nariz y las olió.
El aroma era intoxicador.
-Aún huelen más a mí que a ti -s us urró Paula. Le s atis fizo la mueca de contrariedad de la rubia.
-¿No tienes frío, Paula? -dijo Valeria con ferocidad.
Paula s abía lo que quería s u rival. Las dos miraron a s u alrededor. La mayor parte de los pas ajeros es taban dormidos , o veían alguna
película con los cas cos pues tos . Es taba os curo en todo el avión y s ólo algunas pantallas iluminaban débilmente pequeños es pacios aquí y
allí.
-Sí, tengo frío, Valeria -dijo Paula, agarrando s u manta y echándos ela por encima, ocultando s u cuerpo de cualquier curios o que
pudiera mirar hacia ella.
Tumbaron los as ientos s in dejar de mirars e amenazantemente. Valeria notaba s u corazón laendo violentamente. Era una locura.
Es taba a punto de enzarzars e en mitad de un avión con una mujer a la que odiaba, una rival con la que había compedo por el amor de un
hombre. Y s in embargo s e s entía excitada como hacía años que no le s ucedía. Acababa de mas turbars e y s in embargo quería más .
Paula dejó s us braguitas empapadas entre los dos as ientos , como s i es tuviera marcando el límite del territorio de cada una.
-Des abróchate los s horts , Valeria.
Valeria tragó s aliva. Des abotonó s us s horts y bajó la bragueta. Ahora la pelirroja tenía acces o a s u coño mucho más fácilmente que
en el as eo.
-La minifalda, Paula.
Hablaban en s us urros pero les daba miedo que alguien las oyera. Paula optó por no quitars e la minifalda, s ino s ubirla para dejar
acces o a s u coño.
-La camis a -dijo Paula.
Y las dos mujeres des abrocharon dos botones de s us ceñidas camis as , dejando a la vis ta de s u rival los pechos cubiertos por el
s ujetador.
Se inclinaron la una s obre la otra, acercando s us cuerpos . Recolocaron las mantas para formar una es pecie de enda de campaña y
cubrir del todo s us cuerpos .
-Ojalá Marco viera lo que voy a hacerte.
-Ojalá Marco es tuviera aquí para que viera que eres s ólo una puta barata.
La mano derecha de Valeria agarró el culo de Paula como una zarpa y lo es trujó. Tiró de ella para acercarla a s u cuerpo. Paula gruñó y
agarró el cuello de s u rival rubia. Se inclinó hacia delante y la bes ó en la boca con ferocidad, como s i en vez de un bes o fuera un furios o
mordis co. Las dos mujeres s e bes aron s alvajemente, s us lenguas s e enredaron dentro de s us bocas , empujándos e, des lizándos e la una s obre
la otra en bus ca de un dominio temprano.
La mano libre de Paula s e meó entre la los pliegues de la camis a de Valeria y agarró s u teta izquierda. Valeria jadeó en la boca de
Paula e imitó s u movimiento. Apretó la teta de Paula, hincando s us uñas y haciendo temblar a s u rival pelirroja. Retorció la mano con s aña y
notó cómo Paula temblaba bajo s u garra, s u boca emiendo un débil gemido s ofocado por s us labios . Las bocas de las dos rivales s e
entreabrieron para lanzar jadeos y s us piros de dolor mientras s us manos torturaban la teta enemiga.
-Puta… te voy a arrancar la teta -s us urró Paula entre gemidos .
-Inténtalo, guarra… Te voy a ordeñar como la vaca que eres .
Paula hundió el pulgar en el pecho de s u enemiga rubia y logró que Valeria temblara.
-Pobre Valeria… ¿He llegado a la s ilicona? A ver s i va a explotar y pones todo el avión perdido -gruñó con rabia Paula, dis frutando de
la manera en que Valeria s e retorcía bajo s us dedos .
Valeria apretó con más fuerza y s us dedos s e hundieron más en la carne de la pelirroja; las uñas s e clavaron y ella retorció los dedos
intentando que s u rival notara el mis mo dolor que ella. Paula gimió y por unos minutos las dos mujeres s e concentraron en torturar a la
enemiga y aguantar los gemidos de dolor.
Paula notaba las lágrimas correr por s us mejillas mientras el dolor s e volvía ins oportable en s u pecho. No podía aguantar más . Soltó
el pelo de la rubia y agarró la muñeca para intentar que aflojara s u pres a. Notaba los s urcos que iban dejando las uñas de Valeria en s u teta
mientras ella forcejeaba para lograr que la liberas e.
