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Libro PDF Sin preguntas – Catherine Clay

Sin preguntas – Catherine Clay

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Laurel Harding bebió un trago de su café tras lanzar un suspiro negando con la cabeza mientras se apoyaba cansada en la encimera de su cocina.
-No sé que me impulsó a hacerlo. Lo más probable es que los herederos del Sr. Castle me echen del trabajo.
-¿Y qué tendría eso de malo?- le preguntó su amiga pelirroja de largas piernas dando otro sorbo a su café y mirando detenidamente a su bonita amiga de cabello color
miel recogido en una cómoda coleta.
Laurel la miró encogiéndose de hombros mientras sonreía- Bueno, ya me he acostumbrado al Hudson’s Star. No me importaría seguir en él,….y tengo una hipoteca
que pagar.-miró a su alrededor con los ojos brillantes.
Le encantaba su cocina, tan acogedora y cálida, donde acostumbraba a tomar café por las mañanas junto a sus dos amigas, después de hacer el footing que Jane les
había impuesto antes de ir a trabajar, aunque hiciera un frío helador como era el caso.
Jane, con su cabello claro recogido por costumbre dejó su taza en la fregadera- Ya sabes a lo que se refiere Megan. Podrías montarte un hotel tú sola, y seguro que
sería un éxito.
-Sí, ya, pero la ubicación del Hudson’s Star es perfecta y se podrían hacer tantas cosas,…
-Bueno, deja de preocuparte y ya te ocuparás cuando llegue el momento. De todas maneras no creo ni que te contesten la carta, probablemente ni la abran. Vamos,
Megan- dijo Jane antes de salir por la puerta de la cocina.
Laurel despidió a sus amigas y miró su reloj de pulsera. Tenía poco más de media hora para prepararse antes de ir a trabajar al hotel que dirigía junto al lago Hudson
y en el que se encontraba como en casa. Mientras se duchaba no podía evitar preocuparse por lo que había hecho hacía ya dos semanas en un impulso de los suyos.
Llevaba ya cinco años trabajando en el hotel, exactamente desde que se instaló en Hudsonlake huyendo del pasado. Había conocido a John Castle, su propietario,
con el que había congeniado desde el primer momento y trabajado codo con codo para conocer a la perfección todos los detalles del negocio hotelero. Hacía dos años que
el anciano señor había fallecido y sus herederos no se habían personado en ese tiempo, ni había recibido ningún tipo de instrucciones que seguir tras el fallecimiento.
Se había aventurado a enviar una carta pidiendo instrucciones en cuanto al mantenimiento del hotel. Había alguna habitación que reacondicionar, y varias propuestas
en cuanto a la posibilidad de atraer más clientela. Sobre todo, ahora, en invierno. Pero realmente lo que quería era captar su atención. Quería que alguien se personara allí,
agradeciera sus servicios y mínimas molestias, quería reconocimiento a su buen hacer y… quería que le dieran carta blanca en cuanto a dirigir el establecimiento. Ya les
había demostrado con creces la rentabilidad del negocio y lo idónea que era ella para el puesto. Ahora quería ese reconocimiento, y por escrito, a ser posible.
Acababa de amanecer cuando llegó al hotel dispuesta a cubrir el turno de recepción. Sadie, una de las recepcionistas, le informó de las escasas incidencias del turno
de noche antes de marcharse.
A mitad de mañana, mientras estaba firmando el albarán de unos pedidos de refrescos su respiración se frenó en seco. Desde la cocina vio dirigirse a la recepción a
un hombre joven con traje azul marino y el cabello engominado. Era alto y con porte elegante, y su equipaje era ligero. Tenía todas las pintas de un abogado de la gran
ciudad. ¿Y qué podía buscar en Hudsonlake un abogado a mitad de diciembre? La temporada alta era en verano. Entonces el hotel sí se llenaba de turistas, con pinta de
turistas. El resto del año acudían principalmente parejas o familias con tranquilas aspiraciones para las vacaciones de invierno.
Esperó que Helen, la amable recepcionista que ocupaba el puesto tras el mostrador, lo atendiera. No sin antes pensar que era una cobarde por no acercarse aunque
solo fuera a fisgonear. El supuesto abogado echó un vistazo a su alrededor deteniendo su mirada en la puerta cerrada del comedor.
Insegura, Laurel miró su reloj de pulsera. Aún quedaba media hora para que el comedor abriera sus puertas con el menú del mediodía. Estaba segura de la calidad y
sabor de la comida que allí se servía pero no pudo evitar repasar mentalmente el menú que se iba a servir y que la eficiente cocinera decidía y le comunicaba con dos días
de antelación.
Cuando el joven desapareció por las escaleras que lo conducían a los dormitorios, Laurel se acercó a su compañera intrigada.
-Helen, ¿ha dejado su tarjeta?-Preguntó buscándola con la mirada entre los papeles que tenía la joven esparcidos por la mesa.
-Sí, -se la tendió- Y preguntó por ti.
-Richard O’Roarke, abogado –susurró Laurel- Lo sabía, tenía toda la pinta…-volvió a mirar hacia las escaleras-¿Hasta cuando se queda?
-Ha pagado hasta la víspera de Nochebuena, una semana- le informó Helen intrigada por las miradas de su jefa-¿Ocurre algo? ¿A ti también te ha parecido guapo?
Laurel la miró sorprendida. Helen no solía comentar nada referente al aspecto de los huéspedes masculinos que se alojaban en el hotel, o por lo menos no a ella -Eh,
…no, no…¿Es guapo? No le he visto la cara
-Perdone señorita-dijo una voz masculina desde la puerta de entrada permitiendo que entrara parte de la ventisca que reinaba fuera.
Las dos jóvenes se estremecieron de frío y miraron al joven que mantenía medio cuerpo fuera tras la puerta. Laurel se le acercó extrañada. El joven era alto, de
cabello castaño, con un anorak oscuro y unos sencillos vaqueros y no dejaba de mirar hacia afuera, como si hubiera aparcado mal el coche.
-Es que no sé si se permite la entrada a animales- comentó el joven cuando la tuvo cerca.
Laurel sonrió al ver que el joven sujetaba tras la puerta a un golden retriever que movía la cola juguetón.
-Salga, salga-le pidió apresurada cogiéndole del brazo con confianza- Va a congelar a todos los huéspedes.-Hola guapo!!-se incorporó acariciando la cabeza del
animal sin soltarle del brazo.
-Perdone, dígame- levantó la cabeza para mirar al hombre al que cogía el brazo y no pudo evitar perderse en la mirada de unos profundos ojos azules.
Nicholas Jordan sonreía a la bonita joven que todavía le sujetaba del brazo mientras su perro jugueteaba entre los dos buscando más caricias. Su mirada era del color
de la miel igual que su cabello, ahora alborotado por el aire. Sus sugerentes labios apenas entreabiertos le retaban inconscientes a cubrirlos. Le repitió la pregunta sin
abandonar la sonrisa.
Laurel se obligó a cerrar la boca y a bajar la mirada. Pero entonces se detuvo en sus labios perfectamente delineados y su mandíbula cuadrada y volvió a levantar la
mirada. Sus ojos brillaban divertidos mientras su oscuro cabello se agitaba con el aire. Se dio cuenta de que se le había colgado del brazo al sacarlo del hotel y le soltó
bajando la mirada al perro.
-Perdone, ¿Qué decía?-volvió a preguntar mientras se cruzaba de brazos para protegerse del frío y volvía a mirar ese rostro tan atractivo.
Sus mejillas empezaban a ponerse coloradas por el frío igual que su nariz. Centró su mirada en el amplio pecho cubierto por un anorak oscuro. Aunque no estaba
muy segura de que fuera buena idea, y si seguía bajando la mirada, quizá fuera peor. Giró la cabeza. Era mejor mirar hacia el aparcamiento delantero.
-Le preguntaba-insistió divertido Nick-Si está permitida la entrada a animales.
-Oh, pues realmente, no en las zonas comunes-le informó tiritando volviendo su mirada al rostro tan atractivo- Si fuera un perrito pequeño-volvió a acariciar la
cabeza del animal para concentrarse en lo que tenía que decirle- sí que podría pasar, por lo menos hasta su habitación. Aquí detrás tenemos unas casetas para los perros
de este tamaño. Sígame y se las mostraré.
Nick no se movió de la puerta.- ¿No coge ningún abrigo?
-Oh, sí, claro. Un momento-se metió rápida en el hotel y caminó con prisa hacia el ropero del hall. No sin antes guiñar un ojo a Helen que le sonrió divertida tras el
mostrador.
Salió enfundada en un abrigo largo y con una sonrisa en los labios para conducir a su atractivo huésped a las perreras, vacías en esta temporada, pero confortables y
adaptadas a los perros de mayor tamaño.
Mientras el alto y atractivo hombre inspeccionaba el sitio, Laurel se fijó en lo bien que le sentaban los vaqueros que insinuaban unas largas piernas. Reconoció que
era tremendamente atractivo y era extraño que viajara con un perro como única compañía. Quizá había salido de una mala relación, porque se había dado cuenta de que
no llevaba alianza. O quizá buscaba algún lugar donde afincarse,… no estaría mal tenerlo como vecino por la zona, pensó divertida.
Nick dudó del lugar.- No está alejado del hotel pero….¿sabes si hay cerca algún otro hotel que admita animales?
Laurel levantó la cabeza para mirarle decepcionada- No, no hay más hoteles por aquí, tendrías que irte a unos 40 km… Nunca ha habido ningún problema.
-No me gusta dejarlo solo. No voy a estar muchos días por aquí pero… ¿y alguien que alquile alguna habitación y me deje quedármelo? Serían unos días y se porta
muy bien. Yo no estaría mucho en la casa y lo llevaría conmigo siempre que pudiera.
