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Libro PDF Técnicas de masturbación entre Batman y Robin Efraim Medina Reyes

Técnicas de masturbación entre Batman y Robin  Efraim Medina Reyes

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Me llamo Sergio Bocal/o/a y vivo en el piso 19 de un edificio
de apartamentos en el Centro de una pequeña, bella y
hedionda ciudad. Me levanto de la cama a medianoche porque
me duele la espalda, me asomo en la ventana y veo en la
dislancia la luz de numerosas ventanas donde otros hombres
estarán asomados. ¿Qué razones tendrán? A mí me duele la
espalda, otros tendrán insomnio. pero creo que la razón más
importante para que haya hombres asomados en las ventanas
a esta hora es el sexo: una vez eyaculas los besos son
fríos y las palabras inútiles. La cama se convierte en un sitio
peligroso. Lo que en verdad quisieras es estar a muchas millas
de allí pero sólo tienes esa ventana. Estás satisfecho y un
pooo asustado. Me pregunto si hay espacio suficiente en una
vencana para alguien que no quiere saltar.
Ella quiere caricias, mil caricias por minuto. El quiere acabar
pronto porque empiezan los deportes en la tele. Ella no
siente la tensión, está a sus anchas con su hombre encima.
El la odia y quisiera destrui~a con su pene y ella le exige más,
ella quiere ser destruida por su pene. El gira para poder ver
un ~ol, y ella gime y se monta sobre él. Ella siente que el
domingo es eterno, que podría eslar allí durante horas. El aparta
las enormes tetas para ver la cara de Rivaldo. Ella le muerde
la oreja y le dioe que lo ama y él piensa en cuánto desea
que muera esa mujer.
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Para amar a una mujer primero debemos fingir ese amor.
Mentimos hasta lograr amarla y luego. cuando llega el vaclo.
juramos que el amor aún está allí. Nunca estamos de verdad
con •na mujer sino con la idea de estar con ella. La mujer que
deseamos está en la distancia y luego la proximidad la consume,
la hace trasto o reliquia.
La dificultad de comunicación entre hombre y mujer estñ·
ba en que son criaturas contiguas, sus lenguajes y formas de
sentir no sólo son diferentes sino que las se~ales no encajan.
Son lrecuenclas distintas. inexpugnables entre sí. No ocurre
igual entre hombre y perro porque éste carece de segundas
inlenciones. Hombre y mujer pueden fingir una perfecta armonla
pero el mínimo roce la rompe como una pompa de Ja·
bón. Ana tiene aún mucho que aprender de Fido.
El perro obedece al hombre porque lo sabe fuerte y estú·
pido. Le sigue los pasos porque está en su terreno. La mujer
lo enlrenta, lo lrrila. lo adora. El perro mueve el rabo y se deja
alimentar. El hombre acaricia al perro cuando le place, siente
que esa caricia los une un instante y luego cada quien ocupa
su lugar. La mujer se pega al hombre y éste siente los fríos
barrotes. siente el precio de esa caricia, siente los ojos que
acechan en la oscuridad.
to