-¿No aguantas más , puta? -s is eó Valeria- No he terminado con tu teta aún.
Pero Valeria también s oltó s u pelo y agarró la muñeca de Paula para que la garra en torno a s u teta s e aflojas e.
-Yo tampoco he terminado con la tuya, zorra.
-Vaca, noto tu leche en mi mano.
-Cerda, te voy a arrancar la teta.
Connuaron el forcejeo, pero ya con menos fuerza. Paula retorció con s us dedos la teta de Valeria y es ta jadeó de dolor, pero logró
que al mover s u pecho hacia atrás los dedos de Paula dejaran de tener pres a en s u teta. La teta de Valeria parecía arder, era como s i le
es tuvieran dando lagazos . Tuvo que morders e el labio para no gritar, y s us dedos s e aflojaron has ta que Paula logró rerar s u mano de s u
teta.
Las dos s e quedaron quietas la una frente a la otra s in intentar atacar por el momento las tetas rivales , tratando de recuperar la
res piración, los ojos de Paula fijos en los de Valeria, llenas de odio y rabia.
-¿Has tenido bas tante? -s is eó Valeria tras algunos s egundos , cuando s intió que el dolor en s u teta s e iba apaciguando.
-No tengo ni para empezar -contes tó de inmediato Paula ens eñando los dientes como una loba.
Pero ninguna de las dos intentó librars e de la mano rival para empezar un nuevo ataque. Las dos trataban de tomar una decis ión
s obre cuál s ería la s iguiente fas e de s u guerra. Porque las dos es taban s eguras de que la lucha aún no había terminado: s ólo era una tregua
antes de la batalla definitiva.
A s u alrededor, el res to de pas ajeros dormía o veía películas con los cas cos pues tos , ajenos a la agria lucha que s e es taba
des arrollando entre las dos bellas mujeres .
-Las dos s abemos que es to no es una cues tión de nues tras tetas -tanteó la pelirroja al fin, hablando en un murmullo a s u rival.
-No s on nues tras tetas -as intió Valeria-, s ino de quién de las dos es la mejor hembra.
Se s oltaron las manos de mutuo acuerdo.
-Entonces s ólo queda una manera de s aberlo.
-Ya lo s abemos de s obra -s us urró Valeria-. ¿No te acuerdas de lo que pas ó en el cuarto de baño?
-Vamos a ver s i ahora eres tan buena como crees , cuando es tamos en igualdad de condiciones -dijo con odio Paula. Su mano
izquierda s e des lizó bajo la manta y llegó has ta el coño húmedo y caliente de Valeria-. Sabía que es tabas cachonda, pero no imaginaba
cuánto.
Valeria reprimió el res pingo al notar los dedos de Paula jugando con s u vagina, abriendo s us labios . Su mano derecha s e abrió pas o
has ta la entrepierna de Paula y empezó a jugar con s u coño.
-¿Y tú? ¿Cuántas veces te has corrido des de que ha empezado es to? -s us urró-. Es tás empapada.
-Tiene gracia que digas que es toy empapada -contes tó Paula-. Tú chorreas .
-Eres un lago, puta.
-Bollera as queros a, te es tás corriendo ya.
Frotaban la palma de las manos contra el coño rival, haciendo que laera, calentándolo. Era verdad que las dos es taban mojadas ,
excitadas por el inminente duelo de dedos y s exos . Paula apretó los dedos contra el coño de Valeria y s inó el temblor de s u enemiga. El
coño de Valeria palpitaba contra s u mano.
-Es tás ardiendo. Me quemas la mano con tu chocho, cerda.
Paula dio un res pingo al s enr un dedo de Valeria des lizars e s uavemente dentro de s u coño. Luego un s egundo dedo de Valeria s e
unió al primero y empezó a movers e dentro de ella, haciéndola jadear.
-Ya es tás lis ta para correrte, Paula -s us urró Valeria-. Cómo te gus ta que te folle. Dímelo, Paula, dime lo mucho que te encanta que
mis dedos te follen.
Valeria había acercado s u cara al ros tro de Paula y Paula s ena en s u boca la res piración de s u enemiga. Las dos s e miraban a los
ojos . Los ojos de Valeria brillaban inclus o en la os curidad. Paula odiaba a es a mujer más de lo que nunca había odiado a nadie. Movió s us
dedos en torno al coño de Valeria e introdujo dos con facilidad has ta los nudillos . Le encantó que Valeria temblara y jadeara.
