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Libro PDF Tensión – Gail McHugh

Tensión – Gail McHugh

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En sus veinticuatro años de vida, había momentos en los que Emily sentía una especie de entumecimiento cuando quería aislarse de algo. Era
en esos instantes en los que se permitía soltar el veneno que llenaba su vida en algunos aspectos, lo aceptaba y se dejaba llevar, aspirándolo
como quien inhala el dulce olor de las rosas. Se podría decir que ese entumecimiento la «puricaba». Sin embargo, sentada en la barra del Bella
Lucina, repasando los números que había escrito en el bloc de los pedidos, el entumecimiento brotaba en su corazón como la maleza espesa de
verano, algo que nunca había sentido antes. Algo que no quería sentir.
216 horas… sintiéndose muerta.
12.960 minutos… sintiéndose perdida.
777.600 segundos… sintiéndose completamente entumecida.
Día tras día, su concentración, que parecía estar cuidadosamente tejida entre sí por hilos de esperanza, se desvanecía. Perdida. Incluso
mientras dormía, su mente seguía pensando en Gavin. Sus sueños eran peligrosos porque le recordaban que se había marchado. Él se había
convertido en un hermoso vapor que se había llevado la existencia de Emily consigo. Y ella, embargada por pensamientos rotos que jamás
podrían repararse, sufría sabiendo que la había amado cuando menos se lo merecía. No. No estaba preparada para esto. Aun así, sabía que
debería soportar cada hora, minuto y segundo pensando en ello.
—He llevado otra ronda de bebidas a la mesa doce —dijo Fallon, que se sentó al lado de Emily.
Cabizbaja, todavía inmersa en el tiempo que había pasado desde que se fuera Gavin, Emily no respondió.
—También han pedido un plato de pasta primavera para el mono que se les ha unido. —Al decir eso, Emily miró a Fallon a regañadientes y
algo confundida—. Sí, lo encontraron en la cuneta. Al parecer, lo abandonaron los de un circo —añadió mientras se recogía el pelo en un moño.
—¿Acabas de decir algo de un mono? —preguntó Emily con voz desconcertada—. Oye, ¿cuándo te has teñido el pelo de azul?
—No, no he dicho nada de un mono. —Fallon arqueó una ceja, apoyó los codos en la barra y se llevó las manos a la barbilla—. Llevo tres
días con el pelo azul, y ya lo habías visto.
—Ah. —Emily volvió a repasar los números que había escrito en el bloc.
—¿Qué tienes ahí? —Antes de que pudiera contestar, Fallon le arrebató la libretilla—. ¿Qué son todos estos números?
—Nada. —Emily se la arrancó de las manos.
Fallon frunció el ceño y escudriñó su rostro con preocupación.
—Country, no quiero ir en plan gótica, pero ¿no será una cuenta atrás para suicidarte no?
Con los ojos como platos, Emily se echó hacia atrás.
—Por Dios, Fallon. ¿De verdad piensas que sería capaz de hacer eso?
—Responde a la pregunta, Country. ¿Es una cuenta atrás?
Emily suspiró y golpeó la superficie de granito de la barra.
—Han pasado nueve días desde que se fue, Fallon. Nueve días desde que lo destrocé. Lo he llamado y no ha contestado.
—Cierto, pero no le ha cogido el teléfono a nadie. —Fallon le puso el brazo alrededor de los hombros—. Colton le dijo a Trevor el otro día
que tampoco le ha contestado a él.
—Lo entiendo, pero no se fue por Colton. Se fue por mi culpa. —Emily sacudió la cabeza, intentando contener las lágrimas—. Me entregó su
corazón y lo menosprecié. Hice que dejara a su familia, sus amigos… su vida entera.
—Emily, lo primero: tienes que dejar de machacarte así. Si tenemos en cuenta lo que viste esa mañana, tiene hasta suerte de que lo creas. No
quiero decir que no debas, pero seamos realistas, fue algo bastante fuerte. Segundo: se fue porque pensaba que te ibas a casar con Dillon.