-Yo misma- se sorprendió Laurel escuchando su voz- Tengo alguna habitación vacía, sí.
-Perfecto, ¿a qué hora acabas tu turno?-le preguntó animado con una agradable sonrisa acercándose a ella con paso decidido.
-A eso de las dos, más o menos– le informó comenzando a sentirse insegura
-Muy bien. Voy a dar una vuelta por el pueblo con él-miró el reloj- y a las dos, vuelvo.
Laurel asintió dejándose acompañar por él hasta la puerta del hotel. Antes de entrar se giró para observar cómo se dirigía a su todoterreno admirando de nuevo lo
que le dejaba ver el anorak que llevaba. Le parecía tremendamente guapo y atractivo. Suspiró. Hacía mucho tiempo que no estaba con un hombre. Incluso hacía mucho
tiempo que no se fijaba en uno. En cuanto entró al hall corrió hacia el despacho en la primera planta desde el que solía trabajar.
-No te vas a creer lo que he hecho-le confesó a Megan en cuanto le cogió el teléfono- He alquilado la habitación de mi casa que no utilizo.
-¿Y qué tiene eso de raro? ¿No era eso lo que pensabas hacer? Me parece perfecto ¿Por cuánto tiempo?- le preguntó Megan extrañada
-Ah, no sé, creo que una semana-respondió Laurel-Pero eso da igual. Tenías que verlo. Es el hombre más atractivo que he visto nunca, Megan.
– Bueno, no será para tanto. De todas maneras ¿Qué es lo que te preocupa?
-Pero ¿has oído lo que te he dicho?-preguntó Laurel impaciente.
-Oh, Laurel ¿Cuánto tiempo llevas sin un hombre cerca? Y no vale el hermano de Jane ni tus compañeros de trabajo. Disfruta de la vida. Un hombre guapo en tu
casa durante una semana. Parece el argumento de una película. Creía que me ibas a decir que un atractivo abogado había entrado en el hotel.
-Hum…Sí! se me había olvidado!…¿Y tú cómo lo sabes?
-Vi pasar un coche elegante y deportivo en dirección al hotel. En estas fechas no vienen turistas nuevos. Solo sumé dos y dos. ¿Qué te ha dicho?
-No he hablado con él- le confesó- pero no quería hablarte de eso, quería contarte lo de …, Dios, Megan, no le he preguntado ni el nombre.
Colgó el teléfono mientras su amiga se reía al otro lado de la línea. Llamó a Jane pero no le respondió la llamada. Se levantó de la silla de su despacho y empezó a
caminar de lado a lado negando con la cabeza dándose mil y una razones para mortificarse por su impulsiva acción.
Diez minutos después se paró en seco. Un momento, no era impulsiva, bueno, solo un poco y solo cuando sabía lo que quería. Le había pasado lo mismo con su
casa. Sabía lo que quería y cómo lo quería, había echado cuentas de lo que podía gastarse, así que cuando Megan la encontró no dudó un segundo en comprarla. Con el
trabajo le había pasado lo mismo, y llevaba un par de meses dándole vueltas a la idea de alquilar la habitación para sacarse un pequeño ingreso extra de dinero por si
decidía finalmente abrir su propio hotel. Incluso mucho antes también había actuado así, pero entonces siempre la tachaban de impulsiva e irresponsable. Ahora ella
decidía su vida y realmente le gustaba y mucho la vida que llevaba.
Se sentó más tranquila en el sillón. Había alquilado la habitación. ¿Y qué? Entonces se volvió a levantar de golpe. Se la había alquilado a un hombre que “estaba para
hacerle un favor”, como diría Megan. Volvió a sentarse. Ya no recordaba cuánto tiempo hacía que no estaba con un hombre. Más de cinco años, desde que se separó de
su marido. Negó con la cabeza. ¿Qué le hacía pensar que él buscaría algo en una mujer como ella? Se levantó y volvió a caminar por la alfombra del despacho volviendo a
darse mil y una razones por las que no se fijaría y una sola por la que sí: sexo. Y no sabía si porque llevaba mucho tiempo sin un hombre o porque nunca había tenido
una tórrida y apasionante aventura, esa idea empezó a gustarle.
Estaba supervisando el restaurante desde la puerta de la cocina mientras miraba impaciente y nerviosa su reloj. Todo iba bien. El acogedor y no muy grande
restaurante del hotel solo tenía tres mesas libres, y es que aún en esa temporada cercana a Navidad los turistas que ya conocían la zona volvían para apurar las últimas
vacaciones del año.
No había visto al abogado y realmente estaba intranquila pensando en el posible encuentro. Otro de sus impulsos tras haber meditado mucho sus consecuencias. En
cuanto sonaron las dos en el reloj del acogedor salón se dirigió a la puerta de entrada. No quería parecer ansiosa pero tampoco quería hacerle esperar. El día no era
precisamente apacible. Se asomó discretamente a la ventana y cuando vio al joven moreno bajarse del todoterreno negro y dirigirse a la puerta, salió, fingiendo
naturalidad.
Nick se detuvo al verla caminar hacia él. Le gustó la sensación de que una mujer tan bonita se dirigiera hacia su persona y no hacia su dinero. Para él era una novedad
y le gustaba.
La recibió con una agradable sonrisa- No estaba muy seguro de si no ibas a echarte atrás.
Laurel lo miró contrariada-¿Por qué pensabas eso?
-Bueno, casi me he autoinvitado a tu casa con mi perro, Bingo, sin darte opción a nada. Quizá te lo has pensado mejor. –le comentó mientras la acompañaba hasta el
asiento del copiloto del coche y le abría la puerta.
Laurel le miró con una sonrisa por el inusual gesto y se metió en el interior saludando al perro que movía la cola con rapidez en el asiento trasero.
-Bueno, realmente te podía haber dicho que no-le respondió ella mientras él arrancaba el coche-pero llevo unos días dándole vueltas a alquilar la habitación y justo tú
preguntaste por ella.
-Entonces será el destino-decidió Nick con una sonrisa-Tú dirás hacia dónde vamos. Por cierto,…me llamo Nick.
Laurel le guió hacia su casa mientras comentaban particularidades del acuerdo de convivencia. El se mostró de acuerdo con el precio y además se ofreció a recoger la
cocina después de cada comida, pese a que Laurel le avisó de las pocas comidas en las que podrían coincidir debido a su horario de trabajo.
La casa de Laurel no estaba muy apartada del hotel ni del lago y estaba enmarcada en el bosque que rodeaba al pueblo.
Al bajar del coche Nick contempló la bonita casa de piedra oscura a la que Laurel se dirigía. Tenía un pequeño porche delantero despejado de muebles pero con
algunas macetas de hierbas aromáticas. Estaba rodeada de un jardín bien cuidado con grandes árboles. Cogió su ligero equipaje del maletero y la siguió hasta adentro.
Si el exterior le había impresionado el interior le encantó. Las paredes en color vainilla, suelos de madera, muebles rústicos de color claro, cojines naranjas y
estampados de flores. Parecía haber retrocedido en el tiempo. Se respiraba calidez y armonía en cada rincón y detalle del salón. Muy diferente a su apartamento
impersonal y minimalista de la ciudad y en el que se había sentido cómodo toda su vida. Claro que, no conocía otra cosa.
Laurel estaba en cuclillas frente a una chimenea de piedra en mitad del salón. La observó pelearse con unos leños, que no parecían querer encenderse. Tuvo que
reconocer que era bonita.
Se acercó a ella y se agachó. Su perfume hizo que se le contrajera el estómago. No conocía de nada a esa mujer y le había abierto la puerta de su casa con total
confianza. Pensó que quizá no era consciente de la tentación que podía resultar para cualquier hombre, el tener una mujer bajo el mismo techo. Es más, podía hacer con
ella cualquier cosa que se le ocurriera porque allí donde estaban no era probable que les escuchara nadie. Eso le hizo fruncir el ceño. ¿Cómo se podía ser tan
irresponsable y confiada?
-Trae déjame a mí- le pidió-No me gustaría que pensaras mal pero hay algo que quiero preguntarte.
Laurel, consciente de la cercanía de él, se levantó sin dejar de mirar como colocaba diestramente la leña junto a alguna piña para prenderle fuego.
-¿Estás casada? ¿Novio o alguien más con quien compartas la casa?- las llamas comenzaron a brillar en la chimenea.
-No- respondió Laurel dando vueltas a la situación. Estaban los dos solos. No se le había ocurrido pensar que pudiera pasar algo malo -¿Debo preocuparme por
algo?-le preguntó directa intentando disimular el vértigo que acababa de sentir.
Nick ocultó su sonrisa mirando al fuego-No, claro que no. Solo era curiosidad-se incorporó sin dejar de mirar las llamas. Esperaba no haber sembrado la duda en ella.
Le había gustado la confianza que le había mostrado y prefería convivir con eso que no con la incertidumbre de que él fuera un asesino en serie o algo similar.
-Bien, voy a preparar algo de comida-le informó Laurel contrariada.
Empezó a sacar cosas de la nevera, olvidando el último comentario de Nick. Prefería disfrutar del momento. La puerta de la cocina se abrió y entró Jane sonriente
-Me lo ha contado Megan. ¿Dónde está ese portento de la naturaleza que te has traído a casa?
Laurel abrió los ojos alarmada mientras era consciente de que Nick estaba apoyándose en el marco de la puerta, divertido, con los brazos cruzados. Se había quitado
el anorak y llevaba un jersey de punto blanco que le resaltaba un pecho amplio y proporcionado con el resto de su esbelta anatomía.
-Bien,…-suspiró dándose cuenta de que la tierra debería habérsela tragado y no había tenido esa consideración – Jane, este es Nick, el portento de la naturaleza por
el que preguntabas. Nick esta es mi amiga Jane, que va a quedarse a comer para que a mí se me pase el susto por lo que acabas de oír.
