---------------

Libro PDF Todo por la familia Sophie Saint Rose

Todo por la familia  Sophie Saint Rose

Descargar Libro PDF Todo por la familia Sophie Saint Rose


Capítulo 2
Pasó horas con su madre sin que nadie las interrumpiera, recordando los buenos momentos. Los malos momentos, ni se les pasaron por la cabeza.
Cuando salió de su habitación porque se había dormido, fue hasta la suya y se duchó, dejando que el agua fría le limpiara el resto de las lágrimas que había
derramado, mientras la furia la recorría de arriba abajo.
Se puso unas medias negras y el vestido negro que Clara le había colocado sobre la cama. Era de manga tres cuartos y entallado hasta la cintura. No lo tenía antes,
así que supuso que se lo había comprado para la ocasión. Al abrir el armario, vio otros dos vestidos negros para los siguientes días y apretó los labios cerrando la puerta
de golpe. Después de hacerse un moño francés, se maquilló discretamente para ocultar sus ojos hinchados.
Se puso los zapatos de tacón de piel negra y tomó aire antes de encaminarse hacia la puerta.
En el salón había varias personas y Big levantó la vista en cuanto apareció, asintiendo como si aprobara su apariencia. Sentada en el sofá estaba Gloria Vidal
llorando, con un pañuelo de papel limpiándose la nariz. Debía reconocer que para los cincuenta años que tenía, estaba muy bien con su cabello rubio cortado a los
hombros, sin un pelo fuera de su sitio y tenía una figura perfecta después de haber tenido cuatro hijos. Amigos suyos, por cierto. Cuando llegó abajo, la miró con terror
en sus ojos verdes, pero ella la ignoró cogiendo un vaso de zumo de manzana que le tendía Clara y sentándose en el sofá frente a ella.
— Tienes la comida preparada.
—Gracias, pero ahora no me apetece. Quizás más tarde. —hizo un gesto con la mano y varios de sus chicos desaparecieron en el acto, excepto Big, que estaba de
pie al lado del sofá de Gloria.
—Laura, lo siento. — dijo la mujer congestionada de miedo — Yo…
Ella bebió tranquilamente su zumo mirándola fijamente y ella se estremeció. Cuando lo terminó, se lo tendió a Clara, que lo cogió de inmediato— ¿Quieres más?
—No, gracias.
Clara desapareció del salón y ella miró a la amante de su padre— ¿Desde cuándo? — el tono suave de su voz tranquilizó a la mujer, que apretó las manos mirando
a Big—¿Desde cuándo te acostabas con mi padre?
Gloria se sonrojó— Año y algo.
Claro, por eso la había enviado a las Vegas — ¿Por qué tú?
—No lo sé. — se echó a llorar— No sé qué pasó. Yo le quería, te lo juro.
—¿Lo sabe tu marido?
—¡No! — exclamó horrorizada— Me mataría si…
Los ojos de Laura brillaron y Gloria tembló. Laura se levantó del sofá y se acercó a ella, que se puso a temblar con evidencia— ¿Qué pasó ese día, Gloria?
—Fuimos a comer a un restaurante cerca del centro comercial y aparcó allí. Yo estaba entrando en el coche para irnos, cuando le oí caer sobre el capó del coche. No
escuché ni el disparo. — las lágrimas caían sin control por sus mejillas— Ni siquiera vi a nadie cuando me acerqué a él. Vi la sangre y…
—¿Qué hiciste?
—Me asusté, Laura.
—¿Qué hiciste? — le gritó sobresaltándola.
—Me fui corriendo.
Laura la miró asqueada— Le dejaste morir.
—¡Estaba muerto! — gritó histérica— ¡No podía hacer nada por él!
—Eso no lo sabes. — dijo entre dientes dándole la espalda porque la asqueaba lo que veía. Tomó aire intentando calmarse— ¿Big?
—¿Sí, Laura?
