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The loney – El retiro – Andrew Michael Hurley

The loney - El retiro – Andrew Michael Hurley

The loney – El retiro – Andrew Michael Hurley

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Resumen y Sinopsis 

CAPÍTULO UNO
Ciertamente el otoño ha tenido un colofón atroz. En el Heath[1], en cuestión de horas, un vendaval extinguió las gloriosas llamaradas de color desde Kenwood a
Parliament Hill, dejando muertos no pocos robles y hayas viejos. Lo siguieron la niebla y el silencio y, después, al cabo de unos días, sólo quedaron los olores de la
putrefacción y las hogueras.
Pasé tanto tiempo allí con mi libreta una tarde, tomando nota de todo lo que había caído, que olvidé mi sesión con el doctor Baxter. Él me dijo que no me preocupase.
Ni por la cita ni por los árboles. Tanto él como la naturaleza lo superarían. Las cosas nunca eran tan malas como parecían.
Supongo que en cierto modo tenía razón. Nos habíamos librado de lo peor. En el Norte vieron líneas de ferrocarril anegadas y pueblos enteros inundados por el agua
marrón de los ríos. Se difundieron imágenes de gente achicando agua de sus salas de estar, y de ganado muerto flotando junto a una autovía. Y entonces llegaron las
noticias sobre el súbito derrumbe en Coldbarrow, y el niño hallado entre los cascotes de la vieja casa al pie de los acantilados.
Coldbarrow. Un nombre que no había oído durante mucho tiempo. No en los últimos treinta años. Nadie que conociese lo mencionó jamás y yo había tratado por
todos los medios de olvidarlo. Pero supongo que siempre supe que lo sucedido allí no permanecería oculto para siempre, no importaba lo mucho que lo desease.
Me acosté en mi cama y pensé en telefonear a Hanny, preguntándome si también habría visto las noticias y si significaban algo para él. En realidad, yo nunca le
pregunté si recordaba algo de aquel lugar. Pero qué le contaría yo, por dónde debería empezar, lo ignoraba. Y en cualquier caso, él no era demasiado accesible. La iglesia
lo mantenía permanentemente ocupado confortando al anciano y al enfermo, o cumpliendo sus funciones en el Consejo Interparroquial. Difícilmente podría dejarle un
mensaje; no sobre esto.
Tengo su libro en un estante, junto a los viejos libros de bolsillo que, durante años, he tenido la intención de donar al mercadillo solidario. Lo cogí y recorrí con el
dedo las letras en relieve del título, y luego miré la contracubierta. Hanny y Caroline con camisas blancas a juego y los dos chicos, Michael y Peter, sonrientes y
pecosos, rodeados por los brazos de sus padres. La familia feliz del pastor Andrew Smith. El libro fue publicado hace casi una década y los chicos han crecido —
Michael está empezando el sexto curso en el Cardinal Hulme y Peter se enfrenta a su último año en el Corpus Christi—, pero Hanny y Caroline me siguen pareciendo
los mismos que entonces. Jóvenes, bien establecidos, enamorados.
Al devolver el libro al estante noté que guardaba algunos recortes de periódico bajo la sobrecubierta. Hanny visitando un hospicio en Guildford. Una crítica de su
libro del The Evening Standard. La entrevista en The Guardian que realmente le dio notoriedad. Y el recorte de un boletín evangélico estadounidense de cuando fue a
recorrer el circuito universitario del Sur.
El éxito de Mi segunda vida con Dios había cogido a todos por sorpresa, y no menos al propio Hanny. Era uno de esos libros que —¿cómo lo definió el crítico?—
capturaban la imaginación, resumiendo el espíritu de la época. Ese tipo de cosas. Supongo que algo debía de haber en él que entusiasmaba al público. Había aguantado
entre los veinte primeros puestos de las listas de éxitos durante meses, y permitió a su editor hacer una pequeña fortuna.
Todo el mundo había oído hablar del pastor Smith, aun sin haber leído su libro. Y ahora, con las noticias sobre Coldbarrow, parece probable que vuelvan a oír hablar
de él; mas, en previsión de ello, lo he dejado todo por escrito, para poder dar, por así decirlo, el primer golpe.
1 Un vasto y antiguo parque de Londres, con una superficie de unas 320 hectáreas. N del T.
CAPÍTULO DOS
Si tenía otro nombre, yo nunca lo supe, pero los lugareños lo llamaban el Loney; esa extraña tierra de nadie entre el Wyre y el Lune, donde Hanny y yo íbamos a pasar
cada Semana Santa con Mummer[2], Farther[3], el señor y la señora Belderboss, y el padre Wilfred, el sacerdote de la parroquia. Una semana de penitencia y oración en
la que éramos escuchados en confesión, visitábamos el santuario de Santa Ana, y buscábamos a Dios en la emergencia de una primavera que, una vez llegada, apenas
merecía ese nombre; nada tan vibrante y efusivo. Era más bien la humeante placenta del invierno.
Aburrido y carente de interés como podría parecer, el Loney era un lugar peligroso. Una extensión salvaje y estéril de la costa inglesa. La boca muerta de una bahía
que se llena y se vacía dos veces al día, convirtiendo Coldbarrow en una isla. Las mareas entraban más rápidamente de lo que un caballo puede correr y cada año se
ahogaban unas cuantas personas. Infortunados pescadores eran desviados de su rumbo y encallaban. Mariscadores furtivos, ignorantes del riesgo que corrían,
empujaban sus carretillas sobre la arena durante la bajamar, y eran hallados semanas más tarde con los rostros verdosos y la piel cubierta de hilachas.
A veces estas tragedias saltaban a los noticiarios, pero sobre la crueldad del Loney existía la creencia fatal de que estas almas olvidadas iban a unirse a las de los
innumerables desgraciados que, durante siglos, habían perecido allí tratando de domesticar el lugar. Restos de la antigua industria eran visibles por todas partes: diques
triturados por las tormentas hasta convertirse en terrones de grava, y embarcaderos de madera reducidos a negruzcos puntales podridos sobresaliendo en el lodo. Y
podían verse otras estructuras, aún más misteriosas: restos de toscas cabañas donde una vez se eviscerasen caballas para los mercados del interior, fanales oxidados, el
muñón de un faro de madera sobre el promontorio, que había guiado a los marineros y los pastores a través del caprichoso cambio de las arenas.
Pero era imposible conocer realmente el Loney. Éste cambiaba con cada creciente y reflujo del mar, y las mareas muertas descubrían los esqueletos de quienes
creyeron saber lo suficiente del lugar como para burlar sus insidiosas corrientes. Se hallaban restos de animales y de personas, y de ambos a la vez: un pastor y su
rebaño atrapados y ahogados en el antiguo paso del Cumbria, por ejemplo. Desde aquel día, durante un siglo o más, el Loney había estado empujando sus huesos de
vuelta hacia la tierra, como si pretendiera demostrar algo.
Nadie que conociese el lugar se acercó nunca al agua. Nadie a excepción de nosotros y Billy Tapper.

Título: The Loney (El Retiro)
Autores: Andrew Michael Hurley
Formatos: PDF
Etiquetas: Suspense, Terror, Thriller
Orden de autor: Hurley, Andrew Michael
Orden de título: The Loney (El Retiro)
Fecha: 11 sep 2016
uuid: 87d9c039-d1fa-452e-8837-88606fb80e4a
id: 373
Modificado: 11 sep 2016
Tamaño: 1.04MB

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