-¿Y a ti? ¿Tanto hace que no follas que en cuanto te meten un dedo es tás a punto de correrte, Valeria?
Valeria s e movió contra ella, acercándos e más . Sus bocas s e rozaban mientras jadeaban y gemían. Los dedos s e movían dentro del
coño rival cada vez más depris a y con más fuerza. La mano libre de Paula agarró el culo de Valeria y lo es trujó, amas ándolo, clavando s us
uñas en la prieta carne del culo de Valeria. La rubia contes tó agarrando el culo de Paula y azotándolo.
-Van a des cubrirnos , zorra -jadeó Paula-. Quieres hacer ruido para que nos detengan.
-El único ruido que va a haber es cuando chilles al correrte, puta s arnos a. Y ahí me va a dar igual que nos detengan.
-Cuando acabe contigo voy a chillar para que todo el avión vea lo guarra que eres .
Paula notaba los dos dedos que tenía dentro de Valeria húmedos y calientes . Se concentró en follarla con más fuerza, tratando de
excitar a s u rival todo lo pos ible y olvidars e de los dedos de Valeria, que la es taban follando hábilmente. Los dedos de Valeria eran pis tones
que entraban y s alían de s u coño lubricado, haciéndola gemir. Los dedos de Valeria eran largos y s e hundían en ella con fuerza como s i
fueran una polla; la polla de Marco entrando has ta el fondo. Paula gimió de placer recordando la polla de Marco entrando en ella,
inundándola de carne. Se forzó a connuar follando a Valeria en lugar de abandonars e al placer. Añadió un tercer dedo dentro del coño de
Valeria; cos tó introducirlo, y notaba las paredes interiores del coño de s u rival apretadas contra s us dedos .
-¿Cuánto hace… que no… follas … Valeria? -preguntó entre jadeos – Es tás … es trecha… como una… virgen…
Valeria gruñía de placer mientras los dedos de Paula la follaban con fuerza. Es taba a punto de corrers e, notaba las olas que
recorrían todo s u cuerpo. Tenía que aguantar como fuera, s e dijo. No podía s er que es a puta barata… es a puta que le había quitado a Marco…
es a puta es taba mas turbándola en un avión e iba a cons eguir que s e corriera. Podía cerrar las piernas … o agarrar la mano de Paula para
impedir s us movimientos … pero es o era como admir la derrota. As í que s e dejó follar, temblando, s u cuerpo reaccionando al empuje de s u
rival, mientras intentaba que al menos Paula s inera lo mis mo, meendo s us dedos tan profundamente como podía, has ta los nudillos ,
notando cómo el coño de Paula s e adaptaba a s us dedos y lo apretaba.
-Puta… puta… puta… puta de mierda… -jadeaba Valeria. Iba a explotar. Iba a corrers e y no iba a poder reprimir el grito. Notaba el
interior de s u cuerpo reventando de placer y s intió cómo el orgas mo la rompía por dentro.
Se corrió con fuerza y s u cuerpo s e es tremeció. De s u coño brotó a borbotones s u flujo. Iba a chillar de placer, y para evitarlo s e
inclinó hacia delante y bes ó furios amente a Paula. Sus bocas s e unieron en un voraz morreo. La lengua de Paula entró en s u boca con fuerza
mientras Valeria gemía incontrolablemente; el gemido fue s ofocado por la boca de Paula, y en los ojos de la pelirroja Valeria vio la alegría de
s aber que la había derrotado.
Paula s iguió follándola con los dedos , alargando s u orgas mo, la otra mano es trujando s u culo, y bes ándola con fuerza, violando s u
boca con s u lengua ferozmente, exultante al comprobar que es taba haciendo que s u enemiga s e corriera con fuerza. Valeria había dejado de
mover s us dedos en el interior del coño de Paula, derrotada, y s ólo s e dejaba follar.
El orgas mo de Valeria s e fue debilitando, has ta que s u cuerpo dejó de es tremecers e, y Paula rompió el bes o para poder res pirar.
Ambas rivales jadearon, con s us bocas entreabiertas y muy cercanas . Un hilillo de s aliva unía aún s us labios .
-Puta barata -dijo con voz ronca Paula mientras extraía s us dedos del coño de Valeria. Tenía la mano empapada de s us flujos ; los
dedos le dolían-. Ojalá es tuviera aquí Marco para verte, gimiendo como una perra en celo.
Llevó s u mano mojada a la cara de Valeria y es parció s us flujos en s u ros tro. Metió los dedos en la boca de la rubia.