—¿Estaba muerto?
—Sí. Murió en el acto. Eso dice la autopsia.
Se volvió a mirar a Gloria que parecía más tranquila — No puedo entender cómo has podido traicionar a mi madre de esta manera. — Gloria se sonrojó e iba a decir
algo, pero la interrumpió— No estamos hablando de la traición de mi padre, sino de la tuya y lo vas a pagar. Nadie traiciona a los Sorento sin arrepentirse. — Gloria
pálida como una sábana, parecía que se iba a desmayar — ¿Big?
—¿Sí, Laura?
La miró fríamente a los ojos mientras decía— Córtale una mano.
Gloria se desmayó en el acto cayendo de lado en el sofá y Laura hizo una mueca. Miró a Big que puso los ojos en blanco diciendo— No es muy dura ¿verdad?
—Si le dijera a mi madre lo que ha hecho, haría que la despellejaran viva. Debería estar agradecida. — Laura se volvió molesta— Mejor que le partan las piernas. Y
recuérdale que como le diga algo a mi madre, la mato.
Big asintió cogiendo a la mujer de un brazo para tirar de ella— ¿Dónde está mi padre?
Su amigo dejó caer a Gloria sobre el sofá para mirarla a los ojos— En el anatómico forense. Le trasladarán en una hora.
—¿Dónde será el velatorio?
—En el Mick´s. Ya está todo preparado.
Sonrió al pensar en el bar de Brooklyn donde siempre se reunían los chicos. Ella había jugado por allí de pequeña infinidad de veces— Bien. Es perfecto.
—El funeral será mañana a las cinco.
Se volvió llevándose una mano a la garganta intentando retener las lágrimas y Big se acercó poniendo una mano en su hombro— Tienes que ser fuerte. Todos
dependen de ti.
—Sí. — susurró intentando recuperar la respiración.
—Estás preparada. Él te ha enseñado bien.
Asintió enderezando la espalda— ¿Dónde está Lorenzo?
—No le he visto desde que he llegado. Pensaba que estaba en la habitación.
Clara entró en ese momento con una bandeja en la mano— Vas a comer algo, niña.
—¿Lorenzo?
—Ha salido. No sé dónde está. —apretó los labios viendo como Clara dejaba la bandeja de plata sobre la mesa del comedor—Necesitas comer para lo que te
espera, mi niña. — pasó al lado de Gloria y la cogió por el brazo levantándola, para abofetearla con fuerza haciendo que cayera otra vez sobre el sofá. Laura levantó una
ceja y Clara siseó— Putana.
Big reteniendo la risa, cogió a Gloria como si fuera una muñeca por dejado de los brazos, mientras Laura se sentaba ante la bandeja. Levantó la tapa para ver unos
raviolis con queso parmesano. Su plato preferido.
—Come, mi niña. Tienes mucho que poner en orden. — dijo Clara acercándose a ella y colocando la servilleta en su regazo—Necesitas reponer fuerzas.
En cuanto Big salió de la casa, varias personas entraron en el salón. Cuando vio a Charlie abrir la puerta de nuevo dejando pasar a alguien, levantó la vista distraída
de la comida para ver como los Carisi entraban en su casa. Lentamente dejó el tenedor que iba a meter en la boca sobre el plato, tensándose al mirar los ojos marrones de
Roberto, que iba acompañado de su tío Fabricio y se acercaba a ella con un impecable traje negro.
— Laura, te acompaño en el sentimiento. — dijo Roberto cogiendo su mano y besándosela, provocando que su vello se erizara. Rabiosa porque la seguían
alterando a pesar de los años, apartó la mano.
El tío de Roberto se acercó haciendo lo mismo, pero ella no despegaba la vista de Roberto, que estaba tan tenso como ella.
—¿Qué haces aquí Roberto? —preguntó suavemente.
—No me oculto. Mi familia no ha hecho nada y vengo a dar la cara.
