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Secretos inconfesables – Concepción Marín

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Resumen y Sinopsis 

Cuando su padre acudía a casa, Maggie se sentía la mujer más feliz de la tierra. No tenían muchas oportunidades de verse, pues su trabajo como policía en
Londres lo retenía más de lo deseado. Llena de ilusión organizaba una cena exquisita con sus platos favoritos y después charlaban durante horas.
Ella apenas podía contar nada especial. La vida en el campo era monótona y sin hechos trascendentes. Por el contrario, su padre la encandilaba con sus historias
detectivescas de ladrones, asesinos y estafadores, haciendo volar a su imaginación y trayéndole una gran frustración; pues le hubiese gustado poder seguir la carrera de
su padre. Pero eso era del todo impensable. Las mujeres solo podían dedicarse a su marido, a los hijos y como a lo sumo, a un empleo digno de su condición femenina.
Con un sonoro suspiro dejó el libro sobre la mesita.
¿Por qué lees esas cosas tan extravagantes? –le preguntó su abuela.
La psicología es de lo más corriente.
Ninguna chica siente interés por esas cosas. No me extraña que ningún hombre se acerque a ti. Piensan que eres rara.
¿Solo por eso? –inquirió Maggie con sarcasmo.
Su abuela empujó las ruedas de la silla hasta alcanzar la mesita, se llenó una taza de té y la miró con censura.
Muchas de tus amigas, siendo poco agraciadas, ya están casadas o comprometidas. Lo que pasa es que no te molestas en arreglarte. Si dejaras de anudarte el
cabello con ese moño desafortunado y prescindieras de las gafas, te aseguro que lucirías bien bonita. Te pareces a tú madre y ella era una beldad. ¡Los corazones que
rompió! Por suerte, eligió a tú padre y me dieron una nieta excepcional. Aunque, excéntrica, insisto. Y eso, a los hombres, no les gusta. Maggie, si te esforzaras solo un
poquito, no tardarías en encontrar marido.
¿Y quién desea marido? ¡Menudo incordio! Siempre complaciente, dispuesta a lucir espectacular para que se sienta orgulloso y pidiendo su permiso para
cualquier nimiedad. Estoy muy bien así.
Ahora, pero dentro de un tiempo, te encontraras muy sola. No tienes hermanos, ni primos. Por otro lado, ¿acaso no deseas conocer el amor? –replicó su abuela.
El amor es una prisión. Te impide razonar y actuar con libertad.
Una prisión dulce de la que una no quiere escapar si quiere desde lo más profundo del alma. Tu padre superó muchos obstáculos para casarse con tú madre,
incluso mi rechazo, que era firme. No quería a nadie para mí hija que no perteneciese a nuestra clase. Por suerte acabé cediendo. Su amor permaneció hasta el final. Yo
también fui afortunada. A pesar del accidente mi marido continuó venerándome. ¿No deseas lo mismo para ti?
He visto a muchas parejas y sé que solo una entre mil consigue esa felicidad. No soy estúpida, abuela. Como has dicho antes, la mitad de mis amigas ya están
casadas y la mayoría desearía no haber cometido ese error. Y ya conoces el motivo. ¿He de ser más explicita? –replicó Maggie con tono acerado. Estaba cansada de que
todo el mundo la instara a abandonar la soltería, como si una mujer estuviera incompleta sin la compañía de un hombre que la guiara.
Ciertamente hay casos flagrantes. Como el de Peter Morris. No tiene el menor decoro con esa mujer. La exhibe en todos los salones, mientras la pobre Fiona
permanece en casa. ¡Qué desvergüenza! De todos modos, no todos son iguales. Al menos me gustaría que lo intentaras. Eres especial, Maggie.
¿No decías hace un momento que era rara? –se mofó ella.