Jane le tendió la mano afectuosa- Disculpa-sonrió mirándolo con descaro de arriba abajo- Vaya, Laurel tenía razón.
-¡Jane!- exclamó Laurel tendiendo los platos-Pon la mesa. Pareces una quinceañera. Nick, no le hagas caso. Es que no es muy frecuente ver desconocidos en esta
época del año.
Nick contemplaba divertido la escena y cómo Laurel se había sonrojado levemente desde que su amiga hiciera esa descripción de él. Nunca había tenido problemas
con las mujeres, aunque las de su círculo anteponían, sin lugar a dudas su posición social y economía a su cuerpo. Le sorprendió y le hizo gracia el descarado comentario
de Jane, como si él no estuviera allí presente.
-Si me dices dónde está mi dormitorio puedo ir a dejar mi maleta-le comentó desenfadado.
-Oh, perdona. Es que cuando llego a casa solo pienso en la comida.- le explicó mientras lavaba la lechuga para la ensalada- Sube las escaleras y la segunda puerta a la
derecha. La primera es el cuarto de baño.
En cuanto salió de la cocina las dos amigas lo siguieron con la mirada. Su espalda era amplia y parecía musculosa y Laurel volvió a confirmar lo bien que le quedaban
los vaqueros en sus largas piernas.
-Supongo que has decidido acostarte con él- le susurró Jane cuando se quedaron solas en la cocina y él no podía oírlas.- Yo no me lo pensaría dos veces. Es más si tú
no quieres nada me avisas.
-Shhh! no depende solo de mí-le respondió en voz baja
-Ya, claro, dime un hombre al que no le apetezca tener una relación de sexo sin compromiso. No seas tonta, Laurel. Disfruta un poco.-le animó Jane mientras veía
bajar por la escalera al perro, seguido de su atractivo dueño.
Nick disfrutó de la comida casera y de la conversación. Jane se encontraba relajada, como en casa, igual que se sentía él, para su sorpresa. Hasta Bingo dormía
plácidamente junto a la chimenea en vez de estar a sus pies como en todos los lugares desconocidos a los que acudía.
-¿Esto es normal?- preguntó cuando Jane se marchó y él recogía las tazas del café.
-¿El qué?-inquirió Laurel siguiéndole a la cocina con la cafetera y el plato de galletas.
-Bueno, hoy es un día laborable, Jane se ha presentado sin previo aviso, hemos comido tan tranquilos y hasta hemos tomado café. ¿No se trabaja por la tarde en
Hudsonlake?
Laurel sonrió mientras metía los platos en el lavavajillas- Claro que sí, pero este es otro ritmo diferente al de la ciudad si es a lo que te refieres. Yo tengo que regresar
esta tarde al hotel, así que volveré a eso de las nueve.
Nick se había sentado en una silla frente a la mesa de la cocina para verla moverse por la cocina y asintió-¿Te gusta tu trabajo?
-Sí,-reconoció ella con los ojos brillantes- Esta tarde pondremos la decoración navideña. Ahora no hay mucha gente por las fechas que son pero tenías que vernos en
verano. Hay un montón de actividades y el clima favorece estar todo el día de excursiones y picnic junto al lago. ¿Cómo se te ocurrió venir ahora?
-Bueno,-se encogió de hombros- una mezcla de responsabilidad en cuanto a los negocios y una manera de evitar los compromisos familiares.
-¿En Navidad? ¿Eso es posible?-sonrió Laurel mirándole mientras cerraba el lavavajillas.
-Creo que voy a comprobarlo por mi mismo- resolvió levantándose- Voy a salir, nos vemos a las nueve. Dejo aquí a Bingo.
Ya en el coche Nick volvió a contemplar detenidamente la casa. Se había sentido como parte de la familia mientras comían, hasta parecía que encajaba, cuando
realmente no tenía nada que ver ni con esas mujeres ni con ese pueblo. Laurel era realmente bonita y no parecía muy preocupada ni por su maquillaje ni por el dinero
que él podía tener. Sonrió recordando lo que Jane le había llamado nada más entrar. Sabía que era atractivo a juzgar por los comentarios de las mujeres con las que había
salido, pero se olvidaba de esa etiqueta cada vez que colgaba sus trajes de Armani en el vestidor. En vaqueros y sin que nadie le conociera se olvidaba de su físico y de
su dinero, lo que le era muy gratificante. Arrancó el coche y decidió dar una vuelta por los alrededores del lago para ver los negocios que había por la zona.
Laurel estaba terminando de decorar el árbol del comedor del hotel cuando Nick entró y se acercó. Ella lo miró desde la escalera en la que se había subido. Cuanto
más lo miraba más guapo y atractivo le parecía. Se acercó a ella risueño.
-¡Hola! Creí que te vería en casa, ¿me pasas esa estrella de ahí?
Nick obedeció fijando la mirada en las largas piernas de Laurel, enfundadas en unos pantalones negros de vestir. Subió la mirada poco a poco. Su cadera redondeada,
su cintura estrecha y una pequeña porción de cremosa piel que mostraba el jersey blanco cada vez que estiraba los brazos. No pudo evitar echar mano sobre sus rodillas
sujetándola con firmeza.
-No vayas a caerte-le dijo tras el sobresalto inicial de ella.
-No, claro- murmuró Laurel ruborizada y molesta por su actitud infantil. Se tendría que haber puesto una falda si quería seducirlo, o algo con escote y no ese jersey
de cuello alto, pensó.
-¿Hay restaurantes por aquí?-preguntó desenfadado sin soltarla mientras le pasaba las diferentes bolas y artículos navideños pendientes de colgar.
-¿A qué te refieres? –le preguntó -¿Pizzerías? ¿Restaurantes de cinco tenedores? ¿Tabernas?
-No sé ¿A ti que te apetece más?- fue un susurro con voz ronca
A ella se le cayó la bola que él le acababa de pasar –oh, perdona,…¿me estás invitando a cenar?
Nick se encogió de hombros- Nada formal, solo por salir un poco y ver el ambiente.
-Bueno, estás en Hudsonlake, no esperes grandes diversiones un jueves por la noche, bueno, ni un sábado. Hay veces que se organizan fiestas o conciertos, pero en
estas fechas, hasta el día de Navidad no hay concierto de villancicos en la plaza.-Bajó de las escaleras dejando que él le ayudara y cuando pisó el suelo levantó la cabeza
para mirarlo, muy consciente de su cercanía.- ¿Una pizza?
Nick le miraba los labios. Realmente le parecían apetecibles.- ¿Sabes una cosa? –la miró a los ojos sin separarse de ella- En otras circunstancias te habría dicho que
inevitablemente, tarde o temprano, me iba a acostar contigo y para qué esperar más. Te llevaría a la cama ahora mismo, bueno,-miró a su alrededor- a lo mejor ni eso.-
volvió a mirarla a los ojos- Pero esto es nuevo para mí, la tranquilidad, la confianza,…y me gusta.
La soltó y cogió el abrigo que había dejado sobre una silla -Pues una pizza, te espero fuera.- se dirigió con seguridad hasta la puerta.
Laurel asintió conteniendo todavía el aire. Cuando él salió lo soltó de golpe y se dejó caer en uno de los peldaños de la escalera en la que se había subido repasando
todo lo que Nick le había dicho. Negó con la cabeza. Tenía que haberse puesto un escote. Tranquilidad, confianza,…No quería casarse con él. Quería un buen revolcón y
punto. No había sido consciente de su necesidad hasta que lo había visto apoyado en la puerta de su cocina cuando Jane había entrado. Tan atractivo, tan seguro de sí
mismo. Se levantó pero volvió a sentarse de inmediato. Oh, oh, lo que Nick no sabía era que cuando ella se empeñaba en algo lo conseguía. Decidido, al día siguiente se
pondría escote.
La pizzería estaba bastante concurrida para no ser fin de semana. No era un local muy grande pero resultaba acogedor. La mitad inferior de las paredes estaba
forrada en madera rústica y la superior, de color crema, mostraba una colección de viejas fotografías en blanco y negro de diferentes monumentos italianos. Las mesas,
casi todas cuadradas, estaban cubiertas por manteles de tela de cuadros blancos y rojos. Incluso la música que sonaba de fondo muy bajita era italiana. Le recordó con
total realismo a una más de las típicas trattorías que conocía de la vieja Italia. Daba por hecho que el dueño o era italiano o había vuelto a casa con una muy buena y
clara idea de cómo quería que fuera su negocio. Bastantes adolescentes y alguna que otra pareja degustaban pizzas y otras especialidades italianas.
-Hola, tú debes ser Nick, el inquilino de Laurel- le sonrió el apuesto hermano de Jane tendiéndole la mano.- Soy Peter, ¿Mesa para dos?
-Vaya, como corre la voz-murmuró Laurel siguiendo a Peter hasta una mesa cercana a la ventana, desde la que se veía el lago iluminado.
-Por lo que veo, aquí os conocéis todos-comentó Nick cuando Peter se alejó
Laurel sonrió extrañada- Bueno, por lo menos de vista, ésto es un pueblo.-abrió la carta para elegir una pizza.
Nick se sorprendió por el buen sabor de la pizza acompañada con un sencillo vino Lambrusco rosado. Muy alejado de los sofisticados restaurantes que solía
frecuentar, pensó. Disfrutó de la cena hablando de variedad de temas impersonales y animado por el sencillo ambiente que se respiraba en el restaurante. Había
momentos en los que pensaba el tiempo que hacía que no se encontraba tan relajado fuera de su ambiente natural. Cuando hubieron acabado vio a una mujer pelirroja
saludando desde la barra.