—Si no has hecho nada… eso te honra.
Roberto apretó los labios— Lo que ocurrió entre nosotros, enturbió bastante las relaciones entre nuestras familias, pero eso no significa que…
—¿Qué queráis el control? — preguntó irónica— ¿Acaso no era lo que queríais con nuestro casamiento?
—¡Por Dios Laura, eso fue hace seis años!
—Lo recuerdo muy bien.
—¡No quiero iniciar una guerra!
—¿Quién está hablando de guerra? — se levantó de la silla y les rodeó hasta darles la espalda, mirando por el enorme ventanal. Ahora llovía a raudales y pensó que
era el tiempo apropiado a su estado de ánimo— Yo no quiero guerra. —se volvió lentamente para mirarle a los ojos— Yo quiero venganza.
Él se pasó la mano por su pelo negro, demostrando que estaba más alterado de lo que aparentaba. Para otro sería un gesto de frustración, pero Laura lo conocía
muy bien. Al fin y al cabo, era su marido. Aunque su matrimonio sólo durara cinco horas.
Disimulando miró a Fabricio, que estaba realmente incómodo. No le extrañaba, ahora era ella la que mandaba y sabían que los odiaba. Su familia podía eliminar a los
Carisi sin inmutarse, pues era un clan de menor rango, aunque tenían amigos muy poderosos, gracias a las buenas relaciones que Roberto fomentaba. Como había hecho
con su matrimonio.
Roberto la miró fijamente y vio el dolor en sus ojos— Lo siento de verdad. Yo quería a Carlo como a un padre, pero igual deberías mirar en el centro de tu propia
familia.—
¡Roberto! ¡No es el momento! — dijo el tío escandalizado. Era de la vieja escuela y respetaba las tradiciones a rajatabla. A Laura siempre le había caído bien y
sólo él fue sincero con ella, aquel fatídico día que descubrió la verdad. Había querido consolarla, cosa que no pasó. No encontraría nunca el consuelo por esa situación.
Clara apareció por la puerta de la cocina y jadeó indignada al verles— ¿Qué hacéis vosotros aquí? ¡No tenéis vergüenza!
Roberto miró a Clara apretando las mandíbulas— Estoy hablando con mi esposa.
—¡Ella no es tu esposa! — gritó furiosa— ¡Te abandonó el día de la boda, por perro traidor!
Laura palideció al escucharla y dijo suavemente— Sacarlos de aquí.
Roberto la fulminó con la mirada— ¡Llevo seis años esperando una maldita explicación! ¡Y tu padre lleva ese tiempo amenazándome para que no me acercara a ti!
— le gritó furioso— Pero esto se ha acabado.
Los chicos se acercaron a ellos, mirándolos como si quisieran borrarlos de la faz de la tierra y uno de ellos cogió a Roberto del brazo, al que apartó de un empujón
— Ni se os ocurra tocarnos.
Laura levantó una mano pidiendo calma y miró a su marido, que se acercó a ella fuera de sí— No pienso consentir que por una zorra caprichosa, mi familia esté en
peligro. Siempre consigues lo que quieres, pero esto no lo vas a lograr. Pediremos ayuda si es necesario y será la guerra.
Ella le miró con sus ojos grises sin perder la calma— Dejarnos solos.
—Pero, Laura… — protestó Clara asombrada —No podemos…
—¡Dejarnos solos!
Retándose con la mirada, ni se fijaron si todos habían salido del salón. Roberto bajó la mirada hasta sus labios y ella los apretó con rabia porque la excitará su
cercanía. Para disimular dijo— ¿Quieres sentarte, por favor?
Roberto sonrió irónico— Siempre tan fría como el hielo. No pareces destrozada por la muerte de tu padre, aunque sé que le amabas con locura.
