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Vestal – Alberto Palomo

Vestal – Alberto Palomo

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Caminaba por aquellos oscuros y
ruinosos pasillos, mientras recordaba
todo lo que había pasado apenas 5 años
antes, ahora, Vestal el planeta del que
había sido rey estaba casi destruido, tan
solo quedaban 1 millón de habitantes, la
mayor parte, habían muerto o se habían
mudado a Exeon o la Tierra, en Exeon
era rey ahora Daniel mi hijo.
Por más que andaba no hacía más
que recordar todo lo que había pasado.
Desde hacía años Vestales y Humanos
vivíamos completamente separados,
algunos unidos por telefonía satélite
pero los demás no conocían más que a
los de su planeta, pero la historia iba a
cambiar cuando un suceso algo extraño
hiciera que todos se unieran con un fin.
****
Corría apresurado por las calles de
la grandiosa y enigmática Ciudad Norte
de Vestal, de repente vi el edificio que
tanto ansiaba encontrar, los laboratorios
Vextran, entre y subí al ascensor, pulse
el botón del nivel 120, el ascensor
empezó a ascender rápidamente, una vez
hubo llegado a la planta seleccionada se
paró repentinamente y se abrieron las
puertas, baje allí no había nadie más que
una persona Aitor mi mano derecha y
más fiel amigo, el jefazo de los
laboratorios en los que ahora me
encontraba, me comento que la situación
no iba del todo bien y que nos teníamos
que ir rápidamente. Accionó un botón
que tenía cerca y una escalera de
caracol surgió delante de nosotros,
ascendiendo hasta el techo, me indico
que subiera y así lo hice; delante iba él.
Una vez hubimos llegado a la azotea
pude contemplar, delante de mí, como
una enorme nave de color rojo escarlata
se alzaba majestuosa delante de mí. Era
del tamaño de un edificio, a lo alto y a
lo largo, más incluso de lo que había
podido imaginar. Mientras lo
contemplaba, una pequeña puerta se
abrió en el lateral de la nave y
rápidamente entramos, por dentro era de
color azul celeste y llena de botones y
bombillas por todos lados; mientras
contemplaba con detenimiento el
interior, Aitor me dijo que me diera
prisa, y me conto por que había que
correr; al parecer su compañero de
laboratorio, al enterarse de los
propósitos de Aitor salió corriendo a
llamar a la guardia pensando que me iba
a secuestrar. Aitor se situó rápido en la
sala de mando mientras me indicaba
donde debía estar yo para no molestarle
el accionaba botones y localizaba
nuestro destino para zarpar cuanto antes,
yo busqué el lugar que me había
indicado y una vez lo encontré decidí
tumbarme a descansar, el camino que
teníamos en marcha seria largo.
No había cerrado los ojos, cuando
empecé a escuchar como fuera gritaban
histéricos a Aitor que me dejara libre
creyendo que me había secuestrado. Me
levanté inmediatamente de la cama y
corrí hacia una de las ventanas en la
azotea, se veía a un grupo de gente
gritando y tirando todo lo que cogían,
me dirigí a la sala de mandos y le dije a
Aitor que saliéramos de ahí cuanto
antes. Aitor acciono los motores y
empezamos a ascender rápidamente.
****
Llegue a la azotea de aquel
grandioso edifico de 120 plantas y a lo
lejos pude ver como una gran nave de
color rojo escarlata se alejaba más y
más, entonces un hombre se acercó a mí
y se presentó como el coronel Seinfeld,
me dijo que estuviera tranquila y que
pronto salvarían a mi marido de su
secuestro, me acompaño a la salida y
una vez allí se despidió de mi mientras
que subía a la limusina.

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Tras unos minutos llegue a la
mansión real en la que vivíamos Silvio y
yo con sus hijos, entre y subí a la
habitación, una vez hube llegado abrí el
armario y aparte todo lo que tenía
colgado de perchas, al fondo se
apreciaba una especie de puerta redonda
y al lado un pequeño botón inapreciable,
lo pulse y la pequeña puerta se abrió de
un lado a otro, dejando ver en su interior
un pequeño espacio ocupado tan solo
por una pistola negra y su cargador
debajo, la cogí metí el cargador y la
oculte en la almohada de la cama,
después mire dentro de donde estaba la
pistola debajo había un pequeño hueco
con algunas cajas de balas, saque cinco
balas y las coloque en el cargador,
después lo volví a ocultar todo y me
acosté.
No había dormido ni dos horas
cuando ya había amanecido. Me levante,
saque la ropa y me fui a duchar, una vez
estuve limpia, aseada y vestida, baje al
comedor allí estaban ya desayunando
mis hijastros, uno a cada lado de la
mesa, indique al servicio que iba a
desayunar en el despacho y les pedí que
me prepararan unos huevos fritos con
beicon y un zumo recién exprimido.
Después me fui al despacho de mi
marido y me senté en su silla, mientras
esperaba el desayuno. Después de un
rato de espera llego el desayuno, me lo
tome despacio pensando en todo lo que
había pasado en apenas unas horas.
Sonó el teléfono, era un numero privado,
asique decidí cogerlo por si eran de la
guardia, pero no era así, al descolgar un
joven se identificó como Sebastián y me
dijo que tenía información del secuestro
de mi marido y que si quería saberla me
dirigiera a los laboratorios Vextran,
concretamente a la planta 119, y que una
vez allí lo sabría todo, me quede un rato
pensándolo detenidamente y tras un
largo rato decidí que lo mejor era que
fuera y me enterase de lo que estaba
pasando realmente. Subí a mi
habitación, cogí el abrigo me
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