-Laurel, creo que te saludan-le señaló
Laurel dirigió su mirada a Megan que en cuanto la miró se acercó portando su taza de café y una silla para incorporar a la mesa. Ya no hicieron falta las
presentaciones. Nick volvió a verse inmerso en la misma calidez que había experimentado durante la comida. Y Peter no tardó en incorporarse a la mesa y unirse a la
conversación.
Laurel daba vueltas malhumorada en la cama. Estaba decidida a tener una relación simplemente sexual con Nick y él actuaba como si quisiera que fueran amigos y
poco más. Sí que le había sorprendido mirándole en más de una ocasión durante la cena, pero en cuanto llegaron a casa se dirigió rápido a su habitación sin darle opción a
ella a nada. Claro que, no sabía muy bien qué hacer, pero por lo menos él podría colaborar un poco.
Cuando bajó con la ropa deportiva todavía estaba malhumorada, algo que les hizo mucha gracia a sus dos amigas. Bingo decidió que las acompañaba y empezaron a
entrar en calor corriendo por los alrededores.
Entonces Laurel recordó que aún no había hablado con el abogado que se hospedaba en el hotel y empezó a preocuparse temiéndose lo peor.
Cuando llegaron a casa, todo estaba a oscuras y en silencio y comenzaron con el ritual del café de todas las mañanas. Tras despedir a sus amigas, Laurel se dirigió
escaleras arriba preguntándose cómo sería Nick recién levantado de la cama. Negó con la cabeza, parecía obsesionada. Abrió decidida la puerta del cuarto de baño y se
quedó ahí, parada.
Nick estaba afeitándose con solo una toalla anudada a la cintura. Sintió que la boca se le secaba. La razón le decía que cerrara la puerta pero no podía dejar de mirar el
cuerpo musculoso y trabajado a fuerza de gimnasio que tenía delante.
Nick la dejó mirar sin inmutarse mientras se seguía afeitando. Observaba divertido la expresión de su bonita cara enmarcada por mechones rebeldes que se le habían
soltado de la coleta en la que se recogía el cabello para hacer footing.
-Eh…Hay café preparado en la cocina-acertó a decir antes de cerrar la puerta y volver a bajar a la cocina a tomarse otro café.
– Laurel, ayer el abogado por el que preguntaste, dejó este sobre para ti para que firmaras los documentos.-le informó Helen tendiéndole un sobre grande y cerrado-
Dijo que hoy estaría fuera pero que mañana esperaba hablar contigo.
Laurel asintió cogiéndolo y se dirigió a su despacho a empezar con la rutina diaria. No se atrevió a abrir el sobre. Había documentación que debía firmar y eso solo
podía significar su despido.
Pasó la mañana inmersa en la contabilidad del hotel, por lo menos dejaría todo correctamente anotado hasta su último día. No podía evitar mirar el sobre una y otra
vez, y de vez en cuando se sorprendía divagando sobre la posibilidad cada vez más cercana de abrir su propio hotel. Empezó a anotar ideas para mejorar el servicio y la
calidad del Hudson’s Star. Cuando levantó la cabeza de la mesa eran casi las cuatro de la tarde y aún no había comido.
Decidió bajar a buscar alguna sobra en la cocina y fue entonces cuando pensó en Nick, no lo había visto desde el incidente de la ducha. Negó con la cabeza. Estaba
demasiado ocupada con el trabajo, reconoció, pero es que su trabajo le gustaba. ¿Necesitaba un hombre? Una vez tuvo uno y no funcionó. Y no le gustaba perder el
tiempo.
A mitad de tarde llegó a casa. No la había decorado y eso era algo que siempre le había gustado hacer a ella misma. Disfrutaba de ese momento desde que se había
comprado la casa. Se hacía un bowl de palomitas de maíz y después de terminar con la decoración se preparaba un tazón de chocolate caliente y se sentaba en el sofá a
observar el resultado.
Al entrar vio a Nick sentado en el sofá viendo la tele con una cerveza. Lo saludó y se quitó el abrigo ante su atenta mirada y el caluroso recibimiento de Bingo. Sintió
la mirada de Nick sobre ella y por primera vez en todo el día se alegró de haberse puesto su escotado jersey azul.
Nick se levantó al verla. Tuvo que reconocer que había esperado ese momento desde esa mañana. La siguió a la cocina admirando la estilizada figura que claramente
mostraba la ropa que llevaba. Cuando ella se giró, Nick la miró a la cara. Laurel parecía esperar una respuesta. ¿Le había preguntado algo?
-¿Decías algo?-le preguntó incómodo
Laurel se encogió de hombros- Te preguntaba si te apetecían palomitas de maíz
-¿Palomitas de maíz?
Laurel lo volvió a mirar mientras sacaba una sartén de un armario- ¿has escuchado algo de lo que te he dicho?
El se apoyó en el marco de la puerta con las manos en los bolsillos-La verdad es que no-reconoció
Laurel lo miró extrañada.-¿te encuentras bien?
-Claro que sí- aceptó – Estaba distraído-la miró de arriba abajo-Y si sigues tirándome de la lengua quizá no te guste lo que te fuera a decir.
Laurel desvió la mirada triunfadora. El escote había tenido el efecto que pretendía.- Te decía que hoy toca adornar la casa de Navidad y que iba a preparar unas
palomitas.
Nick miró a su alrededor-ah, claro, la casa la adornas tú,… pero las palomitas ¿Dónde las compras?
Laurel le señaló un paquete de granos de maíz.- Voy a ponerme cómoda y ahora vuelvo. ¿Podrías sacar la caja de adornos que hay en el mueble del salón? Está en el
armario de abajo.
Nick asintió distraído y se acercó al paquete de granos de maíz. Sonrió. Parecía haber retrocedido siglos atrás. Granos de maíz. Palomitas. A su edad. Las palomitas
eran para los niños cuando iban al cine. Sonrió.
Laurel revisó su armario. Después del efecto que había tenido lo que se había puesto no podía estropearlo con cualquier cosa. Empezó a abrir cajones y a rebuscar
nerviosa e impaciente en su interior. ¿Cómo podía ser que no tuviera nada sexy para estar por casa? Malhumorada volvió a repasar todo el contenido de su armario por
segunda vez. Tras volver a repasarlo dos veces más y nerviosa por el tiempo que estaba empleando en ello, se rindió. Optó por unos vaqueros y un cómodo jersey de
color rojo. No muy convencida volvió a la cocina.
Nick la observó hacer las palomitas y al sonido de las primeras Bingo se unió a ellos. Le sorprendió la calidez del momento y su sencillez. Se sentó en una de las
sillas con una sonrisa en el rostro.
-¿Qué piensas?-le preguntó Laurel insegura.
-En nada concreto-contestó probando las primeras palomitas-Hace siglos que no comía palomitas, y mucho menos hechas en casa.
Laurel le miró con los ojos entrecerrados – No estoy segura de si eso me gusta o no. No sé qué quieres decirme.
Nick la miró divertido- Ceo que te querría decir muchas cosas, pero ahora mismo prefiero disfrutar del momento y nada más.
Miró a Jane que entraba por la puerta de la cocina con unas cervezas en la mano-¡Qué bien huele! Creí que iba a llegar tarde-Toma Nick, mételas en el congelador.
Hay que tomárselas mucho antes del chocolate-se quitó el abrigo
-¿Qué chocolate?-preguntó Nick obedeciendo
-El de después de decorar la casa-le explicó Jane cogiendo un puñado de palomitas-hola Megan
La pelirroja entró cargando una bolsa con bizcochos- ¡¡Que frío!! Peter está aparcando. Nick, porfa, ayúdale a sacar el árbol.
Nick se asomó a la ventana para ver a Peter maniobrar con un abeto no muy grande y salió sin abrigo a echarle una mano. Bingo le siguió meneando la cola.
-No ha parado de nevar en todo el día ¿Qué tal va todo?-susurró Megan atenta a la ventana por si entraban los chicos
-Bueno, hoy me he puesto el jersey azul, el escotado y parece que ha causado efecto
-¿y por eso ahora te has puesto ese rojo que llevas?-preguntó Jane cínica
-Bah, no tengo nada sexy para estar por casa- refunfuñó Laurel echando otro puñado de granos de maíz a la sartén- Así que ya sabéis qué regalarme para Navidad
-¿Caerá hoy?-le preguntó Megan
– No lo sé. No parece que busque lo mismo que yo-les confesó contrariada
-Bueno, siempre está el plan B, metete en su cama directamente-le animó Jane metiéndose una palomita en la boca-Solo le quedan unos días aquí. ¿Qué más te da lo
que piense?
Laurel la miró horrorizada- No lo dirás en serio, ¿no?
-Claro que sí. Laurel no quieres casarte con él. Solo quieres sexo. –le recordó mientras Megan se movía de la ventana con prisa.
-Pues sí, chicas, hace mucho frío últimamente, ¡hola chicos!
Los dos jóvenes llevaron el abeto al salón. Nick se dejaba llevar por Peter que parecía saber lo que hacía. Las chicas no tardaron en unirse a ellos en el salón con las
palomitas y las cervezas.
El resto de la tarde paso rápido entre risas y espumillones. Laurel miraba de vez en cuando a Nick. Parecía que disfrutaba del momento pese a que estaba bastante
callado. A veces lo sorprendía mirándola y le devolvía la sonrisa.
Cuando acabaron de decorar el interior de la casa se pusieron los abrigos y empezaron a colocar bombillas de colores por el exterior. Bingo corría de unos a otros
divertido. Laurel se acercó a Nick.
-¿Qué piensas?-le preguntó elevando su rostro para mirarlo
Nick le sonrió pasándole un brazo sobre los hombros acercándola a él- Hace frío- Volvió a mirar hacia el porche donde Jane y Peter discutían por la colocación de
una bombilla de color rojo.