—Cierto. Era la persona que más quería en el mundo. — dijo dando la espalda a su marido y sentándose en uno de los mullidos sillones blancos. Con la mano le
indicó el sofá de enfrente y él se abrió la chaqueta antes de sentarse apoyando los codos en las rodillas. Hace años ese gesto le encantaba de él. Le parecía muy
masculino. Desvió la mirada a sus propias manos, que no se daba cuenta que estrujaba, dejando sus dedos blancos. Las separó ligeramente— Al parecer tenía que haber
hablado contigo hace mucho tiempo, pero realmente me parecía que te daba igual, así que no lo hice. — levantó la vista mirando sus ojos que brillaban de rabia.
—¿Cómo me va a dar igual que mi esposa me abandone cinco horas después de decir sí quiero?
Ella sonrió — ¿Te avergoncé?
—¡Me dejaste en ridículo! — gritó levantándose — ¡Tu familia abandonó la celebración sin una palabra y no he recibido explicaciones en seis malditos años! —le
pareció graciosa esa actitud, cuando debía saber lo que había hecho. Al menos ella creía que lo sabía— ¿De qué coño te ríes?
—De ti. — dijo sin cortarse levantándose del sofá. Fue hasta las bebidas y cogió un vaso de agua porque tenía la garganta seca. Se volvió bebiendo y le dio un
vuelco el corazón cuando se dio cuenta que le estaba mirando el trasero. Seguía atrayéndole. Dejó el vaso lentamente, mirando distraída la mancha que Clara no había
podido quitar de la madera pulida— El día de nuestra boda estaba pletórica. — distraída acarició la marca que había dejado su padre con un nudo en la garganta,
recordando lo furiosa que se había puesto su madre por estropear esa antigüedad— Te amaba tanto y al fin eras mi marido. — escuchó que a Roberto se le habían
cortado el aliento, pero ella no le miró— Llevaba seis meses organizando la boda perfecta y estaba vestida con un maravilloso vestido que había imaginado mil veces
para casarme contigo. Incluso te había organizado una sorpresa. — se volvió hacia él que tenía el ceño fruncido— Te había comprado un Lamborghini que sabía que te
gustaba. — hizo una mueca— Era gris, con los asientos de cuero beige. Precioso. —Roberto la miraba como si no la hubiera visto nunca y Laura sonrió irónica
volviendo al sofá y enfrentándolo mirándolo a los ojos— Imagínate mi sorpresa cuando voy a buscarte para darte tu regalo y no te encuentro en la fiesta. —Roberto
palideció al escucharla— Big me dijo que debías estar en la sala privada, con los hombres fumando un puro y fui hasta allí. Estabas con tu padre y con tu tío sentado en
el sofá. Tu padre te felicitaba por la pieza que habías cazado. “Ahora serás la cabeza de las dos familias, hijo. Felicidades” Tú sonreíste bebiendo de tu copa de coñac y
yo por supuesto me detuve en la puerta “Es la esposa perfecta para mí, aunque tiene carácter y piensa que lo puede conseguir todo, pero ya le abriré los ojos” dijiste
tú.
“Las esposas son para beneficiar a la familia y las amantes para disfrutar de la vida” “¿Tienes amante, Roberto? Si no tienes, búscate una para tener una vida
plena”—Roberto iba a decir algo, pero ella levantó la mano interrumpiéndolo— ¿No fue eso lo que dijo tu padre? Creo que fueron sus palabras exactas.
—¡No fueron mis palabras!
—¡No! — dijo levantándose furiosa— Tus palabras fueron. “Tranquilo padre, mi amante me satisface plenamente”
Roberto apretó los labios y se levantó lentamente— ¿Me estás diciendo que me dejaste porque creías que tenía una amante?
Laura le miró con desprecio— Me das asco. ¡Me utilizaste haciendo parecer a todos que me querías, cuando en realidad querías esto! — gritó señalando a su
alrededor con sus brazos.
—¡Responde a la maldita pregunta! — le gritó furioso acercándose a ella.