-Prueba tu coño, puta. Lámeme los dedos y dis fruta de tu corrida.
Valeria s e dejó hacer. Notaba s u cara llena de s us propios fluidos y s u boca s abía ahora a s u propio coño. Ella s e concentró en no
llorar de humillación. Sacó s us dedos del coño de Paula. Es taban mojados . La pelirroja debía es tar igual de excitada que ella, pero Valeria
había tenido la mala s uerte de corrers e antes .
-Pobrecita, que es tá a punto de llorar -dijo Paula burlonamente-. ¿Te cues ta admitir que s oy mejor que tú?
Valeria no contes tó. Sentía las lágrimas en los ojos húmedos ; tan húmedos como s u coño, que había explotado hacía unos minutos .
-Aparta del as iento de ventanilla, puta -continuó Paula-. Me lo he ganado y me pertenece igual que me pertenece Marco.
Valeria notó un calor en la cara al oír las palabras de Paula. Enrabietada, giró s u ros tro hacia el de s u bella y triunfante rival y s is eó:
-Es to aún no ha acabado, furcia.
Notaba el valor volviendo a ella. El valor y la neces idad de mos trarle a s u rival que aún no es taba derrotada. En el baño la que s e
había corrido a borbotones , la que había s ido vencida, era Paula. Ahora es taban empatadas . Y le iba a demos trar que era mucho mejor que
ella.
La mano de Valeria s e des plazó de nuevo has ta el coño de Paula. Meó dos dedos dentro de s u coño de nuevo y Paula dio un
res pingo.
-Hija de puta… ¿Quieres más ? -s us urró Paula mientras s u mano izquierda bus caba otra vez el coño de Valeria-. Te voy a dar más ,
puta. Es ta vez no voy a parar de follarte has ta que revientes .
Los dedos de Paula s e des lizaron con facilidad dentro de Valeria y ambas empezaron a follars e con fuerza de nuevo, haciéndos e
jadear.
-Te voy a dejar el coño ins ervible para mes es , Paula -contes tó con rabia Valeria, hundiendo s us dedos tan dentro como podía en el
coño de la pelirroja.
-Aaahhh.. puta… ins ervible el tuyo -res pondió Paula entre dientes mientras intentaba controlar el placer que los dedos de la rubia le
es taban provocando-. Mi coño tendrá la polla de Marco dentro cada noche mientras tú no podrás ni tocarte.
Al oír hablar de la polla de Marco Valeria incrementó el ritmo de s us dedos y fue recompens ada con los gemidos de s u enemiga.
Acercaron s us cuerpos ardientes , pres as de la lujuria y el odio, y s us bocas jadeantes s e rozaron mientras s e mas turbaban con cada vez más
fuerza. Las tetas de ambas chocaron y las dos s is earon al notar la carne rival en s us pechos . Sus cuerpos es taban tan cerca que no había cas i
es pacio para maniobrar con los brazos .
-Ya lo noto… te vas a correr otra vez, guarra -jadeó Paula, us ando tres dedos dentro de Valeria.
-Tú antes , puta -contes tó Valeria, gimiendo en la boca de s u rival-. Tú antes .
Valeria empujó con más fuerza aún y notó el es calofrío que recorrió el cuerpo de Paula. Es taba al límite, lo s abía. Valeria s e había
corrido hacía s ólo unos minutos , pero Paula había es tado a punto de des bordars e y no lo había hecho, as í que debía es tar a punto. Se inclinó
un poco más contra s u rival y s u boca inició un hambriento bes o que Paula res pondió con la mis ma ferocidad. Sus lenguas s e enfrentaron en
el interior de s us bocas y s e empujaron mutuamente en bus ca de la s upremacía. Tras un par de minutos de frenéco bes o las dos s e
s epararon un poco para res pirar.
Valeria res tregó s u ros tro contra el de Paula, manchándola con los fluidos que quedaban en s u cara des de que Paula la había
empapado us ando s u mano. Paula gruñó al notar los fluidos de s u rival en la cara.
-Córrete, puta…
-Córrete, zorra…
-Quieres correrte…
-No aguantas más , puta…
-Vas a explotar, puta…
Paula no s oportó la pres ión más y s e corrió con fuerza en la mano de la Valeria, mojando s u mano por completo.
-Aaaahhh…. aaahhhh… putaaa… zorraaa… aaahhh -gimió, tratando de morders e los labios para no hacer mucho ruido.
Valeria s iguió follándola con fuerza mientras le hablaba al oído y s u lengua atacaba el lóbulo de Paula.
