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Tú y yo que manera de quererte – Volumen 1 – Emma Green

Tú y yo que manera de quererte - Volumen 1 - Emma Green

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 1 – Emma Green

Descargar libro PDF nunca he sido posesiva, no está dentro de mi naturaleza. Excepto con él.
Ha prescrito, Alma…
No soy la única que ha notado su llegada, porque a mi alrededor los
murmullos y susurros resuenan por todas partes. Yo en mi esquina no
consigo apartar mi mirada de su impresionante silueta. Finalmente, una
voz grave y jovial hace estallar la burbuja en la que estaba atrincherada.
Joseph Wilson, nuestro jefe franco-americano, nos invita a tomar asiento
en torno a la gran mesa de Plexiglas. Como un perfecto caballero, Clarence
Miller, el responsable de distribución, mueve hacia atrás mi silla y me
dedica una sonrisa «Colgate». Tiesa como un palo, me siento sin rechistar.
– Queridos colegas y colaboradores, tengo el honor de presentarles al
fundador y Director General de King Productions: el Sr. Vadim King.
Estará con nosotros durante los próximos meses para poner en marcha la
filial de Francia, aquí en París. Les agradeceré que le ofrezcan el
recibimiento que se merece… –anuncia Wilson al tiempo que concede la
palabra a Vadim.
¡¿King?! Vadim Arcadi, era su nombre entonces…
El discurso de presentación de Wilson ha tenido su efecto. Las mujeres
pestañean en dirección a mister King, los hombres aprietan el nudo de la
corbata y los aplausos suenan sin demora. Todas las miradas se fijan en el
joven treintañero. Salido de la nada, ahora es el dirigente de un imperio de
la industria cinematográfica. ¿Cómo ha llegado hasta aquí? Lo ignoro, pero
tenía que habérmelo figurado. Además de estar dotado con un físico
imponente, Vadim es también brillante, comprometido, y posee un carisma
que hace que se mueran de envidia los más grandes de este mundo.
Pero, ¡¿por qué se ha cambiado de apellido?!
Me hice esa pregunta un número incalculable de veces durante esa reunión
en la cumbre. King Prod, sociedad de producción y de distribución en plena
expansión ha decidido recientemente lanzar una filial en territorio francés.
Por turno, el Director General y su brazo derecho se han referido a las
estrategias, objetivos y planes de acción a corto, medio y largo plazo.
Durante más de una hora, me he esforzado en ser profesional, tomar notas,
o intervenir cuando me parecía conveniente. Corrijo: cuando Vadim me
daba la espalda. No me he dirigido directamente a él en ningún momento,
demasiado impresionada por su nuevo aspecto y poco animada por la
indiferencia mostrada. Él no ha perdido la concentración, y se ha
presentado a todos sus empleados con un francés perfecto adornado con un
ligero acento que resultaba encantador. Ni una mirada, ni una sonrisa, ni
una señal que probara que no somos extraños. Una ducha fría. O una
bofetada azotadora. ¡Muy, muy lejos de mi cuento de hadas para niñas
monas!
Aparentemente, yo, Alma Lancaster, sólo soy para Vadim King – porque
ése es su nombre – un gran amor de juventud y una nueva empleada
invisible. Por mi parte, en sólo un instante mi corazón se pondría a cien.
Por él.

Tú y yo que manera de quererte – Volumen 1 – Emma Green

La sesión de tortura acaba, me levanto con dificultad de mi silla y casi
choco de frente con Sophie Adam. La peripuesta responsable de
producción, que resulta ser una amiga, se ríe dejando al descubierto mi
cara contrariada.
– ¡Tranquila, Alma, no me has roto nada! Oye, ¿sabías que era así el señor
Rey?
– ¿El señor qué? –pregunté, buscando a Vadim con la mirada.
¡No puedo dejar que se me escape!
– ¡king, el big boss! No se lo digas a nadie, pero francamente, ¡si busca una
amante, yo estoy dispuesta!
– Sophie, estás casada desde hace apenas tres meses…
– ¡Uy, es verdad, casi se me había olvidado! Me largo, ¡tengo que ver a
Clarence! –añade la bonita rubia alejándose con sus tacones de diez
centímetros.
Yo también me precipito en dirección a la salida, pero esta vez un joven
desconocido me para de golpe. El flaco moreno me tiende la mano
dirigiéndome una calurosa y franca sonrisa.
–Maximilian Finn. Alma Lancaster, la directora adjunta, ¿verdad? –me
pregunta intentando disimular su fuerte acento americano.
– Sí, encantada. ¿Y usted es…?
– El asistente personal del Sr. King. Quería conocerlos a todos. La reunión
ha sido un éxito, ¿no cree? Todos los colaboradores parecen ya muy
comprometidos. ¡King France tiene un futuro alentador!
– Sí, no hay ninguna duda. ¿Sabe usted