La puerta se abrió de inmediato y Charlie llevó su mano al interior de la chaqueta— ¡Largo de aquí! — gritó Roberto furioso.
Laura asintió y Charlie desconfiando cerró la puerta lentamente mientras se miraban como si quisieran matarse— Te juro que si no acabara de morir tu padre, te
pegaría una paliza de muerte. — dijo él entre dientes. La cogió por el brazo acercándola — ¡Hablaba de ti! — le gritó a la cara—¡Pero no podía decirle a mi padre que tú
eras mi amante!
—Yo era tu novia, no tu amante. —respondió intentando soltarse.
—¡No eras mi esposa todavía! ¿Crees que si hubiera tenido una amante, tu padre no te lo habría dicho?
—¡No! — le gritó a la cara convencida después de haberse enterado de su relación con Gloria.
—¡Me hubiera cortado las pelotas y me hubiera obligado a tragármelas! — Laura palideció al escucharle— ¡Cualquier cosa que te hubiera dañado, aunque fuera de
refilón, la eliminaría en el acto! ¿Qué le dijiste a tu padre para irte de esa manera? — sintió que la bilis subía por su garganta por lo que estaba diciendo. Acaso había
metido la pata el día de su boda— ¿Qué le dijiste?
—Que no te quería. Que lo había pensado y que no eras para mí. Que no quería verte más.
Roberto dio un paso atrás soltándola y dejó caer su mano —Al parecer eso es lo que pasó, porque cualquier otra esposa hubiera hablado con su marido de lo que
acababa de oír para aclarar las cosas. — dijo fríamente haciéndola sentir muy mal. Parecía que todo su mundo se estaba tambaleando y ella no podía hacer nada. Su
marido la miró con desprecio y le dijo— Ahora que hemos aclarado el asunto y que tu padre ya no se interpone retrasando el divorcio, creo que lo mejor es que firmes
los papeles de una maldita vez.
—¿Qué mi padre ha hecho qué? ¡Has sido tú el que no se ponía de acuerdo!
Roberto parecía que quería matarla y Laura entrecerró los ojos sin dejarse intimidar —Mis abogados se pondrán de acuerdo con los tuyos. — dijo entre dientes —
Mi novia ya ha esperado bastante.
Esas palabras sí que la dejaron en shock. ¡Se iba a casar! Laura le miró con odio— Firmaré los papeles, pero ahora tengo que enterrar a mi padre, si no te importa.
—Roberto palideció recordando por qué estaba allí— Y ya que hablamos del asunto ¿me puedes explicar por qué amenazaste a mi padre?
—¡Por tu culpa! — le gritó a la cara —No quería decirme dónde estabas. ¡Llevo seis años queriendo encontrarte!
—¿Y tuviste que amenazarle?
—¡Es que después que le dieran una paliza al último detective que te estaba buscando, perdí la maldita paciencia! ¡Seis malditos años!
No entendía por qué su padre había impedido que firmarán los papeles, pero eso ya daba igual. Todo le daba igual —¿Qué le dijiste?
—Que le pegaría un tiro como no aparecieras. — dijo su madre desde lo alto de la escalera, vestida de riguroso negro con un traje de chaqueta.
Roberto levantó la vista y apretó los labios al ver la cara congestionada por el dolor de su madre— María, te acompaño en el sentimiento.
—No tienes vergüenza. — dijo bajando la escalera como una reina— Presentarte en mi casa pidiendo explicaciones a mi hija, que acaba de perder a su padre. —
lentamente se acercó a Roberto que se tensó con evidencia y le miró con sus ojos negros— No puedo creer el hombre que estoy viendo. Eres una vergüenza para tu
familia. Si hubieras sido un hombre, habrías respetado su dolor hasta después del funeral. —miró a su hija y apretó los labios al ver cómo contenía las lágrimas— Laura,
trae los papeles que están en el primer cajón del escritorio.