-Siiiiií… eres una puta y lo s abes , Paula… todo el mundo lo s abía… quieres correrte otra vez porque eres una ramera barata…
Valeria s eguía us ando s us dedos para follarla con fuerza, meendo y s acando los dedos del coño de Paula, haciendo que un
s egundo orgas mo explotara e hiciera el cuerpo de Paula es tremecers e, pero a s u vez Paula s eguía moviendo s us dedos dentro de Valeria,
haciéndola temblar. Inclus o aunque s u coño es taba expuls ando s us jugos a borbotones , Paula follaba con s us dedos a s u rival con fuerza.
-Eres una… cerda… Paula… te es toy… follando y… no aguantas … aaahhh… aahhh… putaaaa… aaaahhhh…. aaaahhhh… aaahhhhh…
Valeria s e corrió en la mano de Paula con fuerza y s u coño latió contra s us dedos , expuls ando fluidos con fuerza. Gimió en la oreja de
Paula y la pelirroja es cuchó s us gemidos como s i fueran mús ica celes al. El orgas mo de Paula s e es taba ya des vaneciendo y aprovechó para
mas turbar con más fuerza a Valeria y s us urrarle en el oído:
-¿Quién es la cerda, Valeria? ¿Quién es la puta aquí? Tú eres la guarra… tú eres la que s e corre como una puta barata… Sigue
corriéndote… Córrete, puta… Vas a inundar el avión…
Las dos mujeres s iguieron temblando mientras s e atacaban con los dedos s in deteners e. Ambas s abían ahora que la que parara
perdería el duelo s in dudarlo. Valeria mordió s uavemente el cuello de Paula, junto a s u oreja, y el temblor del cuerpo de Paula s e hizo más
intens o.
Durante cerca de media hora s e s iguieron mas turbando, intercambiando fuertes orgas mos , mordiéndos e, arañando el culo rival,
haciendo chocar s us tetas y gimiendo como perras en celo, tratando de aguantar más que la otra y no llamar la atención del res to del avión.
Sus bocas s e unieron en s ens uales mordis cos y feroces bes os , s us tetas s e apretaron, s us manos s e es forzaron en penetrar más
profundamente en el coño rival, y ambas mujeres mas cullaban y gruñían amenazas e ins ultos mientras luchaban.
Empezaron a cans ars e y s us dedos s e hicieron más lentos . Debajo de las mantas hacía mucho calor y las dos es taban empapadas de
fluidos y s udor. Ahora apenas hablaban: s ólo jadeaban y movían débilmente los dedos , intentando que la otra s e corriera una vez más con la
es peranza de agotarla. Habían perdido la cuenta de cuántas veces s e había corrido cada una.
Aunque Valeria tenía cuatro dedos dentro del coño de Paula, tenía la s ens ación de que s u mano ya no provocaba apenas efecto en el
coño de s u rival pelirroja. En un nuevo impuls o s u dedo pulgar rozó algo que provocó que s u enemiga s e es tremeciera. Se dio cuenta de que
el clítoris de s u enemiga había emergido y que el rozamiento había logrado que Paula temblara.
Volvió a us ar s u pulgar y pres ionó el clítoris de Paula. Paula gimió. El pulgar de Valeria s e movió circularmente en torno al botón de
Paula una y otra vez, arrancando s us gemidos cada vez con más frecuencia.
-Te tengo… te tengo, puta… -s us urró Valeria, cas i llorando, mientras s u dedo pulgar s e movía con más fuerza contra el clítoris de
Paula-. Voy a arrancarte la pepitilla, zorra, voy a…
Gimió al s entir que el pulgar de Paula había encontrado s u clítoris también. Nunca lo había s entido tan duro y tan grande, nunca.
-Voy a hundirte… la almendra, guarra… voy a… reventártela… -s is eó Paula entre jadeos .
Valeria s e dio cuenta de que la batalla es taba allí y s acó s us dedos del coño de Paula, que gimió largamente al s enr cómo s u
interior dejaba de contener los dedos de Valeria. Luego agarró el clítoris de Paula entre el pulgar y el índice y lo frotó s uavemente pero con
rapidez. Paula gimió de nuevo y jadeó con fuerza.
-No te vas a librar gritando, puta -gruñó Valeria, y tapó con s us labios la boca de Paula.