Laurel se sintió reconfortada por el abrazo pero a la vez rechazada. Se sentía tratada más como una hermana que como una mujer. Y eso no le gustaba. Frunció el
ceño.Después se tomaron un chocolate caliente junto al fuego de la chimenea compartiendo anécdotas de los años anteriores. Nick dedujo que la única que tenía casa
propia era Laurel y por eso se reunían allí con más frecuencia. Supuso que Peter tendría su propia historia porque teniendo negocio propio y su misma edad ya era hora
de que viviera solo.
Cuando decidieron irse Laurel los acompañó hasta el coche mientras Nick la seguía dos pasos por detrás. Nada más verlos alejarse vio a Laurel agacharse y coger un
puñado de nieve. De repente, la bola de nieve se estrelló contra su pecho sorprendiéndole. Aún no había reaccionado y otra más fue a parar a sus pantalones. Divisó a
una risueña Laurel a unos metros de distancia volviendo a coger munición helada entre los ladridos juguetones de Bingo. Una tercera bola le dio de lleno en el hombro
sacándole de su sorpresa. Con rapidez se agachó e imitó a Laurel arrojándole divertido una bola que hábilmente y entre risas esquivó.
Bingo corría de uno a otro mientras Nick iba acercando posiciones entre bola y bola. Laurel se agachó a recoger otro puñado de nieve cuando Nick se avalanzó sobre
ella tumbándola divertido. Laurel forcejeó sonriendo mientras le echaba nieve por encima pese a que le volvía a caer a ella. Nick le sujetó las manos a ambos lados de la
cabeza incorporándose tumbado sobre su cuerpo. La observó detenidamente. Tenía el cabello alborotado y los ojos le brillaban divertidos. Le parecía preciosa y tan
confiada. Le miraba con los labios entreabiertos en una media sonrisa. Pensó en su sabor, realmente estaba deseando probarlos. Sabía que ella no le diría que no.
Entonces sintió una punzada en la entrepierna que le hizo fruncir el ceño. Laurel observó el cambio de expresión en su rostro.
Se levantó serio y tiró de ella para ponerla en pie.-No me esperes despierta, Bingo, vamos!
Laurel observó boquiabierta cómo se alejaban con paso ligero. Negó con la cabeza sin entender. Había estado segura de que él iba a besarla segundos antes. Se sentía
confusa y molesta. Bufando volvió al interior de su casa y no tardó en acostarse.
Nick paseaba pensativo por las solitarias calles alumbradas por rústicas farolas. Hacía frío y casi lo agradecía, aunque agradecía más que hubiera dejado de nevar.
Llevaba las manos en los bolsillos de sus vaqueros y Bingo pegado a sus talones. Caminaba sin dirección. Solo quería pensar. O quizá no. Quizá no quería pensar, quería
vivir el momento. Quería dejarse llevar. Sabía que no era su mundo, que no era su ambiente,…Pero se sentía cómodo. Se sentía a gusto. Lo habían aceptado sin más
preguntas que su nombre. No sabían a qué se dedicaba exactamente, y parecía que les daba igual. Laurel. Le gustaba. Era tan diferente a las mujeres que había conocido.
Sabía que se mostraría dispuesta a acostarse con él, pero no lo haría por su dinero, ni por su posición social. Aquello era nuevo para él y no se sentía seguro. No sabía
que podía esperar de ella. Quizá por primera vez en su vida no controlaba la situación. Y eso no le gustaba. De eso estaba seguro.
Cuando llegó a casa todo estaba a oscuras y agradeció en silencio no tener que luchar contra el deseo que le provocaba con total intención su dulce casera.
Laurel no volvió a casa hasta la noche siguiente. Estuvo todo el día trabajando en el hotel. Se sentía como una quinceañera que tuviera que dar explicaciones por su
atracción hacia el sexo opuesto. Ella ya había dejado claro lo que quería de Nick, pero parecía ser que él no buscaba lo mismo. O quizá ella no sabía ser sutil. Se
sorprendió negando con la cabeza una y otra vez cada vez que intentaba entender la situación.
Llegó a casa, cansada de estar fuera todo el día. No era la primera vez que lo hacía pero con Nick en casa era distinto. Además estaba confusa con su continuidad o
no en el hotel en el que tan cómoda se sentía.
Se quitó el abrigo mientras acariciaba a Bingo que había corrido a saludarla. Le gustó el gesto y vio como Nick también se levantaba del sofá y le sonreía mientras se
metía las manos en los bolsillos de sus inseparables vaqueros.
-¿Te apetece pescado para cenar?-le preguntó entrando a la cocina seguida de él.
-¿Has estado todo el día trabajando?-preguntó Nick admirando con disimulo el escote que ella lucía.
-Bueno, tenía bastantes cosas que hacer, que pensar-recordó el sobre que había terminado por guardar cerrado, otra vez, dentro de un cajón.
Nick se le adelantó en la nevera-Siéntate y ya preparo yo algo,…si te da igual que no sea un gran cocinero.
Laurel asintió agradecida. No tenía mucho ánimo de nada pese a que se recreó la vista con el cuerpo masculino que estaba de espaldas a ella.
-¿Sabes lo que es disfrutar enormemente de tu trabajo? No hasta el punto de descuidar a la familia si la hubiera, pero sí de sentirte realizada y satisfecha-le preguntó
mientras daba un trago a una copa de vino que él le había servido.
Nick la miró sin comprender-Más o menos. ¿Tienes algún problema en el trabajo?
-No, no- respondió ella sin querer profundizar. Eso parecía una conversación de pareja tras un día sin verse. –Por cierto no sé a qué te dedicas.
-Bah, negocios familiares, por eso te comenté que quería huir de la familia estos días.- le dijo sirviendo una ensalada con tomate y atún y un plato de queso con pan.
Se sentó con ella y cenaron tranquilamente hablando de trivialidades. Esa noche Laurel durmió mal pero no por la tensión sexual no satisfecha sino por la posibilidad
de perder un trabajo, con el que realmente disfrutaba.
Esa mañana Nick se la encontró en la cocina adormilada mientras preparaba la cafetera. Llevaba un pijama rojo de franela y estaba despeinada y abriendo la boca
cuando entró él.
Laurel lo miró de arriba abajo. Ya se había duchado y vestido y le sonreía burlón. Recordó la ropa que llevaba ella y negando con la cabeza dio por perdida cualquier
remota posibilidad de una tórrida y salvaje aventura sexual.
-¿Hoy no te vas a hacer footing?-le preguntó él acercando otra taza a la cafetera
-No, hoy es sábado- le explicó descontenta – he dormido fatal y tengo que volver al hotel.-suspiró
-¿Por qué no vas a ducharte y yo te acerco al hotel cuando hayamos desayunado?-sugirió él
-Supongo que no voy a conseguir que me frotes la espalda-murmuró saliendo de la cocina- Ahora bajo-dijo en voz más alta.
Nick sonrió porque la había oído perfectamente y se quedó preparándole el desayuno. Estuvo tentado un par de veces de subir a frotarle la espalda, pero se contuvo
porque sintió que no estaban en igualdad de condiciones. No era buena idea al estar viviendo allí, aunque realmente él se marcharía en menos de una semana y nada le
impedía compartir algo se sexo con ella sabiendo que estaba más que dispuesta. Pero él estaba cansado de las aventuras de una noche y ya era hora de sentar cabeza. Le
gustaba la zona, los alrededores y la gente que estaba conociendo. Eso le hacía plantearse algunas cosas. De todas maneras no era de piedra, pensó. Estaba claro lo que
buscaba ella y ya era mayorcita para saber lo que se iba a encontrar. Quizá ya era hora de caer en la tentación. Además, Laurel no le pedía nada a cambio. ¿Qué más
podía pedir? Pero no era la idea que llevaba en mente. Ya no.
-¿Qué piensas?-le preguntó Laurel cuando al entrar lo vio mirando por la ventana pensativo.
-En las razones que me estaba dando por las que no subir a frotarte la espalda-le sonrió mientras le tendía la taza de café haciendo que ella le mirara boquiabierta.
-Hum…, pues debes haber encontrado más de una- respondió ella suponiendo acertadamente el rubor de sus mejillas.
Nick no le contestó sino que siguió mirando por la ventana mientras salía el sol.-Tienes una casa muy bonita-le alabó.
-Gracias- respondió Laurel orgullosa –Me encanta. En cuanto la vi supe que iba a ser mía.
-Yo vivo en un ático- le informó él mirando a Laurel de arriba abajo con descaro y admirando sus sinuosas curvas bajo un vestido corto.
-¿Das el visto bueno al vestido?-le preguntó ella alarmada ante su mirada. Quizá se había excedido con su indumentaria.
-Más bien a lo que hay debajo del vestido- sonrió Nick dejando su taza en la fregadera- Te espero fuera.-Cogió el anorak que tenía sobre la silla.
Laurel lo vio salir boquiabierta. Pero ¿Por qué no la había besado? Se preguntó molesta. Resopló y tras dejar su taza y coger su abrigo lo siguió hasta el coche.
Cuando entró al hotel todavía estaba confundida con la actitud de Nick. Iba a subir a su despacho cuando se encontró de bruces con el abogado del que llevaba
huyendo desde hacía días. El la reconoció al instante y la miró de arriba abajo con admiración y sin disimulo. Ves como no es tan difícil, pensó ella negando con la
cabeza.
-Señorita Harding, por fin la localizo-comentó agradable.
-Señor O’Roarke-saludó ella tendiéndole la mano- He estado ocupada, lo siento. Realmente no he tenido tiempo de repasar la documentación que le dejó a Helen el
otro día.
-Sería un placer comentarla con usted esta tarde mientras tomamos un café, si me permite la invitación. Ah, y llámeme Richard.