Sin rechistar fue hasta el despacho de su padre y a toda prisa, porque no quería dejar sola a su madre con Roberto, cogió los documentos que había en el primer
cajón. Se mordió el labio inferior al ver que eran los papeles del acuerdo de divorcio. Tomando aire cogió un bolígrafo y salió con ellos en la mano. Su madre miraba a
Roberto con desprecio, mientras su marido parecía a punto de decir algo.
—Ahora, para aclarar el asunto, debo decir que mi Carlo siempre tuvo la esperanza de que algún día volvierais a estar juntos. — dijo su madre rota de dolor—
Esperaba que el tiempo pusiera las cosas en su sitio.
—Si su hija no hubiera huido sin ninguna explicación, esto se hubiera aclarado hace mucho tiempo. ¡No tenían ningún derecho a ocultarme a mi mujer!
—¡No le hables así a mi madre! — furiosa puso los papeles sobre la mesa y sin saber lo que firmaba, lo hizo a toda prisa mientras su mano temblaba con evidencia.
Roberto dio un paso hacia ella frunciendo el ceño—¿Estás bien?
Laura le tiró los papeles a la cara—Ahora desaparece de mi vista antes que pierda la paciencia y diga algo de lo que pueda arrepentirme.
Él entrecerró los ojos agachándose y cogiendo los papeles del suelo —Desapareceré de tu vista inmediatamente, princesa de hielo.
Su madre le dio un bofetón que le volvió la cara y Roberto apretó los labios— El día que te dejó, debí darme cuenta del hombre que eres, cuando hablaste de ella
como lo hiciste delante de todos, en lugar de preocuparte por lo que había pasado. — Laura se tensó porque eso no lo sabía— La próxima vez que oiga de tus labios un
insulto más hacia mi hija, haré que te maten. Y mi amenaza sí va en serio.
Roberto sonrió irónico y se volvió hacia Laura que ya no podía disimular su disgusto y estaba pálida como la muerte. Al ver sus ojos perdió la sonrisa— Laura…
—Vete. No quiero verte nunca más, ¿me oyes?
—Eso no va a poder ser, porque después del funeral, las familias nos reuniremos. — dijo muy tenso—Y pienso ir al funeral representando a la familia. — dio un
paso hacia ella cuando la vio sostenerse en el respaldo del sillón de su padre, pero se detuvo al reparar en su mirada de odio— Puede que no me creáis, porque con su
muerte has vuelto a aparecer y he conseguido lo que quería, pero yo apreciaba mucho a tu padre. Siento su muerte muchísimo y si necesitáis ayuda …
—De los Carisi no necesitamos nada. — dijo con desprecio.
Roberto apretó el puño por el insulto y sin despedirse fue hacia la puerta, pero antes de llegar Laura le dijo— Me has contado tus mentiras sobre lo que ocurrió
ese día. — Roberto se volvió mirándola sobre su hombro— Pregúntale a tu tío qué ocurrió. Puede que te abra los ojos.
—¿Qué quieres decir? — dijo entre dientes.
—Pregúntale qué ocurrió esa noche. Pregúntale quién me llevó al aeropuerto.
Roberto la miró sorprendido— ¡Estás mintiendo!
Laura negó con la cabeza y como si ya no le importara esa conversación, volvió a la mesa del salón para recoger el plato de comida que se había quedado frío,
cuando escuchó el portazo al salir.
Al levantar la vista, vio a su madre mirándola con lágrimas en los ojos —Dios mío, hija.
—¿Lo has escuchado todo?
Su madre asintió acercándose y quitándole el plato de sus manos. La abrazó con fuerza— Mi amor, si es verdad lo que dice, te has torturado durante seis años por
una equivocación.
—Es mentira. — se apartó de su madre y sin poder mirarla, se volvió hacia la ventana — No hablaba de mí.
— ¿Cómo lo sabes?