Cuando se entere de que no os habéis casado, sabes que volverá corriendo.
—Ya sabe que no me he casado con Dillon —susurró ella, con el corazón hecho trizas de nuevo—. Olivia me dijo que Colton le dejó un
mensaje a su asistenta. Le dijo que no había seguido adelante con la boda.
—Ah. No… no lo sabía —balbuceó Fallon y miró para otro lado. Se enredó un mechón en el pelo y levantó la vista hacia Emily otra vez—. Tal
vez necesite más tiempo.
—Ya no sé qué pensar. —Emily se masajeó las sienes—. Solo sé que estoy perdida sin él.
Fallon frunció el ceño y se giró hacia ella. Antes de que pudiera decir nada, Trevor se puso detrás de ella y le hizo cosquillas.
Fallon abrió mucho los ojos y se volvió bruscamente.
—¡Trevor! —chilló, lo que llamó la atención de Antonio, que la fulminó con la mirada desde el otro lado del restaurante. Ella se mordió el
labio y se disculpó. El jefe sacudió la cabeza y siguió comiendo.
—Idiota —susurró Fallon, dándole un empujoncito a Trevor.
Trevor se atragantó y la besó en la cabeza.
—Perdona. Me había olvidado de que tenías cosquillas, Azul.
—Sí, claro, tontaina. —Fallon le hizo una mueca y se levantó—. ¿Qué haces aquí tan pronto? Sabes que no acabo hasta dentro de dos horas.
—De hecho, he venido a hablar con Emily. —Trevor miró a Emily y esbozó una leve sonrisa—. ¿Has acabado ya?
—No, todavía no. —Emily se levantó y cogió el bloc de la barra. Respiró hondo, la miró y se la guardó en el bolsillo del delantal—. Me queda
media hora para acabar el turno.
—Country, si quieres ya atiendo yo tus mesas para que hables con el olvidadizo de mi novio. —Después de lanzar una mirada a Trevor, Fallon
le pasó un brazo por el hombro a Emily—. Yo me encargo de tu parte del trabajo, y hasta le llevaré el postre al mono de la mesa doce.
Trevor se rascó la barbilla y arrugó la frente.
—¿Un mono? —preguntó.
—Sí, un mono. —Fallon le dio una palmada en la espalda y guiñó un ojo a Emily. Trevor se encogió de hombros—. Adelante. Habla con él y
te llamo luego.
—¿Estás segura? —preguntó Emily, deshaciéndose la coleta.
—Sí. Te llamo esta noche. —Fallon besó a Trevor en la mejilla y se alejó.
Trevor miró a Emily.
—¿Quieres ir a sentarte a una mesa?
—Sí, vamos. —Emily se desató el delantal y se dirigió a la barra—. ¿Quieres tomar algo?
—No, gracias.
Emily se preparó un espresso doble y llevó a Trevor a una mesa al fondo del restaurante. Ella tomó asiento y le dio un sorbo al líquido
caliente. Como últimamente no había dormido bien y estaba medio zombi, esperaba que el doble chute de cafeína la devolviera a la vida.
Trevor observó a Emily con los ojos brillantes y llenos de remordimiento.
—Primero, he de decir que me siento fatal por todo lo que ha pasado con Dillon.
Emily se sobresaltó, desconcertada al escuchar esa declaración repentina.
—Vamos, Trevor, nada de esto es culpa tuya.
—No, Emily. En serio, necesito que me escuches, ¿de acuerdo?
A regañadientes, ella asintió con la cabeza.
—Siento que esta sea la primera vez que vengo a hablar contigo desde que todo se fue a la mierda. Una parte de mí quería venir en cuanto
ocurrió, pero no pude. Este último año he visto lo mal que te trataba y no he dicho ni mu. —Trevor se calló y tiró del mantel, nervioso—.