Bueno, para los demás. Yo te admiro. De veras. Eres inteligente, culta, divertida, también independiente y temeraria. Sin duda, no eres una damita apocada y sin
iniciativa.
Cualidades que aterran a cualquier hombre, abuela. Incluso papá, hombre muy comprensivo, no permitió que acudiese a la universidad.
Hizo muy bien. No hubiese sigo agradable para él saber que su hija estuviese rodeada de muchachos. ¡La única chica! ¡Impensable! Y hablando de
pretendientes, estoy segura que a Oswell no le importa tu extravagancia.
¡Por Dios! ¡Es un aburrido, además de horrendo!
El matrimonio no es una diversión, cariño. Se basa en la armonía y las mismas metas. Por otro lado, da igual el físico de un hombre. No es un punto a su favor
en… en la alcoba, ya me entiendes. Guapo o feo, no es nada agradable hacer… eso.
Maggie blandió el libro con aire enojado.
Este doctor en psiquiatría asegura que el problema de las mujeres con respecto al sexo es que han sido castradas en su libertad. Si dejáramos la represión,
disfrutaríamos tanto como los hombres; pues gozamos de las mismas necesidades.
¡Jesús! ¿Te has vuelto loca? ¿Cómo puedes…? ¿Cómo puedes decir esas indecencias? Una mujer debe ser recatada y utilizar “eso” con el único fin de procrear.
Gracias a Dios no nos ha oído nadie o tu reputación, ya mermada, caería en picado. Maggie, cariño, esos libros solo te causarán perjuicio. ¿Por qué no te conformas con
las cosas que hacen las demás muchachas? ¡Señor, si sigues así, acabarás con mi poca salud! –se escandalizó la anciana.
Como has dicho, soy diferente y me enorgullezco de ello. Y a papá le gusto como soy.
Su abuela arrugó la nariz.
Nunca debió educarte como si fueras un muchachote. Le advertí que pasaría esto.
Pues, hizo muy bien. Me preparó para cualquier eventualidad. Así que, quédate tranquila. Si no me caso, sabré valerme por mi misma. Incluso he pensado, que
podría trabajar…
¡Por Dios Santo! ¡Ninguna Carrol se rebajará ante tamaña torpeza! No somos ricos, pero sí acomodados y con prestigio –se escandalizó su abuela abanicándose
con ahínco.
También soy Douglas, abuela. Y papá trabaja, y está muy bien considerado en Londres. Incluso me comentó que piensan seriamente en proponerlo para la
cámara.
Su abuela asevero satisfecha.
Vaya… Alcanzaría la categoría de Par.
Al oír la campanilla Maggie se levantó.
Hablando de él, ahí está –dijo mirándose en el espejo. Recompuso su cabello y se alisó la falda. Echó a correr y abrió la puerta.
¡Papá, por fin en casa! –Calló al ver que no se trataba de su padre. Carraspeó y dijo: ¡Oh, perdón! Pensé… ¿Qué desea?
El policía se quitó el casco. Su rostro circunspecto evidenciaba que algo anormal había ocurrido.
Soy el oficial Rodgers. ¿Es usted la señorita Douglas?
Ella asintió con semblante decepcionado. Su padre, en más de una ocasión, había enviado a un oficial para comunicarle que no podría acudir por motivos de
trabajo, pero local y a ese hombre no lo conocía.
Ha tenido que quedarse en Londres. ¿Verdad? –dijo en apenas un murmullo presintiendo que no se trataba de un impedimento tan sencillo.
Rodgers carraspeó incómodo.
Temo que traigo malas noticias. Su padre… El comisario Douglas ha… muerto –musitó.
Lo siguiente que ocurrió fue
Título: Secretos inconfesables
Autores: Concepción Marín
Formatos: PDF
Orden de autor: Marín, Concepción
Orden de título: Secretos inconfesables
Fecha: 11 sep 2016
uuid: 5af44040-1911-4070-9f70-c8cae41e03f7
id: 374
Modificado: 11 sep 2016
Tamaño: 0.73MB

Novela kindle  Comprimido: no

kindle Formato – Contenido – tipo : True 

Temáticas: Novela romántica, Comedia romántica , romance

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