— ¿Crees que me iba a quedar con los brazos cruzados mientras mi novio me la
pegaba con otra? Ha mentido en todo y durante un momento hasta le creí.
Su madre se llevó la mano al pecho— ¿Qué hiciste?
—La encontré. Se encontró con ella tres días después de mi desaparición.
Clara abrió la puerta y sonrió— Yo fui con ella y la escuché. Esa zorra tuvo la cara de enfrentarse a ella, diciéndole lo que hacían en la cama. — su madre jadeó
tapándose la boca y Clara se echó a reír —Tenías que haberle visto la cara cuando Laura sacó el puño americano. Ya no se reía cuando le rompió cuatro dientes.
—¡Dios mío, entonces es un mentiroso de mierda! — su madre se puso furiosa — ¿Y le dejaste a él ir tan campante?
Laura la miró con dolor— Si no le amara tanto, lo hubiera matado con mis propias manos.
Clara se acercó a ella y la abrazó por los hombros— Ahora no puedes hundirte. Ya le has oído, mañana se reunirán las familias. Debes ser fuerte.
—Sí. — susurró limpiándose una lágrima de la mejilla— Ahora tengo un peso menos en el alma. Sólo tengo que descubrir quién mató a papá.
—No te precipites. Pueden ser los Carisi, que han aprovechado esto para actuar.
—No me precipitaré. Nos jugamos mucho.
La puerta se abrió y Big entró en la habitación mirándolas con el ceño fruncido— ¿Listas? Hora de ir al velatorio. El coche está abajo.
Se enderezaron recordando lo realmente importante. Darle el último adiós a su padre.
Capítulo 3
Cuando llegaron al Mick’s, a Laura no le sorprendió que el local estuviera lleno hasta los topes. Las matriarcas de todas las familias se unieron a ellas y su madre se
abrazó llorando a sus amigas, que la llevaron hasta las sillas que estaban reservadas a la familia. Su hermano estaba allí hablando con sus conocidos y ella le dirigió una
mirada mientras le daban sus condolencias sus protegidos uno por uno. Su hermano se enderezó perdiendo la sonrisa y ella volvió la vista hasta la señora Marceli, a la
que conocía desde niña— Una desgracia. — dijo la anciana llorando cogiéndole la mano— Lo siento muchísimo, niña. Todavía recuerdo cuando te llevaba a comer helado
a mi restaurante.
Ella sonrió con pena— Todos los domingos. El mejor helado de chocolate del barrio italiano.
La mujer sonrió— Siempre me he sentido segura gracias a vosotros.
—Somos familia. Si tiene algún problema sabe qué tiene que hacer.
—Lo sé. No nos abandonaríais.
—No. Eso no va a pasar.
—Cuídate mucho, niña. — dijo la anciana con cariño mirándola a los ojos— Y vete a comer un helado. Te estaré esperando.
Laura sonrió apretando su mano y la mujer asintió sabiendo que la visitaría, apartándose para dejar pasar al siguiente.
Toda la tarde estuvo recibiendo las condolencias de sus conocidos y varios cabeza de familia hicieron acto de presencia acompañando a sus esposas. Cuando llegó
Mario Calabri, Laura se levantó de la silla donde estaba sentada para recibir al anciano.
—No te levantes, niña.
—No tenías que haber venido, tío. — dijo emocionada besándole la mano al hombre que desde niña había llamado así.
Mario le acarició el cabello —Esto no se va a quedar así. — miró el féretro, que no estaba abierto por los daños que la bala había ocasionado en su padre— Palabra
de Calabri.
Laura levantó la vista sorprendida mirando al anciano, que parecía frágil, pero tenía mano de hierro— Gracias, tío.