Recuerdo lo vivaz que eras cuando empezasteis a salir y luego, poco a poco te fue desgastando. No me malinterpretes, supongo que sabía que las
cosas se estaban poniendo feas, pero no sabía hasta qué punto.
Trevor hizo una pausa. Se echó hacia atrás y sacudió la cabeza.
—¿Sabes qué? Ni puto caso. Soy responsable de lo que he hecho. Lo vi con mis propios ojos y debería haberlo parado. Podría haberle parado
los pies. Un día discutí con Gavin por insultar a Dillon, porque se estaba enamorando de ti. —Se pasó las manos por el pelo y suspiró. Añadió
con un susurro—: Joder. Gavin ha sido mi mejor amigo desde que éramos críos y no lo he apoyado en esto. Vi cómo Dillon le pegaba durante tu
cena de ensayo de la boda y no moví ni un puto dedo.
—Trevor, por favor. No es tu…
—No, espera. Déjame acabar, Emily.
Ella volvió a asentir.
—Olivia y yo nos criamos con un padre que jamás hubiera hablado a nuestra madre como Dillon te hablaba a ti. —Trevor miró a Fallon, que
estaba preparando café detrás de la barra—. Mierda. La quiero y no imagino a nadie tratándola como Dillon te trataba a ti. Fin de la historia. Me
quedé con el rabo entre las piernas y solo espero que tú y Gavin me perdonéis por ser tan cobarde. Pero lo hecho, hecho está. Lo único que
puedo hacer ahora es intentar arreglarlo. Me he largado de Morgan y Buckingham. No vi a ese capullo cuando fui a por mis cosas, pero me he
hartado de él y de sus mierdas. Cuando dije que te consideraba una hermana, lo decía en serio. Y un hermano nunca consentiría que tratasen así
a su hermana. —Trevor le cogió la mano—. Solo quiero saber que me perdonas.
Con lágrimas en los ojos, Emily le dio un apretón a la mano; sus pensamientos se dispersaron.
—No puedo perdonarte porque nunca te he culpado a ti o a nadie por esto. Fui yo la que dejó que me tratara de ese modo, así que no quiero
que te sientas responsable de nada.
—Bueno, pues sí me siento responsable.
—No, Trevor. Yo permití que me hiciera esto. —Le soltó la mano y se la llevó al pecho—. Fui yo, no tú.
—Pero… ¿después de todo lo que viviste durante tu infancia? Olivia me dijo que tu madre solo salía con capullos. Creo que eso puede tener
algo que ver con esto. No tengo excusa.
Pensar en las relaciones sentimentales destructivas de su madre le dejó un amargo sabor de boca. Emily apartó la vista de Trevor y la dirigió a
una pareja que entraba en el restaurante. Sus risas resonaban en la sala mientras Fallon los acompañaba a una mesa.
—Sí, así es, pero debí pensármelo mejor antes de seguir sus pasos. —La voz de Emily se fue apagando; luchaba por recuperar la calma. Miró a
Trevor.
—Bueno, ya has dado el primer paso, Emily. Y estoy orgulloso de ti por presentar cargos y pedir una orden de alejamiento. Como Gavin no
está, quiero que me llames si este imbécil intenta acercarse a ti, ¿de acuerdo?
Emily se acarició la herida que tenía encima de la ceja.
—Lo haré, gracias. —Vaciló un momento y carraspeó—. ¿Puedo preguntarte algo?
—Claro.
—Has llamado a Gavin y le has dejado mensajes, ¿verdad?
—Sí. —Él asintió.
Emily soltó un largo suspiro; inconscientemente se retorcía las manos en el regazo.
—Dime que no le has contado lo que me hizo Dillon.
—No. Supuse que decírselo por mensaje no era la mejor forma. Pero cuando vuelva pienso contárselo.
