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Seis rosas y un solo corazón – Malena Cid

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Resumen y Sinopsis 

BEA MELWORREN. “LA PARTERA”.
Un nuevo golpe y cayó al suelo, incapaz de encajar con dignidad ninguno más, incapaz de soportar a aquel hombre que en cualquier momento acabaría por
matarla. Se revolvió en el suelo, sin fuerza para levantarse, deseando que todo acabase, aunque eso significara la muerte; mas todo cesó, salvo la trabajosa
respiración de él. Cerró los ojos tratando de abstraerse, pero el dolor era demasiado fuerte y por fin oyó los pasos de su marido alejándose de ella, abandonándola a
su suerte, sin importarle su estado, para él no valía nada.
Apretó aún más los párpados para no ver en qué se había convertido su vida, mientras su corazón sangraba, agotada de aguantar aquella vida que no eligió.
Tenía una solución, desde hacía meses su mente se la recordaba cada día y sobre todo aquellos en los que el dolor se apoderaba de su cuerpo. No obstante, ¿tendría
valor para llevarlo a cabo? ¿O dejaría que él terminase lo iniciado?
Eran tiempos convulsos en las Highlands, las guerras y enfrentamientos entre clanes se sucedían, diezmando sus fuerzas y favoreciendo, sin saberlo, la pérdida de
sus tierras a manos de los ingleses. En medio de ese caos era muy difícil moverse entre clanes, y Aliena lo sabía bien. Llevaba cinco años junto a su maestra, aprendiendo
a ser partera, atendiendo heridas y adquiriendo toda la sabiduría necesaria para seguir aquella labor en solitario. Había momentos difíciles, sobre todo cuando algún
recién nacido no sobrevivía, pero también era gratificante cuando todo salía bien.
Aliena desmontó de su caballo en el clan McBain, ese que un día fue su hogar y que solo visitaba cada cierto tiempo en deferencia a su hermano Brian, era la única
condición que le puso para permitirla marcharse, y ella cumplía escrupulosamente con esa petición. A fin de cuenta, Brian era la única familia que le quedaba, sus padres
murieron años atrás, solo se tenían el uno al otro.
Entró en la sencilla cabaña y respiró profundo aquel aroma que le recordaba a su madre, a esos días donde no existían más preocupaciones que subir a algún árbol o
pasear por el bosque con su amiga Lys. Todo había acabado, ambas crecieron y tomaron caminos que las alejaron irremediablemente. Lys estaba casada, viviendo con
los Fergus; y ella a punto de iniciar su camino en solitario, unos meses más y Daina, su mentora, daría por concluida su formación.
Se sentó en un taburete frente al hogar apagado, se desató el cabello castaño que cayó sobre sus hombros y estaba quitándose la capa de viaje que cubría su sobrio
vestido cuando la puerta se abrió con estruendo, sobresaltándola. Se giró hacía ella y se encontró con Brian, su hermano, con el rostro desencajado por la preocupación
que sentía, en parte aliviada al ver el caballo de Aliena en las inmediaciones de la casa familiar.
Decidme que vuestra mentora ha llegado con vos le pidió Brian a su hermana, entrando con ímpetu en la cabaña.
Aliena se levantó confusa, sin comprender por qué estaba en ese estado.
Ella no ha venido, nos encontraremos en los límites de estas tierras dentro de siete días. ¿Qué ocurre? cuestionó al ver la inquietud que cubrió el rostro de su
hermano.
La hermana del laird…
¿Lys?
La misma. Acaba de llegar y ha sido golpeada a pesar de su avanzado estado de gestación.
Yo la atenderé señaló con decisión y recogió el maletín que siempre utilizaba cuando atendía a alguien. Llevadme hasta ella.
El atardecer cubría el camino hasta la casa grande de un color cobrizo, las antorchas comenzaban a humear iluminando la puerta principal, nada había cambiado,
estaba todo tal y como recordaba, al menos en apariencia, más el viento frío se colaba en los huesos y las risas infantiles se evaporaron. No, aquel no era el hogar que
albergaba en su corazón y que la hacía añorar aquellos tiempos.
Aliena suspiró, resignada por todo lo perdido años atrás y se dejó guiar hasta la casa grande. Brian estaba tenso e incómodo, quería a su hermana, pero desconfiaba
de sus habilidades ¿y si erraba en su diagnóstico o en el tratamiento? Sin embargo, a pesar de sus dudas, no las manifestó en voz alta, no tenían otra opción y esperaba
que el laird la aceptase. Se giró para encarar a su hermana, aún la veía como una niña a la que proteger y eso era, aunque ella se negase a admitirlo.
Aguardad aquí, voy a hablar con Brodick, espero que no sea un problema que vos tratéis de ayudarla.
Gracias por la confianza murmuró enojada.
Aliena miró hacia la planta de arriba, no había nadie que pudiera impedirle el paso, así que en cuanto su hermano desapareció tras la puerta que daba al amplio
salón, se dirigió hacia la empinada escalera y subió con paso raudo. No tenía tiempo que perder. Se encaminó a la que era la recámara de Lys cuando ambas eran niñas y
abrió la puerta sin llamar.
¿Cómo se encuentra? preguntó en un susurro a Martha, la mujer que siempre había servido a la familia, acercándose hacia la cama.
Oh, Aliena, menuda bendición veros aquí dijo con los ojos anegados de lágrimas. Mi niña no está bien, tiene golpes por todo el cuerpo, sobre todo en la
barriga.
Maldito enfermo dijo sin poder impedir una solitaria lágrima al ver la cara de su amiga.
No sé qué hacer, ni a quién acudir, Brodick dijo que pediría ayuda, pero puede demorar demasiado y…
Yo me ocuparé de ella, vos traed todo lo que pueda sernos útil. La mujer asintió y salió a cumplir el mandato de la joven.
Aliena se acercó a la cama con el corazón encogido y la rabia bullendo por sus venas, ¿quién podía ser tan cruel con un alma tan pura como la de Lys? El rostro
golpeado de la joven la hizo comprender cómo debía estar el resto del cuerpo, se estremeció y aguantó un sollozo mientras se sentaba al lado de su amiga y colocaba la
mano sobre su frente. No tenía fiebre, una buena señal.
Lys la llamó en un susurro para no sobresaltarla, Lys… tienes que despertar, necesito saber qué te ha hecho.
¿Ali? preguntó en un murmullo apenas audible.
Estoy aquí contestó, tomando la mano que la joven alargaba a tientas.
No puedo creerlo, mas vuestra voz jamás la confundiría musitó sin abrir los ojos, aferrándose a su mano. Estoy aterrada.
Estáis a salvo la recordó.
No por mucho tiempo, él vendrá a por mí y Brodick no se arriesgará a una guerra por mi culpa.
No lo permitiré.
No podrás hacer nada dijo con la voz entrecortada. No sé en qué estaba pensando cuando decidí venir aquí.
Lo solucionaremos juntas, ahora debo examinarte, Lys, ¿cómo te encuentras?, ¿notas al bebé? cuestionó con la angustia reflejada en la voz, intuía que algo no
iba a bien.
Aún es demasiado pronto, no hemos llegado a la octava luna y ya siento

Título: Seis Rosas y un solo corazón
Autores: Malena Cid
Formatos: PDF
Orden de autor: Cid, Malena
Orden de título: Seis Rosas y un solo corazón
Fecha: 18 sep 2016
uuid: 34852e7d-d5a5-4f46-ab31-2ae2b9f5957d
id: 443
Modificado: 18 sep 2016
Tamaño: 0.87MB

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