Lo femenino es racional y sexual. El amor del espíritu es
masculino. La mujer es astucia y el hombre delirio.
Un hombre construye un mundo, toma en cuenta ciertos
detalles y descuida otros. Da ese mundo a su mujer, su perro
y otros animales domésticos que se le entregan. Algunas ali·
mañas y fieras también se establecen en aquel mundo. La
mujer acepta ese mundo, imita cada palabra y acto del hombre
hasta creer que son suyos y olvida quién fue. El perro y
demás criaturas que pueblan aquel mundo lo aceptan y lo
toman pero jamás imitan al hombre.
L2. sexualidad del hombre es plana, le basta frotarse un
poco. El sexo de la mujer es un laberinto y ella está perdida
adentro. Ella mete su sexo en la mente del hombre para reflejarse
alli pero el hombre enloquece o huye. Si el hombre trata
de encontrar a la mujer en el laberinto será presa fácil del
minotauro.
Ana y Juan vivieron juntos 6 años, hicieron el amor 1.467
veces. Ella solió 4.344 quejidos, un numero considerable de
jadees y alrededor de 2.500 pedos pero jamás tuvo un o rgasrro.
Juan se quejaba a menudo de Ana pero eslaba orgulloso
de su perlecta relación sexual. Cuando finalmente ella lo
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abaJlclonó pensó en muchas cosas menos en eso. Juan logró
eyacular 1.466 veces: 1.238 dentro de Ana. 176 veces antes
de entrar en Ana. 52 veces le disparó (por gusto) el semen en
la cara. Una vez se fue en blanco (por culpa de Ana).
Ningún hombre puede llevar a una mujer a la clase de pla·
cer oelinítivo que ella anhela. No importa si la penetra 100.000
veces con su enorme pene. Ella sabe que ese pene no es
suyo. Esa clase de placer se la da el híjo cuando se abre paso
desde su entra/la hacia el mundo y otra vez a su entraña. El
hombre tiene míl lormas de conciliar el suello, la mujer sólo
una.
Gaby siempre habla de sus orgasmos, de sus mil hom·
bres, de su vida desenfrenada. Trabaja vendiendo dentílricos
en un almacén de cadena y sueña con salir en un comercial
de la lele. Gaby ti- largas piernas, amplias caderas y ojos
grises pero odia tener una boca tan pequeña. Mientras coge
el al.lobús a casa lee en una revista: El orgasmo de la mujer
depu>de de muchcs factores. a veces incluso de un hombre.
Sube al aulobús y siente las miradas: algunas buscan sus
ojos, el resto se clavan a///. Tiembla y sonríe hasta encontrar
un puesto a.1 londo. queda melida entre dos tipos. Uno huele a
jabón Johnson’s de vainilla y el otro a mierda de bebé. Abre la
revista y ellos fingen leer para mirar sus tetas: El hombre que
de lltlrdad quiera sa6slacer a una mujer debe llevar a la cama,
aparie de su estúpido e ineficaz pene. un buen mapa y algún
folleto técnico. Gaby sonríe y piensa que aquella revista le
gustará a Ana.
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Ana y Gaby comparten un pequeño apartamento. Cuando
no trabaja, Gaby mira ta tele o sale con toela clase de tipos aunque
prefiere a los tontos con ínfulas: artistas conceptuales, médicos
y cajeros de banco. Ana pasa su tiempo libre en compañía
de Fido. Gaby Insiste en presentarte prospectos. Fido vive con ta
madre de Ana. Gaby odia las mascotas. Los jueves en la noche
Gaby arregla tas uñas de Ana y cotorrean de IO lindo.
Gaby: El amante pertecto para mi son: la mente y et sexo de
Eric:k. el sexo y los ojos de Mannl, la boca y el trasero de Aldo.
Ana: ¿Por qué no et sexo de Alelo?
Gaby: También el sexo de Aldo, es minúsculo pero puede
reforzar a los otros. Un solo tipo no podría llenarme … ¿Y
cuál serla tu amante perfecto?
Ana: Amantes perfectos hay de sobra, lo escaso son hom- UI
bres adecuados. ~
Gaby: ¿Qué consideras un hombre adecuado? o
Ana (pensativa): Alguien instantáneo … Como cuando te Z
mueres por un café y tienes de ese que basta poner en leche …J
tibia y punto. No necesitas instrucciones, ¿entiendes? gj
Gaby ta mira y parece que entiende. El teléfono repica y 0
Gaby sale disparada. <( o
ill @
A Gaby le importa un p~o la regla, hasta se le olvida com·~
prar toallas. Nunca se inhibe y aunque Erick es alérgico a la z
pesca submarina. Manni y Aldo la adoran. Ana en cambio se:::i
vuewa un oeho: compra toda ciase de cápsulas y menjurjes,
marda a Fido al carajo y le reclama a Dios por hace~a mujer.
Gaty goza oyendo sus remilgos, a veces la remeda y Ana se
emP\Jla.
¿Qué es el hombre adecuado? Sería quizá una perfecta
mezcla de máquina sexual, zombie y Los tres chiflados.
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A Juan pensar que el sexo está en la mente y no en el
cuerpo le produce migraña. Para él, el sexo tiene una demarcación
física como la zona de bateo en el béisbol y no acepta
que haya fallado con Ana. ¿Y si fuera eso? Quizá tuvo una
mala temporada y su promedio bajó sin darse cuenta (en el
béisbol la regularidad es básica: de nada te sirve batear cinco
jonrones en un juego si en los próximos cien turnos te ponchan).
Así que Ana, viendo al equipo en crisis, lo cambió por
un mejor bateador. Un cuarto bate (como se suele decir).
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Ana dice que ama en un hombre la fantasía antes que el
sexo. Que una mujer puede experimentar placer más allá del
simple estrujón. A ella le fascina leer y escuchar. Me pregunta
cuánto puedo aguantar despierto la compañía de una mujer
en mi cama sin que medien la lectura, el sexo o la tele … Le
pregunto si, encerrada en una celda, encontraría más placer
en un libro de Penrose, un bate de béisbol o una lavadora
automática … Juan asegura que la única fantasía de Ana le
cuelga a él entre las piernas.

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