—Escúchame, por favor. No quiero que lo sepa. Él… no sé. No le digas nada, por favor.
Trevor movió la cabeza hacia un lado.
—¿Me estás pidiendo que se lo oculte?
Ella sintió una punzada en el estómago mientras tragaba saliva.
—Sí. Te lo estoy pidiendo. Ha sufrido mucho con esto y, si se entera, seguro que irá a por Dillon.
—¿Por qué intentas proteger a Dillon? —preguntó Trevor, sorprendido.
—Joder, Trevor. No estoy intentando protegerlo, solo quiero proteger a Gavin. Pero Dios no quiera que le haga algo y encima acabe en la
cárcel. Por el amor de Dios, Dillon podría hacerle daño. No podría vivir con eso. Ya he causado a Gavin demasiados problemas. —Emily bajó la
mirada y se secó las lágrimas de los ojos—. Por favor —susurró—. No le digas nada.
Trevor se pasó la mano por el pelo y la bajó hasta la nuca.
—Mira, no es por nada, pero Gavin conoce a Dillon. Sabe que no dejaría que te fueras tan fácilmente. Pero tengo que ser sincero, Emily. Si
pregunta qué ha pasado, no voy a mentir.
Emily se masajeó las sienes.
—Lo siento, no debería haberte pedido que mientas por mí.
Trevor respiró hondo, pestañeó varias veces y se colocó las gafas sobre el puente de la nariz.
—No te disculpes. Todo esto es muy complicado. Solo prométeme que se lo contarás si lo arregláis.
—Sí, claro —se burló ella—, si ni siquiera ha devuelto mis llamadas. —Intentó ignorar la pesadez que sentía en el estómago mientras
observaba a la pareja del fondo del restaurante—. Lo nuestro se ha acabado.
—Creo que está hecho un lío ahora mismo, pero Gavin te quiere. Estoy seguro de que cuando vuelva y te mire a los ojos, no se podrá resistir.
—Trevor se levantó y le puso la mano en el hombro—. Esperemos que no desaparezca durante los próximos seis meses.
Sintiendo como si Trevor le acabase de arrancar el último pedazo de corazón que le quedaba, intentó respirar. Se levantó y lo miró a los ojos;
le temblaba la voz.
—Sinceramente, ¿crees que estará fuera tanto tiempo?
—Em, no quería que sonara así.
—Sí querías. ¿Por qué lo has dicho?
Él se mordió el labio y miró para otro lado. Se encogió de hombros.
—Gavin explota cuando le sale de ahí. No sé cuánto tiempo estará desaparecido.
Ella se llevó la mano a la boca; de repente se sentía algo desorientada.
—Por Dios. No puedo… no puede…
Se dirigió hacia la barra rápidamente. Cogió el monedero, el abrigo y la bufanda de debajo del mostrador con el corazón acelerado.
—Mira, no debería haber dicho eso. —Trevor se acercó a la barra. Estaba muy arrepentido—. Podría volver mañana.
—O dentro de seis meses. —Emily suspiró mientras pasaba por delante de él.
Cuando estaba llegando a la puerta, sintió un apretón en el pecho del miedo. Le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo al salir del
restaurante. Con la mente a mil por hora, Emily se puso la chaqueta y echó prácticamente a correr abriéndose paso entre la multitud que llenaba
la acera. El ruido de las bocinas de los coches, de las conversaciones y de las sirenas, ella ni las oía. Se había quedado casi sorda.
Lo único que oía era la voz de Gavin susurrándole palabras al oído, su risa y los latidos de su corazón que la ayudaban a dormir. Comenzó a
llorar al acordarse del tiempo que llevaba fuera. Nueve días y ya estaba hundida. Sabía que seis meses la matarían.
En cuanto divisó el edicio Chrysler, la incertidumbre se apoderó de ella. Sin embargo, por muy insegura que se sintiera, no pensaba dejar
que eso la frenara. Cuando quiso darse cuenta, ya estaba en el vestíbulo. Fue poner un pie dentro y se le cortó la respiración.