Laurel no vio escapatoria posible y no le quedó más remedio que asentir con una sonrisa.
-Está bien,…Richard. Si le parece bien nos vemos esta tarde, a eso de las cinco en el comedor -aceptó rindiéndose a su previsible despido.
Richard aceptó con una sonrisa y se alejó de ella en dirección a la puerta. Laurel le siguió con la mirada y suspiró. No hacía más que alargar lo inevitable. Subió a su
despacho y se centró en el papeleo pendiente para evitar pensar en su inminente despido y en el hombre que iba a compartir su casa los próximos días.
No se molestó ni en bajar a comer y cuando vio las cinco en su reloj de pulsera bajó al comedor con la misma impresión de quien va camino de la horca.
Se sentó a la mesa fingiendo una sonrisa y con el sobre sin abrir en la mano.
-Mi cliente quiere saber si le va todo bien- le comentó el atractivo abogado mientras pedían un par de cafés.
-Oh,..sí, sí, no me puedo quejar-respondió ella.
-¿Cuánto lleva trabajando aquí? ¿Unos cinco años?
– Sí, -aceptó- Desde que llegué a Hudsonlake -le informó echándose el sobrecito del azúcar en el café.
-Bueno, ya sabe a que he venido ¿no? Me esperaría cualquier día de estos-aventuró Richard – Debe disculpar la demora. Entre llegar a tomar la decisión, los
trámites, y ajustar mi agenda,…la verdad es que el tiempo pasa rápido.
Ella asintió con la cabeza ahogando un suspiro. Mantenía la cabeza baja, dando vueltas al café, recordándose las razones que la habían llevado a esa situación.
Realmente podría haber seguido como estaba porque tenía un buen sueldo y a fin de cuentas el hotel iba bien. Pero ella estaba convencida de que podía ir mejor con una
mínima inversión y sentía la necesidad de hacérselo saber a los herederos. Eso y que la vanidad, el ego, o una mezcla de los dos, buscaban un reconocimiento a un trabajo
bien hecho.
Sabía a lo que se exponía, por eso estaba allí. Pero estaba dispuesta a montar otro hotel, si era necesario. Sabía que quería dirigir el mejor hotel de Hudsonlake y sus
alrededores. Porque sabía que estaba más que capacitada para hacerlo, y llevaba cinco años formándose a conciencia para eso. No quería ser una simple gerente de un
hotel corriente. No, no iba a conformarse con eso.
Con nueva fuerza, autoconvencida otra vez de su potencial, levantó la cabeza y con una sonrisa abrió el sobre mientras miraba al atractivo abogado, que bebía un
sorbo de su taza.
-Bien, llegó el momento-sonrió sacando la documentación.
-Michael no esperaba que estuviera especialmente contenta- comentó Richard que estaba preparado para otra respuesta emocional.
-¿Michael? ¿Qué Michael? … ¿Qué es esto?-preguntó sin entender la documentación que tenía entre manos- ¿Qué es esto?
-Bueno, -esto era lo que estaba esperando y se incorporó hacia ella – Michael Dobbs, tu ex marido solicita el divorcio, Laurel. ¿Para qué creías que estaba aquí?
Laurel miraba la documentación y miraba a Richard alternadamente. Se había quedado en blanco. Se sentía bloqueada.
-Laurel ¿Te encuentras bien? ¿Quieres tomar algo? ¿Un vaso de agua?
Laurel negó con la cabeza. Apoyó los codos sobre la mesa y apoyó su cabeza en sus manos mirando hacia la taza de café mientras trataba de aclarar sus ideas.
Cerró los ojos frunciendo el ceño. No se esperaba nada de eso.
-Laurel, lleváis cinco años separados. No habéis mantenido ningún tipo de contacto. Te viniste aquí a vivir sin avisar,…
-¿Cómo me has encontrado?-le preguntó mirándole con una inmensa tristeza.- ¿Sabía dónde vivía? ¿Ha esperado todo este tiempo para solicitar el divorcio? justo
ahora, en Navidad-negó con la cabeza-¿Cómo se llama?
-¿Disculpa?-preguntó Richard, confundido, lamentando el dolor que reflejaba el rostro de la atractiva mujer que tenía delante.
-Sí, no nos engañemos ¿Quieres un whisky? ¡Ruth!-avisó a la camarera-Sírvenos dos whiskies.-volvió a mirar a Richard -¿Cómo se llama su futura mujer? Michael
no se atrevería a divorciarse si no tuviera a otra.
Richard la miró fijamente- Se llama Bárbara y está embarazada-le informó después de que la camarera les sirviera la bebida.
Laurel negó con la cabeza- Embarazada. Tiene gracia.-dio un trago al whisky- Dios que malo está. ¿Por qué la gente bebe ésto?-dio otro sorbo que parecía que le iba
a quemar la garganta.
-Laurel, ¿estás bien?-volvió a preguntar atento
-Sí, sí, de verdad. Es solo que no lo esperaba- Entonces se echó hacia atrás en la silla confundida.
¿El hotel? ¿Todo seguía igual, entonces? Nadie había respondido a su carta.
-Escucha, Richard, firmaré los papeles, sin duda alguna, pero si no te importa dame un par de días. Sé que te quedas hasta final de semana, los tendrás antes, seguro,
pero ahora necesito ordenar mis ideas,…otra vez-suspiró antes de dar otro sorbo al whisky para hacer una mueca después.
-Claro, Laurel, tómate tu tiempo- la tranquilizó el abogado mientras la veía levantarse de la mesa con la documentación en la mano.
Laurel asintió y salió del comedor como si llevara a sus espaldas una piedra de una tonelada de peso por lo menos.
-Escucha, Helen-dijo a la recepcionista- Voy a salir. Ya nos veremos mañana
Salió a la calle y aun enfundada en su abrigo noto la fría temperatura del exterior. ¿Quién le habría mandado ponerse un vestido? Entonces recordó a Nick y negando
con la cabeza por su poco éxito con él se dirigió a su casa.
Al llegar Bingo la recibió alegre y juguetón. Decidió ponerse el chándal y salir a correr acompañada por él. Jane siempre decía que el ejercicio era lo mejor para
olvidarse de todo y se obligó a comprobarlo.
En menos de una hora en la calle se convenció de que era mejor ahogar sus penas en la ducha y que se fueran por el desagüe. Eso y un enorme pastel de chocolate.
Así que se acercó a la pastelería antes de llegar a casa.
Al entrar vio a Jane hablando con Nick en el sofá. La imagen no le gustó demasiado. Parecían viejos amigos y sintió algo parecido a lo que reconocía como celos.
-¿De dónde vienes? Hace un frío tremendo-le preguntó Jane levantándose y cogiendo la caja del pastel-Pasé por el hotel como habíamos quedado y Helen me dijo
que te habías ido.
-¿Habíamos quedado? Ah, sí, lo había olvidado-dijo quitándose el abrigo y bufando al notar que Nick la estaba viendo en chándal y no con el escotado vestido que se
había puesto por la mañana. Bueno, ya no había remedio.-Jane, deberías felicitarme porque me he ido a hacer footing-le cogió la caja de la tarta entrando a la cocina
seguida de ellos.
-¿Tú? ¿Estás bien?-cogió el tenedor que le ofrecía mientras sacaba la tarta de chocolate y no se molestaba ni en sacar platos-¿Ves? Que me digas que te has ido de
propio a por la tarta, me lo creo más. Come Nick, está muy buena.
-Ya la veo- contestó Nick mirando fijamente a Laurel que le tendía un tenedor mientras se llevaba un trozo de tarta a la boca.
Laurel le mantuvo la mirada mientras él se demoraba en coger el tenedor. Sin darse cuenta contuvo la respiración y sintió la calidez de sus dedos alrededor de su
mano. Sintió que el tiempo se paraba mientras se miraban.
Nick la observaba confundido. Los ojos de Laurel parecían esconder dolor y abatimiento, sin embargo estaba preciosa con el pelo revuelto por el ejercicio realizado
y las mejillas y la nariz enrojecidas por el frío. No recordaba la última vez que había sentido a una mujer tan vulnerable.
-Bueno, chicos, siento estar aquí estropeando la fiesta-comentó Jane comiendo tarta- pero hemos quedado en el restaurante de Peter. Es su cumpleaños-le informó a
Nick que ya estaba probando la tarta.
-Bueno, está bien, voy a ducharme y enseguida bajo-les informó Laurel metiéndose un trozo más de tarta en la boca-No os la comáis entera-les advirtió dejando el
tenedor junto a la tarta.
Se metió en la ducha dejando que el agua caliente resbalara por su nuca y le recorriera el cuerpo hasta llegar a sus pies. Tembló cuando vio el agua colarse por el
desagüe. Volvió a recordar su pasado, su matrimonio, su marido,… Era muy guapo, con una belleza infantil, de nariz pequeña y ojos claros. Alto, delgado, elegante. Se
habían conocido en la universidad y era un “buen chico que provenía de una buena familia”. Eso es lo que le dijeron sus padres cuando decidieron que casarse con él
podía ser una buena opción. Laurel lo había aceptado así. Siempre se había dejado llevar por los demás, ni siquiera se había planteado la posibilidad de elegir por ella
misma. Era como si su vida siguiera un guión que alguien había escrito.
Hasta que se cansó. Se cansó de las largas esperas en casa mientras él tenía cenas de negocios. Se cansó de estar siempre impecable, con buena cara y siempre
dispuesta a las decisiones de su marido. Se cansó de las fiestas benéficas y las cenas de gala. Se cansó de mirar hacia otro lado cuando se enteraba por comentarios
“accidentales” de las infidelidades de su marido. Se cansó de mantener las apariencias y de que todos decidieran por ella. Simplemente se cansó. Pese a llevar una vida
cómoda y donde nunca le faltara dinero. Pese a vestir ropa elegante y de viajar en primera clase. Pese a vivir rodeada de lujos y caprichos.