estaba el sedán. No puedo evitar preguntarme si Vadim estaba tan afectado
como yo en ese momento.
– Señorita Lancaster, ¡la estoy esperando! –exclamó mi superior con voz
enérgica.
Cuando Joseph Wilson le pide a alguien que haga algo, es importante que
se le obedezca inmediatamente. Pude comprobarlo en muchas ocasiones
desde que llegué a King Prod. Hace poco más de un mes, atravesé por
primera vez la gran puerta del edificio de los Campos Elíseos. Un
cazatalentos se había puesto en contacto conmigo dirigiéndome al
departamento de Recursos Humanos de King Productions. A la salida de
esa entrevista, me habían enviado al despacho de Wilson, el director de la
nueva filial francesa. Éste se había mostrado muy entusiasmado, pero no
forzosamente por motivos de trabajo. Mi CV bien adornado no parecía
importarle mucho, al menos no tanto como mi físico. Mi blusa con lazo
lavallière no desvelaba nada especial: quería parecer seria y profesional,
pero al cuarentón con aspecto de dandy le costaba apartar los ojos de mi
escote inexistente. Me había dicho las típicas frases superficiales para
hacerme cumplidos, pensando probablemente que me gustarían. Pero no,
este tipo de comportamiento suele fastidiarme, aunque teniendo en cuenta
lo que estaba en juego sonreí educadamente. Este trabajo era una
oportunidad de oro para mí, por lo que me había dejado en casa mi forma
de ser de bocazas y, debo confesarlo, algunos de mis principios. Con sólo
30 años, convertirme en la directora adjunta era absolutamente increíble.
Si consiguiera este trabajo, ¡mi carrera daría un giro considerable!
La ambición es un asunto de familia en los Lancaster. Mi padre es un
hombre de negocios sin igual, como mi hermano. Para ellos, temer el
fracaso es ya un fracaso en sí mismo. Desde muy pequeña, mis padres me
han inculcado la determinación, la voluntad, las ganas de aprender y de
cumplir con mi deber. Dejar pasar un puesto como éste, era simplemente
impensable. Una semana después de esas entrevistas, supe que había sido
contratada. Desde hacía un mes, estaba centrada en mi trabajo y quería a
cualquier precio demostrar mi valía. Mi trabajo implicaba numerosas
responsabilidades, iba a tener que aprender muchas cosas sobre la marcha,
pero eso no me asustaba. Estaba rodeada de un equipo competente,
dinámico, y ya podía contar con Sophie y Clarence, responsables de
producción y de distribución respectivamente. Se había entablado
rápidamente entre nosotros una sincera amistad: me respetaban como su
jefa pero me trataban como uno de las suyos. La única pega eran los
frecuentes bufidos de Wilson, que no iban dirigidos a mí pero que tenían el
don de enturbiar el ambiente general.
– ¿Estás segura de que era él?
– Clem, ¿crees que estaría en este estado si tuviera alguna duda? –respondo
a mi mejor amiga.
– Sí, y además, no debe haber muchos Vadim… –añade Niels, mi «novio
gay».
– Pero, ¿por qué cambiarse de apellido? –prosigue Clémentine. Y ¿cómo
llegó ahí? No quiero ser mala, pero ¡me cuesta creer que tu ex se haya
convertido en multimillonario!
– ¿Crees que fue premeditado? ¿Que ha querido encontrarte de nuevo? –
continúa Niels.
– No sé, no tengo ninguna respuesta. Todo lo que sé es que parecía tan
desconcertado como yo, estoy convencida de que no se esperaba
encontrarme aquí. Y pirándose así de esa manera, creedme, ¡me ha hecho
comprender que no tenía ninguna gana de verme otra vez!
– Puede ser… –murmura Clémentine.
– Es verdad… –reconoce Niels.
En cuanto salí del trabajo, quedé con ellos en la terraza de nuestro bar
favorito en Saint-Lazare. Niels estaba libre, y Clémentine anuló sus
proyectos en el último minuto para poder ir. Cuando oyeron el nombre de
«Vadim» al otro lado del teléfono, no tuve que insistir: mis dos cómplices
se plantaron allí de inmediato. Nada más llegar, me acosaron con preguntas
y observaciones más o menos pertinentes, y ¡me costó hacerles callar y
poder hablar yo!
Clémentine D’Aragon es una bonita pelirroja, está casada y con dos hijos, y
es mi amiga desde hace tiempo. Cuando era más joven, tenía mucha
energía, era una fuerza de la naturaleza, hasta tal punto que me costaba
seguirla. Pero hoy, los papeles se han cambiado. Eligió dedicar todo su
tiempo a sus «adorables» gemelas de tres años. A menudo se cuestiona si
hizo bien, sobre todo cuando las niñas la vuelven loca. Lo que le gusta: su
fantástico duplex en Opéra heredado de su familia podrida de pelas, su
Mini Cooper Chili Red, las verduras bio, el pinot noir, Jane Austen, los Bee
Gees y los tacones de cuña. Lo que odia: las supermamás «super-felices,
super-dotadas, super-estilosas», las personas delgadas por naturaleza, la
cerveza, a su suegra, las películas de terror, el camping y la piel de los
tomates asados.
Niels Duval, guapo rubio de cintura de avispa y con un look impecable
entró más tarde en mi vida. Trabajó conmigo durante tres años en una
pequeña empresa que producía películas independientes. Conectamos
enseguida. Siempre da buenos consejos, aunque su vida sentimental es
desastrosa, según él mismo dice. Lo mismo profesionalmente: desde hace
diez años, intenta hacerse un nombre como actor, pero la falta de
oportunidades le obliga a ir haciendo trabajitos más o menos relacionados
con el séptimo arte. A los 28 años, este eterno optimista no ha conseguido
abrirse camino, y sus dos anuncios y su aparición en una serie de la tele
son su gran orgullo. El papel de su vida: «Víctima número tres», un
fiambre en En busca de investigaciones. Le gusta: su futuro Oscar, El Dr.
House, la música clásica, Rihanna, los tíos barbudos, los cócteles con
paraguas, Skin, su gato esfinge que le costó parte de sus ahorros, Sothy, el
niño camboyano que apadrina desde hace dos años

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