Reparó en un hombre apoyado en el mostrador de información y se le nubló la vista al ver ese pelo negro y ese físico tan parecido al de
Gavin. Se quedó inmóvil mientras veía cómo se metía la mano en el bolsillo del pantalón y se tocaba el pelo de la misma forma en que lo hacía
Gavin. Emily contuvo la respiración y se fue despacio hacia él. Sin pensárselo dos veces, levantó una mano temblorosa y le dio un toquecito en
el hombro. Intentó inhalar el aroma de su perfume antes de que se diera la vuelta. Cuando lo hizo, se encontró con unos ojos, una cara y una
sonrisa desconocidos. Se le cayó el alma a los pies.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó el hombre.
Sin poder moverse, hablar o pensar, miró jamente al extraño. De repente sintió náuseas y se mareó al intentar abrir la boca para articular
palabra. No pudo decir nada.
—Señorita, ¿se encuentra bien? —Con inquietud, el hombre puso las manos sobre los hombros de Emily—. Parece que se va a desmayar.
Emily se despejó la garganta, sacudió la cabeza y se alejó.
—Lo… lo siento. Pensaba que… —No pudo terminar la frase. Pestañeó, se giró y entró en el ascensor, lleno de gente. Una mujer vestida con
un traje chaqueta de color rojo se volvió y la miró.
—¿A qué piso va? —preguntó con brusquedad. Emily intentó volver a la realidad. Miró a la mujer para tranquilizarse, pero no lo consiguió.
—No estoy segura.
La mujer se rio y se encogió de hombros. Un hombre mayor de sonrisa agradable preguntó entonces:
—¿Cómo se llama la empresa que está buscando?
—Industrias Blake —contestó ella, llevándose la mano a la frente.
—La conozco, y también a sus carismáticos dueños —repuso el hombre. Señaló con la cabeza a la mujer de rojo por encima del hombro—. Es
el piso sesenta y dos. Sé amable y dale al botón.
Emily sonrió al hombre, haciendo el mayor de los esfuerzos. Él asintió y le guiñó un ojo. Mientras el ascensor se abría y se cerraba en cada
planta, Emily no pudo evitar acordarse de ella y Gavin en ese mismo ascensor la primera vez que se conocieron. Aunque había más gente con
ellos en aquel pequeño ascensor, en ese momento era como si solo estuvieran los dos.
«No es mi novia, por si te lo preguntabas».
«¿Y quién te dice que lo hacía?».
«¿Y quién me dice que no?».
El recuerdo se desvaneció cuando el hombre le dio un toque en el brazo para avisarla de que ya habían llegado al piso sesenta y dos. De
repente le entraron ganas de salir corriendo del edicio, pero se resistió. Movió la cabeza en señal de agradecimiento, se abrió paso entre los
demás y salió del ascensor. Ya en recepción, se jó en una vidriera que tenía grabado el logo de Industrias Blake. Tragó saliva y se dirigió hacia
la recepcionista, que estaba detrás del enorme escritorio caoba con forma de media luna.
La mujer morena levantó la mirada de la pantalla del ordenador con una sonrisa agradable y cariñosa.
—¿La puedo ayudar en algo?
Emily asintió y logró esbozar una sonrisa.
—Sí. Me gustaría hablar con Colton Blake.
—Lo siento, pero el señor Blake está reunido. Si quiere, puede sentarse y esperarlo. No tardará más de diez minutos. —Le señaló la zona de
espera que estaba al lado de una decena de cubículos—. ¿Me dice su nombre, por favor?
—Emily Cooper.
—Le diré que está esperando, señorita Cooper. —La mujer le sonrió de nuevo.
—Gracias.
Iba a darse la vuelta, pero antes de hacerlo, le llamó la atención un despacho cuya puerta

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