Dejó que las lágrimas resbalaran con el agua caliente. Suspiró profundamente. Le había costado empezar a tomar decisiones así que aprendió a pensar, a analizar
opciones, a saber lo que quería y a ir a por ello sin dudar una vez que lo tenía claro. Se había centrado, o quizá escondido en el trabajo, pero gracias a eso ahora se sentía
muy satisfecha con lo que había llegado a ser, y en general con su vida. Ahora tenía que trabajar para pagar una hipoteca. Pero era la casa que ella había escogido, donde
ella había querido y con los muebles que a ella le habían gustado.
Y tenía amigas, de las de verdad, de las que conocían sus defectos y los aceptaban, con las que compartía cualquier cosa y con las que se divertía. Humm… y más
valía que se diera prisa por salir porque celebraban el cumpleaños de Peter en la pizzería y no quería llegar la última.
No tardó en secarse el pelo y maquillarse. Salió envuelta en su albornoz disfrutando del olor de su crema corporal y se encontró con Nick en el pasillo. Casi se había
olvidado de él. Lo miró de arriba abajo sin disimulo. Llevaba una camisa de manga larga negra y unos vaqueros del mismo color. Pensó que no se podía ser más atractivo.
-Bueno, entonces, ¿das el visto bueno a lo que me he puesto?
Laurel sonrió divertida-Para serte sincera daba el visto bueno a lo que hay debajo.
Nick le devolvió la sonrisa y se le acercó, pero se detuvo en seco.- Tienes los ojos rojos ¿has llorado?-le llevó una mano hacia su mejilla.
Laurel bufó haciendo una mueca- Enseguida salgo-se metió en su dormitorio.
Abrió el armario decidida. De esa noche no iba a pasar. No quería una relación emocional, no quería un amigo, ni un hombro masculino sobre el que llorar. Quería
pura pasión, solo sexo. Vale que a ella le había afectado la documentación de divorcio pero no era el momento de pensar en eso. Sacó un vestido corto y ajustado de
color azul. Buscó un conjunto de ropa interior del mismo color y unas medias caladas. Esa noche iba a comerse el postre en casa, decidió mientras se vestía.
Nick había notado la mueca y la había visto cerrar la puerta de su dormitorio. Estuvo tentado de entrar pero si lo hacía, notando las provocaciones de Laurel, no era
difícil de imaginar que no llegarían puntuales a la cena. Se apoyó en la pared y se pasó una mano por el pelo. No estaba seguro de lo que quería hacer. Ella no le conocía
y sin embargo se le había insinuado sin parecer que buscara nada más que sexo. Pero no parecía una mujer frívola. Era muy responsable con su trabajo, amiga de sus
amigos, no era la típica mujer que buscara un buen rato en la cama sin querer nada más. A ese tipo de mujeres las conocía bien y estaba cansado de ellas. Muy cansado.
Si no, qué iba a hacer él huyendo del mundo en el que se movía, en esas fechas.
La vio salir y se quedó sin aliento. Estaba deslumbrante y segura de si misma y de su feminidad. El vestido se le ceñía provocativamente a su esbelto cuerpo. El
cabello le caía suelto sobre los hombros y olía maravillosamente bien. Sintió una punzada en su entrepierna. Decidió que todo le daba igual.
Se acercó hasta ella – Tú sabes lo que va a pasar esta noche, ¿Verdad?-le susurro con voz ronca cargada de promesas.
Ella levantó su mirada para clavarla en sus ojos. Después la bajó a sus labios. – Yo creo –susurró-que si te beso ahora llegaremos tarde. Podemos esperar a la vuelta.
-Sí,-aceptó Nick cogiéndole una mano- Podemos esperar…creo.
Laurel se estremeció con el contacto. Sus manos encajaban a la perfección. Nick había empezado a acariciarle la palma con su pulgar haciendo al tiempo detenerse.
Podía oler su loción de afeitar. Las rodillas le temblaban.
Nick le dio un leve beso en la frente antes de tirar de ella hacia las escaleras- Cuanto antes salgamos, antes volveremos. –Se giró para mirarla- Solo espero que no te
arrepientas después.
Laurel sonrió negando con la cabeza- No suelo arrepentirme de lo que hago cuando sé que quiero hacerlo.
Compartiendo miradas cargadas de deseo y sonrisas llegaron frente a la pizzería. Nick bajó del todoterreno y cuando fue a dar la vuelta para abrirle la puerta a
Laurel, ya había bajado. Se encontró frente a ella. Miró a su alrededor. No había nadie más, solo unos cuantos coches aparcados. Laurel le miraba indecisa.
Nick le devolvió la mirada. Bajó lentamente la cabeza tentado por los labios entreabiertos de Laurel. No pudo contenerse más. Empezó con un beso suave que se
volvió hambriento en cuanto Laurel apoyó su cuerpo en él. La empujó suavemente sobre la puerta del coche abrazándola, explorando con su lengua, ávido, su boca, su
sabor. Laurel le devolvía el beso con la misma urgencia y pasión.
Nick se separó suspirando- yo… será mejor que entremos-se lamentó por la molestia en su entrepierna.
Laurel asintió empezando a caminar a su lado atontada por el beso.
Nick se detuvo y le cogió de la mano- Sabes que luego no me detendré ¿verdad?
Laurel le sonrió- Eso espero.- siguió andando
Nick le sonrió divertido y confundido. Laurel no esperaba nada a cambio, nada le había pedido, ni obligaciones, ni futuro, sin embargo él parecía que necesitaba más.
Quería más. Ella no parecía una mujer de una sola noche y a él le costaría pensar en solo una noche con ella. O en lo que le quedaba de semana. Bueno, quizá fuera solo
cuestión de tiempo convencerla de la posibilidad de algo más.
Entraron en el restaurante donde había bastante animación. Se notaba que era fin de semana. Los condujeron a una mesa donde Jane y Megan los saludaron
acompañados de algunos jóvenes más que Nick no conocía.
Mientras servían los cafés Megan y Jane se sentaron rodeándola divertidas.
-No habéis dejado de miraros-le susurró Jane-¿Qué ha pasado entre vosotros?
-Shhh, la pregunta es qué va a pasar –les susurró ella sonriendo y volviendo a mirar a Nick, que le devolvió la mirada mientras hablaba con un par de jóvenes.
-Me alegro-le brindó Jane con la copa de vino- Por un momento me preocupaste esta tarde.
La expresión de Laurel cambió volviendo a reflejar todo el dolor que llevaba dentro. Dio un trago a su copa.
-¿El abogado?-preguntó Megan-¿Te han despedido?-puso una mano sobre la de Laurel-Tú tranquila.
-No, no es nada del trabajo-les respondió con la mirada baja- mi marido me ha pedido el divorcio.
Las dos amigas se miraron extrañadas y miraron a Laurel preocupadas por su abatimiento.
-Creía que ya estabas divorciada- susurró Jane
-Bueno, técnicamente sí, legalmente no-volvió a dar otro trago de su copa- Pero ya está. Firmaré la documentación y ya está-les brindo las copas antes de volver a
dar otro trago.
-Pues no parece que estés muy bien. Laurel-insistió Megan-llevas cinco años sin saber de él, ¿Cómo es que te afecta tanto?
Laurel negó con la cabeza suspirando-No sé, no lo esperaba, …apenas recuerdo por qué me separé de él, la verdadera causa, no la recuerdo.
Megan le apretó la mano- Escucha, conociéndote seguro que fue una decisión meditada y acertada. ¿Y sabes también lo que es una muy buena idea?
Laurel levantó la cabeza para mirarla.
-El pedazo de hombre con el que compartes tu casa-susurró haciendo sonreir a sus dos amigas que miraron a Nick a la vez.
Nick les levantó la copa en señal de brindis, consciente de que estaban hablando de él por las miradas recibidas.
Laurel dio un trago sin desviar la mirada. –De esta noche no pasa-les avisó a sus amigas divertida.
Las dos brindaron sonriendo.
-Pues olvídate de todo lo demás, ya lo pensarás mañana-le sugirió Jane- y esta noche disfruta por nosotras también. Megan ¿Cuánto hace que nosotras no…?
Megan se encogió de hombros –Ni me acuerdo, Jane vamos a tener que hacer algo, un anuncio en Internet, un viaje de solteras,… lo que sea, pero ya!
-¿Un anuncio en internet?-preguntó Jane riéndose-¿en una página de contactos?
-Hay muchas clases de páginas, de verdad, yo me lo estoy planteando-insistió Megan consiguiendo desviar toda la atención de Laurel a la frívola conversación,
aliviándola de su angustia.
Pasada la medianoche, Nick se sentó a su lado aprovechando que Jane y Megan se habían ido al lavabo.
-¿Has cambiado de idea?-le susurró acercándose a su oído
Laurel giró sutilmente la cabeza disfrutando la sensación de su aliento en la nuca. Le buscó la mirada. Miró sus labios y ella se humedeció los suyos- Cuando quieras
nos vamos –susurró tentándole.
Nick se levantó de golpe y le cogió la manos apretándosela con seguridad-Vamos a por los abrigos.
Laurel se dejó llevar, se dejó arrastrar agradeciendo en silencio que por fin él estuviera tan decidido como ella.
Ninguno habló en el trayecto. Nick estaba impaciente. Estaba deseando tomarla entre sus brazos. Sería la primera vez que estaba con una mujer que no iba detrás de
su dinero, que no quería pedirle matrimonio, que no buscaba nada material en él.
