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Un amor con pan de azucar – Francesca Ameglio

Un amor con pan de azucar – Francesca Ameglio

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Resumen y Sinopsis De 

¡Coño! ¡Este camino en medio de la selva está fenomenal mi hermano!
David me lanzó el comentario al iniciar el trayecto por la pasarela de madera que se extiende al margen del río que atraviesa la finca Mayana en Farallón, en la costa
noreste de Honduras, para desembocar en el Atlántico, creando un estero a un costado de la residencia de playa donde nos hospedábamos como invitados de don
Mitchell Facundes.
Ambos caminábamos sobre el puente de pino tratado con aceite y soportado por pilotes de cemento, flanqueando el costado del río desde su desembocadura, a
manera de serpiente que surcara el agua por más de 3.5 kilómetros en medio de la selva tropical espesa.
La travesía permitía apreciar una naturaleza inalterada, llena de vida y de color. El agua del río era cristalina y dejaba entrever una variedad de peces pequeños y
otros diminutos. El rumor de sus aguas y su bajo caudal propiciaban un entorno místico, que se acentuaba con los rayos del sol que rebotaban sobre su superficie,
destacando el colorido de los alrededores.
¿Sabes? Nunca antes estuve en un camino como este, suspendido sobre un trecho tan largo. Y está muy bien construido le comenté a mi acompañante.
Aquí hay un buen billete invertido, mi hermano. Esto ni en Disney World lo encuentras añadió él, con satisfacción.
Sin dudas, era la primera vez que ambos incursionábamos en un paraíso como este. Seguimos caminando.
Lo que se puede hacer con el dinero, increíble… ¿Qué te parece? me consultó, mirando el paisaje.
El que puede, puede… sentencié, valorando la inversión probable.
Una finca privada con un patio de 6000 hectáreas, modesto el propietario, ¿eh? ironizó mi amigo antes de agregar: Otro capítulo de estas monarquías al
estilo de América Latina.
Los únicos sonidos diferentes en el ambiente eran nuestras voces y el rechinar de las maderas con cada paso. Al fondo, la pasarela doblaba en ángulo recto hacia la
derecha, y en ese punto se levantaba un rústico mirador desde donde se podía apreciar el pequeño embalse natural que se formaba por el drástico giro del río. Allí
paramos por unos minutos para coger aire. Los guardaespaldas que nos acompañaban se dispersaron para ubicarse en otros puntos estratégicos. Frente a nosotros, el
fascinante verde de la selva con sus múltiples sonidos de vida y la sensación de frescura del agua nos hacían compañía.
Dime algo, J.R.: Si tuvieras la libertad, como don Facundes, de hacer lo que te viniera en ganas, ¿qué otra vaina te gustaría hacer?
En primer lugar, y contrario a lo que piensas, don Facundes no tiene libertad. El es un esclavo de su imperio. Lo tiene todo, pero no tiene paz…
Bueno, viéndolo bien, eso es cierto aceptó.
Pero, volviendo a tu pregunta, a mí me gustaría dedicarme a escribir.
David volvió a verme, tal vez sorprendido por mi respuesta. Puso un pie en uno de los barandales para apoyarse y luego habló.
Escribir… Yo pensé que me ibas a decir algo más complicado, mi hermano. Escribir no es algo imposible, ¿por qué no lo has hecho?
Repetí su movimiento: puse mi pie en el primer barandal para balancearme hacia adelante y luego me apoyé sobre el pasamano con mis codos.
Puede que tengas razón, pero entre las miles de excusas que siempre sobran y la falta de tiempo, he ido postergándolo, te soy franco.
Pero, por lo menos te habrás sentado a tratar de hacerlo, ¿o no?
He tratado muchas veces, te soy sincero, pero creo que me ha hecho falta una historia que contar, que me inspire de verdad.
Fue perceptible el entusiasmo en su semblante. Sabía que pensaba en algo. Me iba a salir con alguna idea, eso era seguro.
Mira, viejo, te propongo lo siguiente…
Cuéntame lo animé, al verlo estancado en la pausa.
Escucha: ahora que regresamos a la residencia, aprovechamos el brunch y, luego, con un buen par de cervecitas te cuento un par de locuras que han pasado en mi
vida y así vemos si te sirvo de material de referencia, ¿cómo lo ves? propuso.
Tranquilo, David, no tienes que ponerte en esto. No te preocupes…
Te hablo en serio, J.R. He pasado por cosas que son dignas para ponerlas en papel, créeme.
Bueno, nunca está demás escuchar las vivencias de otros. Lo que no quiero es incomodarte y que ahora tengas que recitarme tu vida, ni menos someterte a un
interrogatorio.
Vamos, J.R. Para mí sería un honor y una terapia.
Me animó su propuesta, y se lo hice saber.
Quizás tengas razón. Soy todo oídos para lo que quieras contarme le aseguré, con sinceridad.
Antes de la noche anterior, David Tibaldero era un desconocido para mí, y ahora ya éramos tan buenos amigos como si hubiésemos compartido vivencias desde la
infancia. Lo más probable es que él encajara en el papel del hermano mayor que nunca tuve. Su aspecto físico era el de un latino con descendencia europea clara, como
la de aquellos que circundan en los tantos países alrededor del Mediterráneo, luego me enteraría de que su familia proviene de Italia y España. Resaltaban en su
rostro facciones finas, con marcados detalles masculinos, que en conjunto le daban un porte varonil y elegancia a su semblante; de tez trigueña, con 1.70 metros de
estatura en mi mejor estimación; y otra víctima insalvable de la lenta, pero tenaz calvicie que se apropia de los cabellos de muchos. Los pocos que le quedaban a él eran
castaños. Sus entradas eran notorias, pero de seguro trabajaban a su favor, ya que era evidente como pude notar en los momentos sociales que compartimos que
los ojos del sexo opuesto le buscaban con facilidad.
Fue por mi viaje de trabajo a Tegucigalpa que coincidimos, en virtud de nuestra mutua relación con Mitchell Facundes, notable terrateniente hondureño, de
ascendencia palestina, de creencia maronita, dueño de un imperio colosal; en parte, hecho a pulmón, supuestamente, según los que le temen o lo vanaglorian; y en parte
hecho a la fuerza, entre los matices de lo ilegal, lo inmoral y el usufructo de un poder absoluto, como afirman aquellos que practican el ejercicio de promover la verdad.
David se reunía con Facundes por razones más bien ligadas a lo familiar. Luego sabría que su padrastro ya fallecido, Jack Elliot, fue por largos años uno de los
mejores amigos del terrateniente, debido a intereses comunes en la industria aeronáutica. Como David también viajaba a Honduras por razones de trabajo, aprovechó la
visita para contactar a quien, según me comentó, no conocía en persona

Título: Un Amor Con Pan de Azúcar (Spanish Edition)
Autores: Unknown
Formatos: PDF
Orden de autor: Unknown
Orden de título: Amor Con Pan de Azúcar (Spanish Edition), Un
Fecha: 27 ago 2016
uuid: 80472bc1-3e1a-40ff-a680-dcefa5587a0b
id: 182
Modificado: 27 ago 2016
Tamaño: 1.41MB

Novela kindle  Comprimido: no

kindle Formato – Contenido – tipo : True 

Temáticas: Novela romántica, Comedia romántica , romance

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