Paula gimió en la boca de la rubia, incapaz de aguantar el placer que Valeria le es taba provocando. Su pulgar pres ionaba el clítoris
de Valeria, pero notaba que s e iba debilitando. Se dio cuenta en es e momento de que había luchado todo el empo en inferioridad: Valeria
es taba us ando s u mano derecha para follarla, y ella s e había vis to obligado, por s u pos ición en los as ientos , a us ar la izquierda. Su mano
izquierda es taba medio dormida de cans ancio, apenas tenía fuerza. Y s in embargo notaba la mano derecha de Valeria infagable, frotando
s u clítoris y arrancándola gritos que Valeria s ofocaba con s u boca.
Paula s e corrió de una manera brutal y devas tadora. Su cuerpo s e arqueó y s ufrió convuls iones mientras Valeria s eguía frotando s u
clítoris infagablemente. Paula perdió el ritmo con el que es taba follando a la rubia y s ólo temblaba de placer mientras s u enemiga s eguía
frotando una y otra vez s u clítoris .
Paula intentaba apartar s u cuerpo del de Valeria, pero la rubia la pers eguía y no la dejaba aliviar la pres ión. Sin que terminara el
orgas mo, encadenó un s egundo, y luego un tercero que agotaron s us úlmas res ervas de energía. Sólo s e removía en s u as iento, bajo las
mantas , tratando de es capar de los dedos de Valeria. Sus manos agarraron la muñeca de Valeria para impedir s u ataque, pero no había
apenas es pacio para maniobrar. Un cuarto orgas mo golpeó s u cuerpo e hizo que es tuviera a punto de des mayars e de placer. Sus manos s e
aflojaron, todo s u cuerpo s e aflojó bajo la pres a de Valeria.
No tenía fuerzas ni para gritar, y Valeria liberó s u boca. Las dos jadeaban; una de placer, derrotada, y la otra victorios a.
-Bas ta… por favor… bas ta… ya no más …
Pero Valeria no paró y s iguió frotando s u clítoris cruelmente, arrancando un nuevo orgas mo que Paula recibió con lágrimas en los
ojos .
-¿Quién es la puta? ¿Quién es , Paula? Dímelo o te arranco la almendra. Te des trozo el coño.
-Yo… yo… para, por favor, para… yo s oy la puta… -dijo entre s ollozos Paula, derrotada, incapaz de res is tirs e más .
-¿De quién es Marco, puta? Dilo.
-Tuyo… Marco es tuyo.
-Es mío, puta -dijo Valeria, s in dejar de frotar el coño de Paula-. Recuérdalo s iempre, Paula. Soy mejor hembra que tú y te lo he
demos trado. ¿En cuanto aterricemos s abes qué voy a hacer? ¿Lo s abes ?
Paula negó con la cabeza, gimoteando.
-Voy a llamar a Marco y me lo voy a follar. Me lo voy a follar tantas veces como te he follado en es te avión -s is eó con odio Valeria-.
Voy a hacer que vuelva a s er mío para s iempre, y s i vuelves a acercarte a él alguna vez voy a romperte el culo, guarra as queros a.
Paula no contes tó; no podía. No tenía fuerzas ni ánimo. Es taba completamente derrotada por la mujer que más odiaba en el mundo.
Valeria s oltó al fin s u clítoris y Paula empezó a llorar s in poder evitarlo. Se encogió en s u as iento. Valeria acercó s u mano a s u cara.
-Chúpala, puta. Lámeme la mano has ta que no huela a ti.
Paula le lamió la mano lentamente. Valeria movía los dedos por s u cara y empapaba s us mejillas con s us fluidos , devolviéndole la
humillación de antes .
-¿Tienes bas tante, puta? Podemos s eguir. Te puedo s eguir follando el res to del vuelo.
Paula s iguió llorando. Es taba completamente rota, humillada, y lo que más le dolía era la s onris a de s atis facción de Valeria.
-Ojalá es tuviera Marco aquí para ver que eres s ólo una perra.
Valeria s e s eparó de ella y volvió a ocupar s u as iento de ventanilla. Llorando, Paula s e bajó la minifalda para cubrirs e. Se abrochó la
camis a. Tras unos minutos , s e levantó y fue al cuarto de baño. Allí lloró durante un largo rato y pens ó en todo lo que había pas ado. Se limpió
como pudo. Reflexionó s obre s u derrota. No había s ido un duelo jus to, con Valeria us ando s u mano derecha y ella us ando la izquierda. No
había s ido jus to. Había perdido (aún notaba las piernas temblando) porque no había s ido una lucha jus ta. En el baño había ocurrido lo
mis mo: Valeria s e había aprovechado de que ella no tenía el mis mo acces o a s u

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