Laurel se obligaba a no pensar. No quería pensar en su anterior matrimonio, en el dolor que sentía. Por fin Nick se había decidido a acostarse con ella, que era lo que
ella quería desde que lo había visto por primera vez, pero empezaba a sospechar que no era tan buena idea.
Llegaron en silencio a casa. Nada más bajar del coche Nick le cogió de la mano y la atrajo hacia él. Le hizo levantar la mirada al llegar a la puerta. Nick podía
distinguir dolor en ella, la sentía vulnerable, pero a la vez tan tierna e irresistible. Laurel bajó la mirada a sus labios y la volvió a subir a sus profundos ojos. Sentía su
deseo y realmente quería sentirlo, necesitaba lo que él iba a darle esa noche. Se humedeció los labios conteniendo la respiración.
-¿Estás segura?-le susurró sin dejar de mirarla.
Laurel se puso de puntillas para besarle. Fue un beso suave, contenido, una invitación. Nick abrió la puerta mientras la arrastraba al interior sin dejar de besarla. Su
beso se tornó salvaje, ardiente. Laurel sentía que se le entrecortaba la respiración. Se dejó llevar, se dejó arrastrar a un mundo desconocido para ella. Solo pasión, solo
atracción animal, solo sexo. Sentía calor, mucho calor. Sus lenguas lanzaban salvajes mientras las manos los despojaban de lo que los separaba.
Cuando llegaron al dormitorio apenas les quedaba ropa. La luz de la luna se filtraba por la ventana. Se tumbaron en la cama sin dejar de besarse. Nick la miraba con
frecuencia, no quería que ella se arrepintiera. Laurel solo sentía, sentía y quería sentir más. Era tan atractivo, tan guapo, tan encantador, tan agradable,…..pero en ese
momento solo quería su cuerpo. Y quería olvidar.
Nick se acomodó sobre ella. Sus manos recorrieron su cuerpo ávidas, firmes pero tiernas a la vez.
Laurel no pudo evitar gemir de pasión. Se sentía deseada. Y se sentía torpe, no recordaba qué tenía que hacer. La espalda de Nick era musculosa y fuerte, la recorrió
con sus manos.
-Laurel, eres preciosa-le susurró mientras la boca de él recorría sus pechos.
Laurel se sintió reconfortada. Estaba en un torbellino de pasión. No recordaba haber vivido nada igual. La boca de él volvió a apresar la suya. Notó que él se detenía
momentáneamente y suspiró sujetándolo con fuerza. No quería detenerse.
Nick ocultó una sonrisa orgulloso y seguro de sí mismo. Se puso el preservativo con rapidez y volvió a situarse entre sus piernas.
-No puedo esperar más- le susurró mientras ella notaba como su erección buscaba la entrada a su cuerpo.
Se contrajo insegura. Solo un momento. Su cuerpo respondía acogiéndolo. Laurel sonrió satisfecha. Le gustaba. Disfrutaba. El ritmo de Nick volvió a envolverla, a
arrastrarla, a enloquecerla. Se dejó llevar, se sentía volar. Nick aceleró el ritmo, cada vez más rápido, más seguro, más ardiente. Entonces llegó y ella sintió explotar,
gimió, se quedó sin aliento y se abandonó, se dejo caer,…porque sabía que Nick estaría allí para recogerla.
Nick le dio un leve beso en la boca procurando no dejar todo su peso sobre ella. Sonrió levemente ante la expresión relajada de Laurel. Había sido mejor de lo que
esperaba. Laurel se le había entregado sin ninguna duda, sin ninguna exigencia, dando y recibiendo con total libertad y confianza.
Se acostó a su lado sin despegarse totalmente de ella. Quería, necesitaba sentirla cerca. Laurel se giró hacia él entreabriendo los ojos, buscando su hombro,
susurrando su nombre.
Se tumbó bocarriba pasando un brazo bajo el cuello de ella para poder abrazarla mientras Laurel se acoplaba a la perfección a su cuerpo. Estaba hecha a su medida,
se sorprendió. Le besó la frente. Solo se escuchaba el silencio.
Nick reguló su respiración y la miró. Laurel dormía confiada. Le retiró un mechón de cabello de su bonito rostro. Se sentía un poco culpable. Ella no parecía querer
más que una relación sexual, sin embargo no parecía esa clase de mujer. Y a él le costaba por primera vez aceptar esa clase de relación, pero la respetaría. Además él
tenía responsabilidades que atender y ella no encajaba en su mundo.
Laurel se despertó con la luz que se filtraba por la ventana. Notó el brazo de Nick abrazándola y su cuerpo desnudo a su espalda. Sonrió perezosa. A mitad de
noche la había despertado con suavidad, susurrándole palabras bonitas al oído y habían vuelto a entregarse el uno al otro con la misma confianza y desenfreno.
Se giró para mirarle. Se sentía plenamente satisfecha y le gustaba esa sensación. Le besó la mejilla y él abrió un ojo para mirarla de medio lado, risueño. La abrazó
girándose hacia ella.
-¿Quieres más?-le susurró besándole la punta de la nariz
– yo,…Sí- reconoció haciéndole suspirar divertido- pero voy a levantarme a preparar un café y luego vuelvo.-le besó rápidamente en los labios y se levantó de la
cama buscando la camisa de él para cubrirse.
Nick se incorporó de la cama admirando su cuerpo y viéndola salir para volver a tumbarse pensativo.
Laurel preparó la cafetera rápida. Se sentía relajada y realmente satisfecha. Podría decirse que se sentía dichosa y no recordaba cuando se había sentido así por
última vez. Le preparó a Nick una taza y se la subió a la cama. El la recibió con una sonrisa mientras le hacía sitio a su lado.
-¿Qué planes tienes para hoy?-le preguntó Nick antes de dar un sorbo.
-Pasaré por el hotel-le contestó ella frotando sus pies contra sus piernas buscando su calor-¿y tú? ¿te gusta Hudsonlake?
La verdad era que no sabía exactamente qué hacía allí pero tampoco quería parecer que le interesaba, después de todo solo pretendía una relación pasajera.
-Sí- respondió Nick abrazándola- pero tú me gustas más-la empezó a mordisquear en el cuello.
A mitad de mañana Laurel se levantó dejándole dormido en la cama y nuevamente satisfecho. Fue a buscar al teléfono para llamar a Jane y compartir con ella su
ajetreada noche cuando vio la tarjeta del abogado sobre la mesita del salón. Hizo una mueca y negando con la cabeza se encaminó a la ducha.
El agua caliente empezó a resbalar por su cuerpo y mientras disfrutaba de esa sensación no pudo evitar recordar su matrimonio. Entonces abrió los ojos sorprendida.
Acababa de recordar cuál había sido la principal causa de su divorcio. Ella quería tener hijos, una familia, pero no estaba dispuesta a tenerlos con un hombre que no la
amara, que no la cuidara, que no la respetara. Había decidido romper con todo. Con todo. Por tener una familia que cinco años después seguía sin tener. ¿Cómo podía
haberlo olvidado? Recordaba como en medio de su dolor había empezado a trabajar en el hotel y se había centrado tanto, tanto, que el tiempo había pasado rápido, muy
rápido. Se apoyó abatida en los helados baldosines de la pared y suspiró. Negó con la cabeza. Otra vez todo aquel dolor, su vida revuelta,…
Se sorprendió cuando Nick corrió la mampara de la ducha y entró con una sonrisa en su rostro.
-Pensé que podrías necesitar compañía- le susurró buscando su boca.
Incapaz de pensar, Laurel le devolvió el beso pasando los brazos por su nuca. Se dejó llevar mientras el agua seguía resbalando por su cuerpo, cálida.
Nick terminó de ducharse cuando Laurel salió. Le había parecido volver a ver esa misma expresión triste que tenía la noche anterior. Realmente nunca le había
preocupado ninguna de las mujeres con las que había estado. No quería problemas. Y además, estaba muy claro, las mujeres iban a por su dinero y él lo sabía.
Simplemente. Nada más. Por eso nunca se había tomado ninguna relación muy en serio. Pero esa vez le picaba la curiosidad, quizá porque era una sensación o
experiencia nueva. De todas formas la situación no podía alargarse mucho más. El debía tomar una decisión y ella no parecía que quisiera una relación estable. Eso le
dejaba pocos argumentos para quedarse en Hudsonlake.
Laurel había huido hacia el hotel evitando a Nick. Incluso había evitado a Sadie en la recepción y hasta había silenciado las llamadas de Jane y Megan. Ahí estaba con
la cabeza baja entre sus manos, con los codos apoyados en el escritorio del despacho, y con el sobre en el mismo cajón donde lo había dejado con anterioridad.
Jane y Megan entraron sin llamar, preocupadas. Laurel apenas levantó la mirada y sintió como la rodeaban.
-Si ese Nick se ha sobrepasado contigo lo mataré- le anunció Megan apoyándose en el escritorio
Jane le puso la mano en el hombro-¿Esto tiene que ver con la tarta de chocolate de ayer?
Laurel suspiró abatida y sacó el sobre del cajón- Mi marido me pide el divorcio. Lo dejé hace cinco años porque quería tener un hogar, una familia, hijos y un
hombre maravilloso ¿y qué tengo?
Las dos amigas se miraron.
-¿Te refieres a tu hermosa casa, al pedazo de hombre que tienes en ella y a lo bien que se te da el trabajo?-preguntó Jane tendiéndole un pañuelo de papel- Se te ha
corrido el rimmel
Laurel se levantó y empezó a caminar por el despacho.-No recordaba por qué lo había dejado- negó con la cabeza- y no tengo nada. Nada de lo que quería.
-¿Te refieres a tu hermosa casa, al pedazo de hombre que tienes en ella y a lo bien que se te da el trabajo?-Repitió Jane irónica.
Laurel no pudo evitar una media sonrisa- Tengo una casa hermosa-susurró

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