—Sé que tus hombres están removiendo piedra sobre piedra para encontrar al culpable. Los míos están haciendo lo mismo. —Mario se acercó a su madre
ignorando a Lorenzo, al que despreciaba por su desidia, y cogió las manos de la viuda que se las besó dándole las gracias por ir, cuando no se encontraba muy bien de
salud. Después se sentó en una silla a su lado, que una de sus amigas dejó libre de inmediato, dejando claro que estaba de parte de su familia. Otros se querían mantener
neutrales, por si los rumores de que los Carisi estaban tras el asesinato eran ciertos. Si había guerra, los Calabri se pondrían de su parte por matar a su protegido.
Hubo un silencio en la puerta y Laura, que distraída miraba el ataúd de su padre, levantó la vista. Big se puso tras ella al igual que Charlie, cuando para su sorpresa,
Roberto apareció en el velatorio. Intentaba aparentar calma, pero sabía que estaba furioso por como brillaban sus ojos negros. Esa vez iba solo y sin decir una palabra,
se acercó a ella, dejándolos a todos con la boca abierta.
— ¿Qué haces aquí? — susurró mirándolo intentando no mostrar como su corazón había saltado al verlo.
Él miró a Mario e inclinó la cabeza en señal de respeto antes de volver a mirarla— Presentar mis respetos a tu padre.
Lorenzo se acercó furioso— ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te atreves…?
—¡Lorenzo! — gritó Mario acallando a todo el mundo. El anciano miró a Roberto y le indicó con la cabeza que se acercara. Él lo hizo de inmediato y se agachó a su
lado, diciéndole el anciano algo en el oído. Roberto asintió y se volvió hacia ella, que no podía ocultar su asombro por su descaro— Sal conmigo a hablar fuera. Mario no
quiere que hablemos ante todos.
—No tenemos nada de qué hablar. — dijo entre dientes furiosa— Estoy en el velatorio de mi padre. ¡Largo de aquí!
—¡Laura!
Sorprendida miró al viejo, que le indicó que se acercara con la cabeza. Apretó las mandíbulas queriendo gritar, porque sabía lo que le iba a decir — ¿Si, tío? —
preguntó al llegar a su lado.
Le indicó que se acercara y le susurró— Escucha a tu marido. Ya va siendo hora.
Él la miró a los ojos y entrecerró los suyos haciéndole sonreír— Ya no es mi marido.
Mario jadeó — ¿Qué has hecho, niña? — gritó levantándose asombrándolos a todos. Roberto se puso tras ella— ¡Te has casado por la Iglesia! ¡Yo fui tu padrino!
— el tío estaba furioso y la señaló con el dedo— ¡Y estás casada hasta que la muerte os separe!
Roberto la cogió por los hombros y tiró de ella— Lo arreglaré, tío.
—¡Más te vale muchacho, porque estoy hasta el gorro de este tema! — se volvió a sentar muy digno y Laura miró a su madre, que estaba asustada.
Laura levantó la barbilla y le dijo al anciano— No te metas donde nadie te llama, viejo entrometido.
Varios jadearon a su alrededor y Mario entrecerró los ojos, mientras Roberto tiraba de ella— No sabe lo que dice, el dolor….
De repente Mario se echó a reír a carcajadas y miró al ataúd— Que pena que no hayas visto esto, Carlo. Magnifica. Tu hija es magnífica.
Varios sonrieron y Laura entrecerró los ojos, mientras su madre suspiraba de alivio —Ahora vete hablar con tu marido, que quiero hablar con tu madre sin
interrupciones.
—Sí, tío. No ha comido.
—Pues llévatela a comer algo antes que se desmaye. — ignorándola miró a su madre— ¿Qué haremos con tus hijos?
—No sé, tío. —de pronto se echó a llorar— Mi Carlo tenía planes.
—Vamos, nena. — dijo Roberto en voz baja antes de que provocara más al viejo—Tienes que comer algo

Web del Autor

Pagina Oficial

Si no sabes descargar mira este video tutorial

[sociallocker]
[popfly]

Descargar 

Leer en online
[/popfly] [/sociallocker]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
---------